Novela +18
Dante, un poderoso Alfa y líder de la mafia, entrega su vida para salvar a su amado omega, Kael, durante una sangrienta guerra entre organizaciones criminales.
Sin embargo, la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Elizabeth, una joven Alfa universitaria que murió durante el despertar de su poder. Ahora, atrapado en el cuerpo de una mujer, Dante solo tiene un objetivo: recuperar al omega que juró proteger y amar.
Pero todo ha cambiado.
Kael ya no es el omega indefenso del pasado. Ahora es un frío y brillante CEO, marcado por un accidente que lo dejó paralítico. Y, para empeorar las cosas, rechaza rotundamente a Elizabeth, pues asegura que jamás podría enamorarse de una mujer.
Dante no piensa rendirse.
No importa si ahora posee un cuerpo diferente, si el mundo entero está en su contra o si Kael lo odia. Para él, Kael sigue siendo su omega... y jamás permitirá que otro Alfa lo reclame.
Porque, aunque haya renacido como...
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CAPÍTULO 23 —UNIÓN
Elizabeth lo colocó de espaldas, levantó sus piernas y presionó la punta gruesa contra su entrada aún sensible.
—Quiero otro hijo contigo, Kael… —susurró mientras empujaba lentamente, penetrándolo centímetro a centímetro.
—Ahh… eso no es posible… ahora eres mujer… —jadeó Kael, arqueándose.
Elizabeth sonrió con malicia, hundiendo el consolador hasta el fondo.
—¿Acaso no tienes mi semen congelado? Usemos ese…
Empezó a follarlo con movimientos profundos y fuertes. El consolador con vibrador entraba y salía, golpeando su próstata con cada embestida. Kael gemía sin control, las manos aferradas a las sábanas, el cuerpo temblando de placer.
Después de correrse varias veces con fuerza alrededor del consolador, apretándolo con espasmos, Kael quedó jadeando, sudoroso y con la respiración entrecortada.
Elizabeth sonrió satisfecha, pensando que ahí terminaba todo.
Se inclinó para besarle, aún con el arnés puesto.
Pero Kael, con los ojos oscurecidos por una mezcla de deseo y rebeldía, actuó rápido.
Usando un impulso repentino, la volteó con firmeza hasta dejarla de espaldas contra su pecho.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, sorprendida, con los ojos muy abiertos.
Pero Kael no había terminado.
Con un movimiento rápido y decidido, Kael extendió la mano y desabrochó el arnés de un tirón. Le quitó el consolador que aún llevaba puesto y lo lanzó a un lado de la cama.
Elizabeth abrió mucho los ojos, sorprendida por la audacia.
Kael bajó su mano rápidamente, recorriendo la curva de su cintura, deslizándose entre sus piernas. Sus dedos encontraron su coño mojado y caliente, acariciando su clítoris hinchado con movimientos circulares firmes.
Elizabeth se estremeció violentamente.
—Kael… —advirtió, pero su voz salió entrecortada.
Él introdujo dos dedos dentro de ella, curvándolos, estimulándola con precisión mientras su miembro duro presionaba contra su espalda. Elizabeth jadeó, el placer traicionándola por un segundo… hasta que se dio cuenta exactamente de lo que él pretendía.
—¡No! —gruñó, intentando zafarse—. ¡Kael, basta!
Intentó huir hacia el otro lado de la cama, pero Kael fue más rápido. La sujetó por el tobillo y la jaló hacia atrás con fuerza, arrastrándola por las sábanas.
—¡Suéltame! —gritó ella, retorciéndose—. ¡Tú no tienes por qué penetrarme! ¡Es al revés! ¡Yo soy quien te folla a ti, no al contrario!
Kael respiraba agitado, el vínculo latiendo con fuerza en su cuello. Sus ojos brillaban con una determinación salvaje.
—Ahora es diferente —dijo con voz ronca, casi gruñendo—. Tú me marcaste. Me follaste hasta que lloré… Ahora vas a experimentar lo que se siente.
La levantó por las caderas y la puso en cuatro sobre la cama. Elizabeth intentó gatear hacia adelante, pero Kael la sujetó firmemente por las caderas, impidiéndole escapar.
—Kael, te estás pasando de la raya… —protestó ella, pero su voz ya se quebraba en un gemido cuando sintió la gruesa cabeza de su pene presionando contra su entrada empapada.
Sin darle más tiempo, Kael empujó hacia adelante y la penetró de un solo movimiento profundo, hasta el fondo.
—¡Ahhh! —gritó Elizabeth, arqueando la espalda.
—Joder… estás tan apretada… —gruñó Kael, empezando a embestirla con fuerza desde atrás.
Elizabeth gemía alto con cada embestida, intentando aún resistirse. Sus manos se aferraban a las sábanas mientras trataba de alejarse.
—Kael… para… no deberías… ahh… ¡mierda! —sus gemidos traicionaban sus palabras. El placer era demasiado intenso, nuevo para Dante, nuevo para este cuerpo sensible.
Kael la follaba con embestidas profundas y rápidas, una mano en su cadera y la otra en su cabello, tirando suavemente hacia atrás.
—Siente esto, Dante… siente cómo te lleno —jadeó contra su oído—. Ahora eres tú el que recibe.
Elizabeth intentaba protestar entre gemidos, pero el placer la estaba venciendo. Sus paredes internas se apretaban alrededor del miembro de Kael, sus muslos temblaban.
—Te estás… pasando… de la… raya… —logró decir entrecortado, pero sus caderas empezaron a moverse hacia atrás, buscando más.
Kael aceleró, follándola con más fuerza, golpeando ese punto que la hacía ver estrellas. Elizabeth llegó al orgasmo con un grito agudo, apretándolo con fuerza, todo su cuerpo convulsionando.
Kael no se detuvo. Siguió embistiéndola sin piedad hasta que él también llegó al límite.
—Voy a correrme dentro… —gruñó.
Y con un último empujón profundo, se vació completamente en ella, llenándola con chorros calientes de semen. Elizabeth tembló con un segundo orgasmo más pequeño, gimiendo su nombre sin poder evitarlo.
Ambos colapsaron sobre la cama, jadeando. Elizabeth, aún con Kael dentro de ella, giró ligeramente la cabeza. Sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa, placer residual… y una furia contenida.
—Esto… no se va a quedar así —susurró con voz ronca.
......................
— AL DIA SIGUIENTE —
La mañana siguiente amaneció bañada por una luz cálida que se filtraba entre las cortinas de la habitación de Kael.
Kael fue el primero en abrir los ojos.
Parpadeó varias veces y, para su propia sorpresa, se sentía lleno de energía. Hacía mucho tiempo que no despertaba con aquella sensación de ligereza. Estiró los brazos con una pequeña sonrisa y giró la cabeza.
Elizabeth seguía acostada.
Pero apenas intentó incorporarse, soltó un leve quejido.
—Mmm...
Se llevó una mano a la cintura y luego al cuello, masajeándose lentamente.
—¿Qué sucede? —preguntó Kael, divertido.
Elizabeth lo miró de reojo.
—Me duele todo el cuerpo...
Kael no pudo evitar sonreír con cierta satisfacción.
—Vaya... pensé que eras invencible.
Ella soltó una pequeña risa.
—Nunca había experimentado lo de anoche desde ese lado.
Suspiró mientras se levantaba despacio.
—Creo que necesito una ducha caliente.
Caminó hacia el baño.
Entonces la voz de Kael la detuvo.
—¿Volverás a la mafia...?
Elizabeth se quedó inmóvil.
Su mano permaneció sobre la manija de la puerta.
Giró apenas el rostro.
—Kael...
Kael bajó la mirada.
Su expresión cambió por completo.
Durante unos segundos guardó silencio, como si reunir el valor para hablar le costara más que cualquier cosa.
Cuando volvió a levantar la vista, sus ojos ya estaban empañados.
—¿Lexon te convenció para regresar...?
Su voz tembló.
—Yo... no quiero que regreses a ese mundo.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse lentamente por sus mejillas.
—Si buscas venganza... ya la cumplí por ti.
Respiró hondo.
—El hombre que te traicionó él...
tampoco así, debe haber una forma de que le diga que es dante sin que no se vuelva loco