Un incidente entre Maximiliano y Azul cambiará para siempre la amistad que los une. Luego, un accidente sumerge a Maximiliano en coma, y al despertar, su memoria alterada los enfrenta a una realidad que no reconocen.
Azul deberá sostener los recuerdos de Maximiliano… mientras se pregunta: ¿qué ocurrirá cuando él recuerde todo?
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EJERCICIOS
NARRADOR
Maxi, acompañado de Azul, llegó a su primera sesión de fisioterapia. Allí el médico lo evaluó, así como también a sus reflejos aún adormecidos.
Él había tenido suerte, después de un coma se había puesto de pie, con limitaciones y dificultades, pero había llegado caminando a la consulta. Eso era clave y también alentador.
Azul era su punto de apoyo tanto físico como también emocional. Se había convertido en el punto central de la recuperación de su amigo y eso aunque lo sabía le generaba más presión de la que creía poder soportar.
Tras la evaluación, Maxi debió sentarse en una silla y ponerse de pie. Ese ejercicio que antes le hubiese resultado estúpido y sencillo, llevado a la práctica en la actualidad lo hizo sentirse incapaz.
Azul lo miraba. No podía ayudarlo. El fisioterapeuta era el que lo sostendría si perdía el equilibrio haciendo un ejercicio que le estaba costando demasiado.
La respiración de Maxi se volvió caótica, desordenada, agitada. Él había empezado a sudar tras levantarse seis veces y ella lo había visto rendirse al llegar a ocho.
-Maxi, un poco más- Pidió dándole energía para repetir el proceso dos veces más y decir que ya había llegado al límite de su resistencia física.
Tras unos pocos minutos de descanso en que el medico le tomó la tensión arterial, él debió hacer ejercicios de coordinación. Tenía que agarrar objetos, moverlos de un lado a otro, seguir un objeto con su mirada.
Maxi había creído que aquellos ejercicios eran estúpidos, demasiado simples, básicos y que hasta un niño de tres años podría hacerlos. Su cuerpo le había demostrado que se equivocaba. Su mente quería hacer un ejercicio, su cuerpo no estaba en la misma sintonía. Sus movimientos eran torpes, temblorosos, débiles.
Maxi entendió aún más que aunque deseaba a Azul no había manera de estar con ella sexualmente. Se agitaba mucho, estaba débil, poco coordinado, cansado. ¿Cómo podría complacerla? ¿Cómo le daría placer y la haría sentir satisfecha? Era mejor esperar, por él, por su recuperación y también para evitarle a ella pasar un mal momento.
Un nuevo ejercicio consistió en subir y bajar escalones bajos. Él creyó que podría hacerlo solo sin apoyarse en las barras de contención y se equivocó. Debió aferrarse para no caerse y fue en el primer intento; algo que solo aumentó su frustración.
El sudor goteaba por su rostro y la playera que usaba comenzaba a humedecerse.
Azul lo miraba en silencio intentando no sentir lástima, animándolo a continuar. Dándole apoyo. Eso despertaba en Maxi vergüenza por verse tan débil y también admiración por seguir a su lado.
Él soportó el agotamiento. Lo hizo porque quería recuperarse. Ansiaba hacerlo por el bien de su relación y porque consideraba que Azul ya lo había esperado bastante. También sentía miedo de que ella diera por terminada la relación que tenían.
Cuando el turno finalizó, él fue a ver a su médico. Allí el doctor le hizo varias preguntas y un examen rápido. Aunque estaba agotado, él se mostraba más tranquilo estando en casa que allí internado.
Él fue consciente de que los oficiales de policía lo seguían sin perderlo de vista. Eso era un recordatorio silencioso de que hasta que el culpable no estuviese tras las rejas, esa sería su vida.
Azul no dijo nada, escuchó las recomendaciones del médico. También fue consciente del deseo de Maxi por recuperarse al plantear algunas cosas que podría comprar si eso le ayudaba a movilizarse mejor, tal como una bicicleta fija.
Al salir de la consulta médica, ella lo abrazó de la cintura porque lo veía débil y fatigado. Maxi pasó el brazo por detrás de sus hombros y pretendió no apoyarse demasiado en ella. No quería sobrecargarla ni que lo viera tan débil como estaba. Él anhelaba ser el hombre que ella necesitaba y en ese momento estaba muy lejos de serlo.
Azul notó los esfuerzos de él por mostrarse seguro y recuperado. También fue consciente de lo frustrado que él estaba y no sabía cómo podría ayudarlo.
Ellos subieron a un taxi. Maxi se había agitado al caminar esa corta distancia desde la entrada del hospital hasta el taxi que aparcaba en la acera a escasos metros.
Azul se sentó atrás con él. Puso su mano sobre la de él.
-Maxi, ¿Te encuentras bien? Estás muy callado- Preguntó
Él entrelazó sus manos y la acarició con el pulgar.
-Estaré bien. No dormí como debería, probablemente por eso me siento más cansado- Quiso justificar su debilidad con una excusa que en otra situación hubiese sido real
-Cuando lleguemos puedes darte una ducha y después ir a la cama- Sonrió para tranquilizarlo, pero él malinterpretó toda la situación creyendo que ella lo amaba y se lo estaba demostrando
-Mi cielo. Siempre creí que nadie sería suficiente para ti, pero ahora eso me preocupa- Ella se sintió confundida
El automóvil se detuvo tal como la conversación. Maxi aceptó ayuda para bajar, teniendo que dejar su orgullo de lado.
Al entrar al apartamento, Maxi fue con ayuda a la habitación donde había dormido y se sentó sobre la cama.
-Necesitaré que me ayudes en la ducha. No podré solo. Siento que hice más ejercicio que en toda mi vida- Ella notó que sus manos y piernas temblaban
-¿Quieres que yo te ayude?
-Si amor, eres mi novia. Se que no podemos hacer más que besarnos- Él suspiró con frustración porque deseaba hacer más, pero su cuerpo no estaba a la altura
-Déjame ver cómo te ayudo. Espera- Azul fue a su armario y después al baño para cambiarse
Ella salió con una blusa de tirantes y un short blanco. Azul notó como Maxi la miraba, un poco confundido.
-¿Puedes quitarte la ropa solo?- Le preguntó al notarlo tan fatigado
Maxi intentó, para sentirse útil y no pudo. Azul debió ocuparse porque su playera se había pegado a su piel por el sudor.
Cuando estuvo en bóxer, ella nuevamente evitó mirarlo de la cintura hacia abajo y él observó como ella se comportaba. Sabía que quería ayudarlo, pero la notaba demasiado tímida.
-Amor, ven aquí- Le pidió antes de que ella pudiera regular el agua- ¿Evitas mirarme porque temes excitarte o porque no me viste desnudo?
Azul se quedó sin habla y fue su turno de temblar.
ojalá en su plan este la Policía por si algo llega a pasar Azul se está arriesgando hacer eso solo a si