Dolor, dolor puro y agonizante era lo que sentia mientras veia a mi compañero destinado, a quien se supone que me amaria para siempre, a quien habia sido mi mejor amigo por años, tomando como compañera y luna a otra mujer que no era yo y esa otra era nada mas y nada menos que Elaine Wood la hija del Gamma y mi mejor amiga.
En mi vida habian demasiados secretos, secretos que nunca me habia costado guardar, pero esos secretos se convertirían en mis enemigos y comenzarían a pensar en mi mente cuando llegara el, El rey Alfa.
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Capitulo 4: Compañero
Cuando llegamos a la casa de la manada Elaine estaba afuera esperándonos, sus hijos corrieron a ella abrazándola emocionados, contándoles lo que habíamos aprendido hoy.
— Bueno, chicos vayan a lavarse las manos para que vayan a comer.
— ¿La señorita Azula se puede quedar a comer con nosotros?
Ella me miró, con esa mirada de anhelo con la que me veía siempre haciéndome sentir incómoda
— No lo se. ¿Puede?
— No sé si pueda niños, el alfa a solicitado mi presencia, será para otro dia
El rostro de Elaine se distorsionó, como si aquellas palabras la hubieran llevado a un recuerdo doloroso, sí, a mí también me había pasado.
Los niños corrieron a abrazarme y yo los abrace a ellos.
— Gracias por traernos señorita azula.
— Fue un gusto, ahora vayan y comanselo todo para que crezcan grandes y fuertes
— ¿Así como usted?
— Mucho más grandes que yo.
Los dos corrieron emocionados dentro de la casa y Elaine me miro con una sonrisa.
— Gracias, Azula
— Fue un gusto, Luna
Ella me dio una última mirada y entro a la casa, me conecté mentalmente con jace.
— Ya estoy aquí, alfa.
— Ven a mi oficina
Entre a la casa y camine hacia su oficina, podia oler el aroma de Aron y Elliot dentro de la oficina, toque la puerta y entre, hice un movimiento con la cabeza como saludo.
— Alfa, Beta, Gamma.
— Hola pequeña — Aron revolvió mi cabello y yo sonreí.
Volteamos a verlos y nos veían, sí, con esa rara e incómoda mirada que siempre tenían cuando yo estaba alrededor.
Jace se aclaró la garganta y hablo.
— Ya estamos todos aquí, mañana el rey Alfa y sus hermanas vienen de visita a Luna nueva, al parecer estan buscando a sus compañeros destinados — sus ojos se desviaron por un momento a los míos, como si esas tontas palabras le recordaran que yo era su verdadera compañera o bueno que yo fui, ya no lo era y no lo sería jamás — Quiero que los recibas en la entrada de la manada Aron, Elliot supervisa que todo esté bien arreglado, quiero que se haga un banquete para su recibimiento. Azula quiero que estés aquí conmigo y Elaine para recibirlos.
Mi ceño se frunció. ¿Por que siempre querían incluirme en mierdas como esta? Así como la vez que vinieron de visita los alfas de las manadas vecinas y el quiso que yo los recibiera con él y Elaine, o la vez que Eliam nació y todos vinieron a celebrar el nacimiento del futuro alfa y el quiso que yo estuviera ahí para recibir a todos junto a él porqué Elaine estaba ocupada con Eliam. Pero que momento más incómodo. ¿Por que tenía que estar yo ahí? Odiaba tener que estar con los dos y verlos mirarme y tratarme como si en cualquier momento fuera a romperme y arrancar a llorar.
— Tu escoltas a las hermanas del alfa mientras estén en la manada, así que mañana a primera hora cada quien debe estar en sus puestos para recibir al rey alfa.
— Está bien alfa — dijimos todos al mismo tiempo.
— Te imaginas que alguna de ellas sea tu pareja destinada Elliot — dijo Aron con burla.
— Y si es la tuya, Aron.
Aron se partió de la risa, haciendome reir, su risa era contagiosa, me daba tanta paz y tranquilidad.
— No creo que eso suceda. Soy demasiado para ellas. ¿Verdad que si hermanita?
Lo miré con una sonrisa — Eres demasiado para cualquiera Aron, creo que te quedaras solo, viviremos juntos y tendremos muchos gatos o talvez adoptemos a un niño desamparado, tu serás su papi y yo la tía consentidora.
El solto una risa divertido, pasando su brazo por mis hombros — Bueno aunque suene bastante deprimente a mi me haria feliz pasar todos mis días contigo, mi pequeña.
Me abracé a él no queriendo soltarlo nunca. Sabía que algún día Aron conseguiría una pareja y ya no estaríamos tan juntos, él se mudaría y aquella habitación que habíamos compartido por 24 años se sentiría tan grande y tan vacío como mi corazón.
No quería pensar tanto en eso, pero era inevitable que no se filtrara en mi mente sin querer.
Recobre la compostura y me aleje de su abrazo, voltee hacia Jace y el me miraba con dolor, sus ojos cambiaron a los de su lobo y rápidamente él tomo el control. Siempre lo mismo. Como si huyera de mi.
— Me retiro Alfa.
— Está bien, Adiós Azula.
Esa noche me di una vuelta por las patrullas y fui a dormir, mañana seria un dia largo.
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Cuando llegue a la casa de la manada esa mañana todo era un caos, todos corrían de aqui para allá y Elaine parecía que iba a desmayarse de la preocupación, los niños me vieron y corrieron hacia mi.
— Señorita Azula.
Yo me agache y los abrace — Buenos días, ¿Como amanecieron mis pupilos favoritos?
— Muy bien.
— Señorita Azula, mi madre nos dijo que hoy va a venir a visitarnos el rey alfa y que debemos comportarnos muy bien
— Claro que si y asi será, ustedes son buenos niños muy bien portados, el rey alfa y sus hermanas los van a adorar
— ¿Usted cree?
— Claro que si mis niños, ustedes son fáciles de querer.
Ellos salieron corriendo felices, la sonrisa que tenía plasmada en mi rostro se esfumó cuando mire hacia al frente y ahí estaban Jace y Elaine mirándome.
— Buenos días Alfa, Luna — dije levantándome de mi lugar.
— Buenos días Azula. ¿Ya comiste? Justo vamos a desayunar. ¿Quieres unirte?
— Gracias por la invitación luna, pero debo rechazarla, comí con Aron antes de que se marchara a la frontera, pueden ir a comer, yo ayudare un poco por aquí.
— Muchas gracias, me harías un gran favor, me estoy volviendo loca con tantos arreglos — Ella se rio y yo force una sonrisa en mi rostro.
— Ire ahora entonces, con su permiso Alfa, Luna.
Me di la vuelta y salí de ahí, nunca estaría cómoda con ellos en una misma habitación.
Llegue a donde estaban las criadas y comencé ayudarlas, di algunas órdenes y en menos de una hora todo estaba listo para la bienvenida del rey alfa.
Estaba viendo por la ventana en la entrada cuando escuche a los niños correr hacia mi.
— Señorita Azula.
— Pero que precioso están.
— Mi mami me dijo que este traje me hacía ver como mi papi.
Y si que era verdad, Eliam y Azuma eran el vivo reflejo del pequeño jace que corría conmigo y Aron por los alrededores de la manada, ese pequeño jace que me contaba secretos a escondidas de todos, el pequeño jace que había sido mi mejor amigo.
— Si pequeño, te ves igualito a tu padre, los dos lo hacen.
Ellos brincaron emocionados. Elaine apareció a un lado, llevaba un vestido azul y una diadema plateada, se veía bonita, ella me sonrió y se acercó a mi.
— Los niños te quieren mucho, siempre hablan de la señorita Azula.
— Yo también los quiero mucho Luna, son unos niños muy inteligentes
Ella puso una media sonrisa, siempre intentaba crear alguna conversación conmigo, pero rápidamente se cortaba. Nunca había dejado de querer a Elaine, era mi mejor amiga, pero no quería retomar una amistad que solo me lastimaría.
Nos quedamos en silencio esperando cuando apareció Jace.
— Ya llegaron.
Justo sonaron las ruedas de un carro, puertas abriéndose y pasos caminando hacia nosotros. Mi corazón saltó en mi pecho, Luz agitándose en mi interior. Aquel olor delicioso que se filtró en mis fosas nasales, Fresas y chocolate, mi favorito.
La puerta se abrió y primero entro Aron su rostro estaba pálido, detrás de él entro una chica con rizos dorados y una sonrisa de felicidad, después entro Elliot su rostro parecía pasmado, como si hubiera visto un fantasma y detrás de él entraron otras dos chicas, exactamente iguales, gemelas supongo, Cabello negro y ojos Azules, una piel pálida blanca como la nieve en invierno, las dos sonrieron y se pararon a un lado Cuando el dueño de aquel delicioso olor hizo acto de presencia, su cabello Azabache peinado a la perfección, pequeños mechones rebeldes cayendo a los lados de su rostro, sus ojos oscuros se posaron en mí, de mis labios salieron aquellas palabras al mismo tiempo que las de él.
— Compañero