Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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Suerte
Ahoras después llegaron Valeria y su familia en su casa agitados más Valeria que no aguanto que le digan cosas a su hijo y termino a los golpes con Mariel.
—¡Mamá!-Respira agitado lucas.
Valeria le da un poco de agua.
—¡Gracias Pero Mamá estuvo mala lo que hiciste!
Valeria sonrió con cansancio.
—No pasa nada no es mi primera pelea.
—¿ya peleaste con otros?
Ella desvió la mirada.
—Un poquito...
Lucas suspiró como si ya estuviera acostumbrado.
—Siempre terminas peleando.
Valeria soltó una pequeña risa.
—Lo siento.
Sacó un pequeño botiquín.
—Pero mira, tu mamá es super fuerte y rápida trajimos a tu padre sin ninguna herida.
Se sentó en el sofá y comenzó a limpiar sus propias heridas.
Lucas observaba preocupado.
—¿Te duele?
—Solo un poco.
—Soplaré para que sane más rápido.
El niño sopló con cuidado sobre el raspón de su frente.
Valeria sonrió con ternura.
—Gracias, doctor Lucas.
El pequeño sonrió orgulloso.
Mientras tanto, Sebastián seguía inmóvil como siempre.
Esa noche...
Valeria acostó a Lucas.
Lo cubrió con la manta y le acomodó el cabello.
El niño la tomó de la mano.
—Mamá...
—¿Sí?
—¿Siempre estaremos los tres juntos?
Valeria sintió un nudo en la garganta.
Miró a Sebastián.
Luego volvió a mirar a Lucas.
—Ojalá que sí.
Acarició su mejilla.
—Mientras tu papá siga dormido...Yo voy a cuidar de los dos.
Lucas cerró lentamente los ojos.
—Buenas noches, mamá.
—Buenas noches, mi campeón.
Cuando salió de la habitación...
Escuchó una voz.
"¿No piensas volver a tu cuarto?"
Valeria sonrió.
—¿Qué? Acaso ¿me extrañas?
"Solo digo que ese era tu cuarto."
Ella soltó una risa.
—Con permiso, señor guapo pero mira vine aquí solo por qué tú preguntaste.
Se acostó nuevamente al lado de la cama de Sebastián.Él guardó silencio.
Entonces un recuerdo apareció en su mente.
Muchos años atrás...
Cuando ambos aún eran estudiantes.
—¡Valeria! ¡Vuelve a tu salón!
—¡No quiero!
—¡Eres insoportable!
—¡Y tú muy mandón!
Sebastián sonrió por dentro.
"¿Será que Valeria volvió en verdad?"
Valeria le da un beso en la mejilla a Sebastián.
—¡Te amo mucho!.
A la mañana siguiente...
Valeria había colocado una pequeña mesa cerca del campo Sobre ella acomodó tomates, lechugas, zanahorias, cebollas y algunas frutas.
Lucas la ayudaba orgulloso.
Sebastián permanecía sentado en su silla de ruedas bajo la sombra de un árbol.
—¡Verduras recién cosechadas!
—¡Muy baratas! —gritó Valeria.
Algunos vecinos comenzaron a acercarse.
Pero, de pronto...
Se escuchó el sonido de una patrulla.
Dos policías descendieron del vehículo.
Detrás de ellos estaban Mariel y su esposo.
Ambos sonreían con arrogancia.
—¡Es ella, oficial! —dijo Mariel señalando a Valeria—. Esa mujer me agredió.
Su esposo cruzó los brazos.
—Queremos que se la lleven inmediatamente.
Los policías caminaron hacia Valeria.
—Señora Valeria Montenegro, deberá acompañarnos.
Lucas se puso delante de su madre.
—¡No!
—Mamá no hizo nada.
Mariel soltó una carcajada.
—Hasta tu hijo aprendió a mentir.
Valeria apretó los puños No pensaba dejar solo a Lucas otra vez.
En ese mismo instante...
Los dedos de Sebastián se movieron.
Sus párpados temblaron.
Lentamente...
Abrió los ojos.
Esta vez...
Su mirada estaba completamente despierta.
Observó a los policías sujetando a Valeria.
Vio a Lucas llorando.
Y escuchó las burlas de Mariel.
Una furia que llevaba siete años dormida despertó junto con él.
Con un enorme esfuerzo...
Se puso de pie.
Todos quedaron inmóviles.
Mariel abrió los ojos como platos.
—¡I-Imposible...!
Sebastián dio un paso al frente, sosteniéndose apenas.
Su voz salió ronca por los años sin hablar.
—Suélten... a... mi... esposa.
Todos quedaron en silencio.
Incluso Valeria.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Sebastián...?
Pero el esfuerzo había sido demasiado.
Su vista volvió a nublarse.
Antes de caer, alcanzó a mirar a Valeria una última vez.
Y murmuró muy despacio...
—...No... la... toquen...
Su cuerpo perdió la fuerza.
Y volvió a desplomarse en la silla de ruedas, cayendo nuevamente en un profundo coma.
Valeria fue la primera en reaccionar.
Miró a Sebastián, que había vuelto a caer inconsciente.
Después miró a los policías.
Y, de repente...
Comenzó a llorar a mares.
—¡Oficial! ¡Mire lo que provocaron!
Todos se quedaron confundidos.
Valeria abrazó la silla de ruedas de Sebastián.
—¡Mi pobre esposo! ¡Hizo un esfuerzo tan grande por protegerme que volvió a desmayarse!
Los policías comenzaron a ponerse nerviosos.
—Señora, cálmese...
—¡¿Cómo quiere que me calme?! ¡Él es Sebastián Montenegro, hijo de una de las familias más ricas de esta ciudad!
Mariel y su esposo se miraron sorprendidos.
Valeria continuó con su drama.
—¡Renunció a toda su herencia porque me ama! ¡Ahora vivimos humildemente, trabajamos la tierra y criamos a nuestro hijo con esfuerzo!
Se secó las lágrimas con exageración.
—¡¿Acaso es un delito amar?! ¡¿Es un delito trabajar honradamente?! ¡¿Es un delito cuidar de mi esposo mientras está en coma?!
Los vecinos comenzaron a murmurar.
Los policías empezaban a sentirse incómodos.
Valeria señaló a Mariel.
—¡Pero esa mujer no solo vino a insultarme!
Su voz tembló.
—¡También dijo que mi hijo no era hijo de mi esposo!
Todos quedaron en silencio.
El esposo de Mariel abrió los ojos.
—¿Qué... dijiste?
Miró a su esposa.
—¿Es verdad que dijiste eso?
Mariel comenzó a tartamudear.
—Y-yo... solo...
¡Paf!
Una fuerte cachetada resonó en todo el lugar.
—¡¿Cómo te atreves?! —gritó su esposo.
Mariel se llevó una mano a la mejilla, completamente sorprendida.
—¡Despreciaste a un Montenegro! ¿Sabes el problema en el que acabas de meternos?
Ella lo miró sin poder creerlo.
Él respiró hondo y luego se giró hacia Valeria.
Su actitud cambió por completo.
Hizo una pequeña reverencia.
—Señora Montenegro... le pido disculpas por el comportamiento de mi esposa.
Valeria dejó de llorar al instante.
—¿Ah?
El hombre miró las canastas llenas de verduras.
—¿Cuánto cuesta todo?
Valeria parpadeó.
—¿Todo?
—Sí.
Señaló las verduras.
—Me llevo toda la cosecha.
Los ojos de Valeria comenzaron a brillar.
—¿Toda?
—Toda.
Valeria juntó las manos con emoción.
—¡Lucas!
El niño sonrió.
—¡Mamá, vendimos todo!
Mientras los dos celebraban felices...
Nadie notó que, aunque Sebastián había vuelto a quedar inconsciente...
En la comisura de sus labios apareció una leve sonrisa.
Como si, incluso dormido...
Hubiera disfrutado ver a Valeria salir victoriosa.