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No firmaré el divorcio: mi esposo puede leer mi mente

No firmaré el divorcio: mi esposo puede leer mi mente

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Telepatía / Completas
Popularitas:158.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Vivi

Sofía Reyes despertó dentro de una novela donde su destino ya estaba escrito.
Era la hermana odiada, la esposa no deseada, la villana descartable que todos iban a culpar. Según la historia original, debía casarse con Leonardo Montero, ser abandonada por él y morir sola después del divorcio.
Pero nadie esperaba un error en el destino.
Leonardo podía escuchar todo lo que ella pensaba.
Sofía solo quería sobrevivir, vengarse de su familia y escapar antes de que el final la alcanzara.
Pero el esposo frío que debía despreciarla empezó a protegerla.
Y cuando ella por fin quiso irse, Leonardo rompió el guion con una sola frase:
—No firmaré el divorcio.
Ahora Sofía tendrá que enfrentarse a una hermana hipócrita, una familia cruel y un destino decidido a destruirla.
Porque si la novela la escribió como villana, ella va a reescribirla como protagonista.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14

El beso de la foto

A tu hermana le cambiaron el alma.

Sofía durmió tres horas y despertó con cuarenta y siete mensajes sin leer.

La alta sociedad de la Ciudad tenía una eficiencia admirable cuando se trataba de destruir reputaciones ajenas.

Lirio Entertainment amaneció en todos los grupos privados: capturas, audios, nombres de clientes, rumores de contratos, listas falsas, listas verdaderas y una foto borrosa de Valentina entrando al edificio de la empresa seis meses atrás.

Sofía leyó todo mientras desayunaba pan dulce en el penthouse de Leonardo.

[Qué belleza. El chisme como herramienta de justicia restaurativa. Rodrigo, cuando no intentas seducir esposas ajenas, sirves para algo.]

Leonardo, sentado frente a ella, dobló el periódico con demasiada calma.

—No le des tantos créditos.

Sofía levantó la vista.

—¿Dije algo?

—Tu cara.

—Mi cara desayuna en paz.

El teléfono de Leonardo vibró.

Era una llamada de don Alejandro Carranza.

Leonardo puso el altavoz.

—Montero —dijo la voz del patriarca—. Mi hijo hará una declaración.

Sofía dejó el pan.

Cinco minutos después, Joaquín apareció en un video breve, traje oscuro, ojeras discretas y un piano cerrado detrás.

—Lirio Entertainment usó contactos de mi círculo social sin la supervisión adecuada —dijo—. Asumo la responsabilidad por cualquier intervención que haya llevado mi nombre. Les pido que no ataquen a la señorita Valentina Reyes. Cualquier reclamo, háganmelo a mí.

Sofía miró la pantalla.

[Ay, Joaco. ¿No te cansas de cargar bolsas ajenas hacia tu propio precipicio? Te dijeron preso y muerto, y tú todavía pidiendo turno.]

Leonardo no comentó.

Pero sus ojos bajaron un segundo.

No era compasión.

Era cálculo con una sombra incómoda.

Don Alejandro volvió a hablar en la llamada.

—Grupo Carranza añadirá otro diez por ciento de concesión en la operación pendiente.

Leonardo golpeó la mesa con un dedo, una sola vez.

—Quince.

—No abuses.

—Tu hijo acaba de asumir culpa pública por una empresa de explotación vinculada a la familia Reyes. Yo podría no negociar.

Silencio.

Sofía tomó café.

—Diez está bien —dijo.

Leonardo la miró.

—¿Perdón?

—Si lo exprimes demasiado, Carranza se desespera y muerde. Déjalo respirar. Hoy nos conviene que Joaco siga sintiendo que salvar a Valentina cuesta, no que ya no tiene nada que perder.

Don Alejandro escuchó todo.

—Tu esposa tiene más sentido común que muchos directores.

—Lo sé —dijo Leonardo.

Sofía casi se atragantó.

La llamada terminó con el diez por ciento aceptado.

La paz duró seis minutos.

Al séptimo, doña Claudia llamó.

—Leonardo —dijo, sin saludo—. Hoy se toman las fotos de boda.

Sofía señaló su propia cara con horror.

Leonardo la ignoró.

—Madre, no es buen momento.

—Precisamente por eso. Después de lo de Lirio, necesito imágenes limpias. Si la boda se mantiene por honor familiar, al menos que se vea como una boda.

Sofía se inclinó hacia el teléfono.

—Tía Claudia, yo puedo salir con lentes oscuros y cara de arrepentimiento. Muy moderno.

Doña Claudia hizo una pausa.

—No intentes ser graciosa.

—Entonces me queda poco.

—A las dos. Jardines del Castillo de Chapultepec. Ya está pagado.

Colgó.

Sofía miró a Leonardo.

—Tu mamá no invita. Dicta sentencia.

—Sí.

—¿Y tú aprendiste de ella?

—De mi abuelo.

—Eso explica mucho.

A las dos en punto, el equipo de fotografía esperaba entre jacarandas, piedra antigua y luz de tarde. Doña Claudia estaba allí, impecable, con un vestido gris perla y una expresión que convertía a los asistentes en estatuas.

Sofía llegó con un vestido blanco de corte simple. No era de novia todavía, pero la tela tenía suficiente intención para incomodarla.

Leonardo, en traje negro, la miró un segundo de más.

Ella lo notó.

—¿Qué?

—Nada.

—Ese nada pesó tres kilos.

Una asistente se acercó para acomodarle el velo corto que doña Claudia había impuesto "solo para dar unidad visual".

Sofía intentó apartarlo.

—Esto no estaba en el contrato emocional.

La asistente miró a Leonardo, aterrada.

Leonardo tomó el velo con dos dedos y lo colocó él mismo sobre el cabello de Sofía.

No lo hizo como un novio.

Lo hizo como un hombre desarmando una bomba pequeña.

Con extremo cuidado.

Sofía dejó de bromear medio segundo.

[Ay. No hagas eso. Si un hombre frío acomoda un velo con manos bonitas, el cerebro de una persona común puede confundirse. Yo soy común. Trágicamente común.]

Leonardo soltó el velo de inmediato.

—Listo.

—Gracias.

La palabra salió más baja de lo que Sofía quería.

Doña Claudia lo oyó.

También vio cómo Leonardo bajaba la mano demasiado despacio.

El fotógrafo, un hombre nervioso con lentes redondos, aplaudió.

—Perfecto, perfecto. Primero unas tomas caminando. Señor Montero, tome la mano de la señora.

Leonardo extendió la mano.

Sofía la tomó.

Los dedos de él estaban fríos.

Los de ella también.

Caminaron por el sendero como dos socios entrando a una junta difícil. El fotógrafo bajó la cámara.

—Menos funeral corporativo, por favor.

Sofía soltó una risa.

Leonardo la miró.

La cámara disparó.

—¡Eso! —dijo el fotógrafo—. Otra vez. Señora, mírelo como si le gustara.

—¿Cuánto presupuesto tenemos para efectos especiales?

Leonardo apretó apenas su mano.

—Compórtate.

—Estoy cooperando con el arte.

—Coopera más.

Sofía levantó la barbilla y lo miró directo.

Leonardo se quedó quieto.

El fotógrafo aprovechó el silencio.

—Señor Montero, acérquese. No como si estuviera firmando una fusión. Como si ella fuera su esposa.

Sofía murmuró:

—Técnicamente lo soy.

—Técnicamente —respondió Leonardo.

—Qué romántico. Voy a bordarlo en una almohada.

Él se acercó.

La distancia entre ambos se redujo a un espacio absurdo, menor que una mentira y mayor que una confesión.

Sofía olió su loción: limpia, cara, demasiado seria.

Leonardo olió el champú de ella, algo cítrico que no combinaba con el desastre que era su vida.

Ninguno dijo nada.

La cámara volvió a disparar.

La luz le pegaba en el borde del rostro. La hacía ver menos como una aliada temporal y más como una mujer que, por accidente o condena, estaba parada a su lado en una foto que la familia usaría para fingir normalidad.

El problema fue que a Leonardo no le molestó la foto.

Le molestó fingir que no le importaba.

El fotógrafo cambió de ángulo.

—Ahora más cerca. Señor Montero, una mano en la cintura.

Sofía sintió la palma de Leonardo en la tela.

Firme.

Cuidadosa.

[Tranquila. Es trabajo. Actuación. Matrimonio falso. Hombre de hielo. Futuro exesposo. Aunque... para ser un decorado, tiene la mano bastante bonita.]

Leonardo bajó la mirada.

Sus orejas empezaron a tomar color.

Sofía no lo vio.

Doña Claudia sí.

Y su expresión se volvió más rígida.

Había llamado al fotógrafo para fabricar una imagen útil, una máscara social que le permitiera ganar tiempo hasta convencer a don Augusto de romper el compromiso.

No había contado con esa mirada.

No había contado con que Leonardo, su hijo de hielo, respondiera a una broma interna de Sofía como si el mundo privado de los dos ya existiera.

—Muy bien —dijo el fotógrafo—. Falta la toma del beso.

—No —dijeron Sofía y Leonardo al mismo tiempo.

El fotógrafo palideció.

—Es una sesión de boda.

Doña Claudia habló desde atrás:

—Háganlo.

Sofía cerró los ojos un segundo.

Luego los abrió con determinación.

—Está bien.

Leonardo giró hacia ella.

—No tienes que...

Sofía lo tomó por la solapa.

—Montero, si vamos a mentir, mintamos bien.

Lo besó.

No fue un roce tímido para la cámara.

Fue un beso rápido, firme, casi desafiante. La clase de beso que se da para cerrar una discusión y abrir diez problemas nuevos.

Leonardo tardó medio segundo en reaccionar.

Luego su mano en la cintura de Sofía se cerró apenas.

El fotógrafo disparó una ráfaga.

Sofía se apartó primero.

Tenía la respiración un poco desordenada.

Leonardo también.

[Madre mía. Los abdominales sí estaban duros. Qué falta de ética tener un cuerpo así en un matrimonio falso.]

Leonardo tosió.

Sus orejas ya no estaban apenas rosadas.

Estaban claramente rojas.

Sofía parpadeó.

—¿Te dio calor?

—No.

—Estás rojo.

—Por el sol.

Ella miró el cielo nublado.

—Claro. El sol imaginario.

Doña Claudia observó desde lejos, con los dedos cerrados sobre su bolso.

La sesión terminó una hora después.

Esa noche, Leonardo volvió a la oficina con las fotos preliminares en su correo. Debía revisar contratos. Debía llamar a jurídico. Debía investigar a Nicolás.

En cambio, abrió una imagen.

Sofía riendo.

Sofía mirándolo.

Sofía besándolo con los dedos cerrados en su solapa.

Leonardo apoyó la mano sobre la boca.

No sonrió.

Pero tampoco cerró la pantalla.

En La Casona Montero, doña Claudia recibió la misma carpeta de fotos.

Pasó una imagen.

Luego otra.

Se detuvo en la del beso.

Su hijo, el niño educado para no mostrar hambre, tenía las orejas rojas.

Doña Claudia dejó la tablet sobre la mesa con un golpe seco.

—Esto tiene que terminar antes de que sea tarde —murmuró.

Y llamó a don Augusto.

1
Quica Romero
¡Ajá!.😒 ¿Y los demás que?.
°~🤨~°
Quica Romero
El destino no sólo no discierne, si no que es estúpido. Ya que la "trama original" está más manoseada que la Constitución.🧐°\🤨/°😏😉😈😈😈😈
Quica Romero
Sería la segunda y tercera vez.🧐 Ya que la primera fue bajó los efectos de la droga y la mentira.°~🫩~°
Quica Romero
¡Cuando lo son!.°\🤨/°
Pero...Cuando nunca lo fueron. Ya que siempre fueron los antagonistas, que una identidad que no sabe discernir, les dio un "protagonismo" que nunca fue suyo.🤨🤔🧐🫩🙎‍♀️
Quica Romero
¿Otra vez?.°\🤨/° ¿Pues a casó está en las luchas, para que sean "a tres caídas sin límite de tiempo"?.°~🫩~°🤔😏😈😈😈😉😈😈😈
Quica Romero
¿Y cuando vas a aceptar que eres tú y "no hecharle el muerto" a otro?.°\🧐/°🫩🙎‍♀️🤔🤨
Quica Romero
¡Eso es lo que vengo diciéndoles desde más antes!.
¡Sofía!, ya deja de hacerte la martir y hazte responsable del papel de la PROTAGONISTA, que es tuyo desde la escena de la cama. Qué fue el momento exacto que reencarnaste y tomaste el PROTAGONISMO y Valentina la de la VILLANA.🧐🫩🙎‍♀️
Y al no reclamarlo el metiche "destino" quiere "meter su cuchara" en donde no le han dado "vela para el entierro" creyéndose Dios, para "arreglar" las cosas sin saber discernir. Pero las personas si(aunque algunas se hagan las que "la virgen les habla") 😏😉°\🧐/°°~🫩~°
Quica Romero
¡Quitándosela!.°\🫩/°
Y tomarla tú, como tenías que haberlo hecho hace tiempo.🤷‍♀️ Y por fin señalarle su "nuevo"(y verdadero )papel.
Quica Romero
No, ya no.☝️🙂‍↔️ Eso lo dejaste de ser hace 4 "migajas"
(cooprotagonistas) atrás y un nuevo villano.🤷‍♀️
Ya que tú ahora eres la antagonista principal, mejor conocida como la..
¡VI-LLA-NA!.😏😉😈😁😈😉
Quica Romero
¿Y desde cuándo sé pide permiso para dar cariño?.🤨
Eso solo lo dice la gente estúpida, que se queja por estar solo y no encontrar a alguien.🫩°\🙄/°🤦‍♀️
Quica Romero
No. suena más bien a película de Sandra Bullock, Mientras dormías.°~😌~°🧐😏😉
Quica Romero
Eso mismo dijo Alex Browningen, en "Destino final" y lo logro hasta que lo mató de un ladrillazo.°~🤨~°🙎‍♀️
Quica Romero
No. es DESTINO FINAL parte 7.°\🧐/°
Quica Romero
Si, el destino puede entrar todo lo que quiera. Pero él no descubre.°~🤨~°🙎‍♀️ Así que se puede ir a meter a otra historia, porque ahí nadie lo llamó.°~🧐~°🙎‍♀️
Quica Romero
Èso no puede ser cierto.°\🧐/°🙎‍♀️ O es porque tú no quieres tomar el lugar que ya lo tienes desde que reencarnaste(sin querer o queriendo). Y es por lo que estás ahí, ¿o no?.
🙎‍♀️°~🤨~°
Quica Romero
¡No es cierto!. 🙎‍♀️ La "novela" ya no la reconoce como tal, ya que cambió de "heroína". ELLA es la que sigue en ese papel, en aferrarse a al papel que ya no le pertenece. Porque no comprende que ya dejó de serlo desde que "cambió" Sofía.🤷‍♀️
Y las telenovelas, nos enseñaron que a toda actriz o actor problemático su personaje (no importa si es el protagonista) se le pone en coma, enferma, tiene un "accidente" o muere trágicamente.
Con todo esto nos dan a entender que...¡ NADIE ES INDISPENSABLE! Ni siquiera LOS PROTAGONISTAS.
Ya que si "salen de escena" OTROS tomarán la estafeta.
°~😌~°😏😉
Pris
Creo que Joaquín es Navarro.
Quica Romero
A no confiar en ti.🤨
Quica Romero
¿En serio?.🤨 ¿Te dejás perder por unos simples pies fríos?.🫩 ¿Pudiendo solucionarlo con unos calcetines?.🤷‍♀️°\🙄/°🧦🤦‍♀️
¿O un calefactor?.🤷‍♀️
Porque en verdad, déjenme hacer su aguate, pero está escena no queda en éste país.
Ya que todo tiene solución.🤷‍♀️
Hasta lo de la cama compartida y el inevitable acostón que ambos quieren, los dos lo evitan pero..Uno ya se decidió y la otra se hace de la boca chiquita.🫩
Ya que no tiene que haber amoro gustar. Sino simple atracción, y tú la tienes de sobra. Así que te haces del rogar; cuídate, adelante y disfruta.°~~°😌😏😉
Quica Romero
¿Y quién en México carga su neceser consigo estando en su casa y no listo para irse de viaje?.°\🧐/°❔❓
Aquí, tienes jabones en cada baño (y como rico, me imagino que debe de estar equipado con lo necesario para una bañada de emergencia, ¿no?.°~🧐~°
Así que ¿por qué trae su kit de baño si no va a salir de viaje y se se "supone" que debe de estar en su habitación.°~🤨~°
Aquí lo único que debió de llevar de más para bañarse es una toalla y posiblemente un jabón o shampoo o los dos por si el de ella es perfumado (¡ay, pero si solo es por una noche y al otro día se puede bañar con su shampoo y ya. Por una noche que huela a fresas o flores no se va a morir ni volver gay).🤷‍♀️🧐🫩🙎‍♀️°\🙄/°
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