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AL DIABLO EL ARGUMENTO YO SOY MEHMET

AL DIABLO EL ARGUMENTO YO SOY MEHMET

Status: En proceso
Genre:Edad media / Traiciones y engaños
Popularitas:597
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Mehmet sabe que alguien dentro de su propia familia quiere verlo muerto. Mahidevran ha decidido eliminar al príncipe para abrirle el camino a su hijo Mustafa, mientras la corte comienza a elegir bandos. Pero Mehmet no piensa convertirse en otra víctima de las intrigas del palacio.
En secreto, prepara su propia muerte.
Durante una cacería, una flecha lo hiere y cae por un barranco. Todos creen que el príncipe ha muerto. Mientras sus enemigos celebran, Mehmet desaparece para preparar su regreso y descubrir quiénes participaron en la conspiración.
Con Hürrem, su hermana y su padre, el sultán Süleyman, como sus aliados, Mehmet comenzará una partida donde cada movimiento tendrá consecuencias.
Pero también encontrará aliados inesperados, incluso en lugares donde nadie los buscaría.
Porque Mehmet ya no quiere sobrevivir.
Quiere el trono.
Y esta vez, no vendrá a pedir permiso.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL SECRETO DE PADRE E HIJO

La puerta se abrió por completo y él apareció en el umbral. Solimán. El Sultán. Mi padre. Caminó despacio, con la autoridad que le nacía desde dentro, sin necesidad de alzar la voz para que todos sintieran su peso. Vestía con sencillez pero cada detalle respiraba poder: una túnica oscura de tela fina, un turbante alto y sereno, y en su mirada, esa mezcla de sabiduría y severidad que nadie se atrevía a desafiar. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijaron en mí al instante. No corrió hacia mí como Hürrem. No lloró como mis hermanos. Se detuvo a unos pasos, me observó de arriba abajo en silencio, y en ese examen silencioso sentí como si le leyera el alma.

Hürrem dio un paso adelante, temblando:

—Solimán… es él. Es nuestro Mehmet. Ha vuelto a nosotros.

Él no apartó la vista de mí cuando respondió con voz grave y calmada:

—Lo veo. Pero ver no es creer todavía. Hay muchas cosas que parecen y no son.

Y entonces, sin previo aviso, su mano se movió con una velocidad que casi nadie pudo seguir. Una daga cruzó el aire directamente hacia mí, con precisión y fuerza. Un grito ahogado escapó de los labios de Hürrem. Mis hermanos dieron un paso atrás, horrorizados. Pero yo no me aparté. No cerré los ojos. Mi mano se alzó por instinto, con la misma agilidad de siempre, y atrapó el mango de la daga en pleno vuelo, sin que esta tocara mi piel, sin el menor rasguño. Quedé allí de pie, con el arma sostenida entre mis dedos, mirándola con asombro genuino.

—¿Qué… qué fue eso? —pregunté, mirando primero la daga, luego a él, completamente confundido—. ¿Por qué hizo eso? Podría haberme lastimado.

Solimán no respondió con palabras inmediatamente. Vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas que no dejó caer, cómo una sonrisa genuina, tierna y profundamente aliviada apareció en su rostro. Dio un paso hacia mí, luego otro, y por primera vez me abrazó con fuerza, con esa calidez de padre que solo él podía dar. Me sostuvo entre sus brazos como si quisiera asegurarme de que estaba allí, de que era real, y me susurró al oído con voz quebrada pero llena de alegría:

—Es Mehmet. De verdad es él. Nadie más en este mundo habría atrapado esa daga así. Nadie más conoce ese movimiento. Te lo enseñé yo mismo cuando apenas tenías siete años. Lo practicábamos en secreto, lejos de todos. Era nuestro truco, nuestro secreto de padre e hijo. Y tu cuerpo… tu cuerpo no lo olvidó, aunque tu mente creyera haberlo perdido. La sangre no miente. Y tú eres mi hijo. Mi Mehmet.

Me quedé inmóvil en su abrazo, con la daga aún en mi mano, sintiendo cómo sus brazos me protegían, cómo su pecho temblaba contra el mío. Por un instante, casi olvidé mi propio plan. Casi me dejé llevar por esa emoción pura, por el alivio de haber sido reconocido por él. Pero respiré hondo y me separé suavemente, aún con expresión de confusión, aunque con algo nuevo en mi mirada: el comienzo de una chispa, como si algo muy profundo dentro de mí hubiera despertado al sentir su abrazo.

—No lo recuerdo… —le dije con voz suave—. No recuerdo que me enseñara nada de esto. Pero… cuando vi venir la daga… mi cuerpo simplemente supo qué hacer. Es extraño. Como si otra persona hubiera movido mi mano.

Solimán me puso una mano sobre el hombro y me miró con un orgullo que nunca antes había visto en sus ojos:

—No importa si tu mente no lo recuerda. Tu corazón lo sabe. Y eso es suficiente por ahora. Bienvenido a casa, hijo.

Lo miré a los ojos y asentí lentamente.

—Gracias… padre.

Esa palabra, dicha con respeto y suavidad, pareció derretir la última barrera entre nosotros. Y en ese momento supe que la prueba había terminado. Que había pasado con éxito. Que ahora, todos creerían aún más en mi historia de amnesia, porque solo un verdadero hijo podría haber superado esa prueba. Y mientras ellos creyeran eso… yo seguiría siendo el hijo perdido que necesitaba ser guiado. Nadie sospecharía que yo sabía exactamente lo que hacía. Que esa daga en mi mano no era solo una prueba de identidad… sino el primer símbolo de que yo estaba listo para tomar lo que por derecho me pertenecía.

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