“Cuando el pasado guarda sus secretos, dos destinos chocan entre el odio, el poder y una promesa que cambiará todo.”
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CAPÍTULO 3
—Adrián Montenegro
Nunca pensé que volver a Chile sería tan difícil.
No por el viaje.
No por la distancia.
Sino por todo lo que significaba empezar de nuevo.
Durante años había construido mi vida lejos de ese lugar.
Había aprendido a no depender de nadie.
A guardar mis pensamientos.
A mantener una distancia con el mundo.
Pero había una persona que hacía que todo fuera diferente.
Una pequeña mano sostenía la mía mientras caminábamos por el aeropuerto.
Adriella.
Mi hija.
Mi pequeña princesa.
La única persona capaz de hacer que olvidara por unos segundos todo aquello que cargaba.
—Papá.
Bajé la mirada.
Ella me observaba con sus grandes ojos llenos de curiosidad.
—¿Sí, princesa?
Apretó más fuerte su muñeca contra su pecho.
—¿Ya vamos a subir al avión?
Asentí.
—Sí.
Su sonrisa apareció inmediatamente.
Para ella aquel viaje no era una despedida.
No era dejar atrás una vida.
No era empezar desde cero.
Era una aventura.
Y quizás esa era la diferencia entre ella y yo.
Ella todavía podía mirar el futuro sin miedo.
Mientras esperábamos nuestro vuelo, Adriella se acomodó a mi lado.
Sus pequeñas piernas se movían de emoción.
—Papá.
—Dime.
—¿Chile queda muy lejos?
Miré hacia adelante unos segundos.
—Sí, princesa.
—¿Más lejos que Suecia?
Sonreí apenas.
—Mucho más.
Ella quedó pensativa.
—Voy a extrañar mi habitación.
Sus palabras me sorprendieron.
Porque aunque solo tenía casi cuatro años, entendía que algo estaba cambiando.
Me agaché frente a ella.
—Adriella.
Ella me miró.
—Una habitación se puede cambiar.
Le acaricié el cabello.
—Pero mientras estemos juntos, siempre tendrás un hogar.
Sus ojos brillaron.
—Entonces estoy bien.
—¿Por qué?
Me abrazó.
—Porque estoy contigo.
Cerré los ojos unos segundos.
Ella no sabía cuánto significaban esas palabras.
El viaje fue largo.
Adriella se quedó dormida junto a mí mientras el avión atravesaba el cielo.
La observé dormir.
Tan tranquila.
Tan inocente.
Mientras ella soñaba, yo pensaba en todo lo que dejábamos atrás.
Una nueva ciudad.
Una nueva oportunidad.
Una vida diferente.
Chile era el lugar donde tendría que empezar otra vez.
Donde tendría que demostrar que podía salir adelante.
Cuando aterrizamos, Adriella despertó emocionada.
—¿Ya llegamos?
Asentí.
—Sí, princesa.
Se acercó a la ventana del avión.
Miraba todo con atención.
Las personas.
Los edificios.
El movimiento de la ciudad.
Todo era nuevo para ella.
Tomé nuestras maletas y salimos del aeropuerto.
Su pequeña mano seguía unida a la mía.
No la solté en ningún momento.
Durante el camino al hotel, Adriella miraba por la ventana.
Cada cosa parecía sorprenderla.
—Papá.
—¿Sí?
—¿Aquí vamos a vivir?
Guardé silencio unos segundos.
—Primero iremos a un hotel.
Su expresión cambió.
—¿Un hotel?
Asentí.
—Solo será por un tiempo.
Hasta que encontremos una casa.
Ella miró hacia afuera.
Después preguntó con una voz más pequeña:
—¿Vamos a tener nuestra nueva casa?
Esa pregunta me golpeó más de lo que esperaba.
Porque no solo hablaba de una casa.
Hablaba de sentirse segura.
De pertenecer a algún lugar.
La miré por el espejo.
—Sí, princesa.
Intenté sonreír.
—Vamos a tener nuestra nueva casa.
Cuando llegamos al hotel, Adriella observó todo con curiosidad.
Era bonito.
Era cómodo.
Pero no era su hogar.
Entramos a la habitación y ella dejó su muñeca sobre la cama.
Caminó alrededor mirando cada detalle.
—Es linda.
—¿Te gusta?
Asintió.
—Sí.
Después me miró.
—Pero cuando tengamos nuestra casa...
Esperó mi respuesta.
—¿Podré elegir mi habitación?
Sonreí.
—Claro.
Sus ojos se iluminaron.
—¿De princesa?
La levanté en brazos.
—De la princesa más importante.
Ella rio.
Y por un momento todo pareció más sencillo.
Por un momento solo éramos un padre y su hija intentando comenzar una nueva vida.
Pero mientras Adriella soñaba con su nueva habitación...
yo sabía que Chile no era solamente un nuevo comienzo.
Era el lugar donde muchas cosas estaban a punto de cambiar.
Porque mientras una niña soñaba con encontrar un nuevo hogar...
su padre acababa de llegar a un país donde dos historias completamente diferentes estaban a punto de cruzarse.
Sin saber que aquel viaje no solo cambiaría su destino... también lo llevaría hacia la persona que cambiaría sus vidas para siempre.