En toda historia existe un héroe, una heroína, un villano y luego estaban ellas.
Dos mujeres que competían incluso por quién era capaz de arruinar con mayor elegancia el día de la otra, toda la nobleza estaba convencida de que, tarde o temprano, una terminaría asesinando a la otra.
El destino también lo creyó, lo que jamás imaginó...era que, la noche de sus bodas, ambas morirían y despertarían dos almas completamente diferentes.
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ORIGINAL 4
"Dos mujeres hobernadas por el orgullo, jamas podrian compartir el misml cielo"
Una mañana de otoño, la Academia organizó un torneo amistoso de magia, no era una competencia oficial su único objetivo era medir el progreso de los estudiantes aun así las gradas estaban completamente llenas.
—¡Final del torneo!, ¡La señorita Aurelia Solarys!, contra ¡La señorita Lyssandra Vaelis!, las reglas son sencillas, no se permite utilizar magia superior al tercer círculo, no se permiten ataques letales y queda estrictamente prohibido abandonar los límites de la arena ¿Han entendido?
Fue Aurelia quien lanzó el primer hechizo, un pequeño rayo de luz dorada salió disparado, Lyssandra desapareció envuelta en una ráfaga de viento, el impacto levantó una nube de polvo, la joven de la Casa Vaelis reapareció detrás de Aurelia una corriente de aire comprimido atravesó la arena, Aurelia giró sobre sí misma, un escudo luminoso detuvo el ataque, durante varios minutos la arena se llenó de destellos, viento, luz y calor, ninguna desperdiciaba magia.
—Son extraordinarias
—Si algún día trabajan juntas, ningún enemigo podría enfrentarlas
El periódico más vendido del Imperio publicó otra historia "LA BATALLA MÁS VIOLENTA DE LA ACADEMIA" Según el artículo las dos jóvenes habían luchado movidas por un profundo resentimiento, incluso aseguraba que intentaron herirse deliberadamente en varias ocasiones.
El invierno llegó a la Academia con él, también llegó el anuncio más esperado del año, el Palacio Imperial organizaría el tradicional Baile del Solsticio, la celebración donde asistían todas las Grandes Casas Celestiales, para muchos estudiantes sería simplemente un baile para los nobles era el escenario perfecto para formar alianzas, cerrar acuerdos... y observar quién brillaba más que el resto.
"Antes de que una corona repose sobre la cabeza de un gobernante primero debe aprender cuánto pesa"
El Palacio Celestial de Astralis jamás lucía tan majestuoso como durante el Baile del Solsticio, miles de cristales encantados flotaban sobre los jardines, las fuentes reflejaban constelaciones que no existían en el cielo, los árboles de plata florecían únicamente aquella noche, cubriéndose de pequeñas hojas luminosas que caían lentamente sobre los invitados como si fueran copos de nieve, aquella celebración no era simplemente un baile era el mayor evento político del Imperio allí se decidían matrimonios y el futuro de generaciones enteras.
En uno de los balcones más altos del palacio un joven observaba en silencio cómo los carruajes comenzaban a llegar vestía un uniforme blanco con bordados dorados, no llevaba espada solo un anillo con el emblema de la familia Astralis, detrás de él permanecía un hombre de cabello completamente blanco
Tomas: Alteza
Darius: ¿Cuántos?
Tomas: Doscientos ochenta y siete nobles, cincuenta y cuatro delegaciones extranjeras, treinta y un embajadores
Darius: ¿Y cuántos vienen realmente a celebrar?
Tomas: Muy pocos
Aquel muchacho era el heredero al Trono Celestial, Darius Astralis tenía apenas veintisiete años, desde los dieciséis asistía a todas las reuniones del Consejo Imperial, desde los dieciocho dirigía campañas militares en las fronteras y desde los veinte había dejado de recordar lo que significaba tener tiempo libre
Darius: ¿Han llegado las familias Solarys y Vaelis?
Tomas: Están a pocos minutos del palacio, también asistirá la joven de la Casa Lunaris
Darius simplemente asintió, no mostró mayor interés, para él todos aquellos nombres eran piezas de un tablero político, nada más, muy lejos de allí en el ala occidental del palacio otro joven terminaba de ajustarse los guantes negros de gala, a diferencia de Darius, su habitación estaba llena de ruido
Damon: ¡No pienso usar esa capa!
—¡Su Alteza, es el protocolo!
Damon: ¡Pesa como una armadura!
—Porque está bordada con oro
-: ¡Precisamente!
Damon: Padre...
—Ve sin ella, mi hijo gobernará personas, no telas
Damon: Sabía que eras mi padre favorito
—Soy tu único padre
Damon: Eso hace más fácil elegir
—¿Y podrías, por favor, no llegar volando otra vez?
Damon: No prometo nada
Aquel era Damon Vaelis primo del heredero imperial y futuro Archiduque del Oeste, donde Darius era silencio, Damon era una tormenta, uno analizaba el otro improvisaba los dos eran completamente distintos y, sin embargo, eran tan cercanos como hermanos. Aquella noche ninguno de los dos imaginaba que las mujeres destinadas a convertirse en sus esposas ya cruzaban las puertas del Palacio Celestial.
Primero llegó la Casa Solarys, un carruaje blanco, adornado con finas telas doradas, avanzó lentamente hasta la escalera principal, cuando la puerta se abrió toda la conversación en los jardines cesó, Aurelia descendió con la elegancia de quien había sido preparada toda su vida para aquel momento, cada paso parecía ensayado, cada movimiento era impecable, su vestido dorado reflejaba la luz de los cristales flotantes.
—Parece una deidad
—No, parece una futura emperatriz
Minutos después el sonido de un fuerte viento recorrió los jardines, los invitados levantaron la vista, un enorme grifo blanco descendía lentamente desde el cielo, antes de que terminara de aterrizar una joven saltó desde su lomo con absoluta naturalidad, su vestido azul ondeó con la brisa
Lyssandra: Gracias, Relámpago
—¿Siempre llega así?