"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."
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Volver a respirar
No miro a nadie. Frente a mí solo se extiende un vacío infinito.
Ya no puedo sentir miedo, dolor... ni siquiera amor o esperanza.
Los años me arrebataron todo cuanto era. No solo acabaron con mi cordura; también arrancaron de mí cualquier sentimiento. Todo quedó enterrado entre aquellas cuatro paredes.
No sé si esta libertad será dulce, pero sí sé que es necesaria.
El encierro me enseñó a desear la muerte como la única forma de escapar de aquella interminable tortura.
Cierro los ojos cuando el verdugo coloca la cuerda alrededor de mi cuello.
Es áspera.
El silencio resulta sofocante.
No grito.
No lloro.
No suplico.
Solo... espero el final.
Entonces sucede.
Siento cómo mi cuerpo cae.
No abro los ojos.
No lucho.
Simplemente dejo que ocurra.
Mientras mi conciencia se desvanece, mi cuerpo se sacude por instinto, aferrándose a una vida que mi corazón dejó de desear hace mucho tiempo.
Yo no.
Yo solo quiero descansar.
Solo quiero paz.
Empiezo a caer.
¿Así se siente la muerte?
Hay oscuridad.
Hay frío.
Hay silencio.
Sobre todo, silencio.
Es una oscuridad distinta, mucho más asfixiante que la prisión donde pasé los últimos diez años.
No sé qué esperar.
Entonces...
Un delicado aroma a rosas invade el aire.
Sigo sin abrir los ojos.
Mi cuerpo se siente ligero, una sensación que había olvidado hacía mucho tiempo.
Un sonido suave y melodioso llega hasta mis oídos.
Algo cálido acaricia mi piel.
Abro los ojos de golpe.
No hay oscuridad.
No hay frío.
No hay dolor.
Me incorporo con brusquedad.
Mis ojos recorren la habitación.
La reconozco al instante.
Mi habitación.
Mi refugio.
El lugar donde pasé incontables noches llorando por el desprecio de mi padre y la indiferencia de Azel.
Todo permanece igual.
Cálido.
Silencioso.
Iluminado por la luz de la mañana.
Exactamente como lo recordaba.
No...
No puede ser.
El miedo me golpea con violencia.
Comienzo a temblar.
Me levanto con desesperación y observo cada rincón sin comprender cómo he llegado allí.
Mi respiración se vuelve errática.
Sin pensarlo, corro hasta el espejo del tocador.
Levanto lentamente una mano y acaricio mi rostro.
Mi piel...
Está suave.
Sin cicatrices.
Sin heridas.
Mis largos cabellos plateados caen hasta mi cintura, brillando bajo la luz.
Mis ojos rojos...
Están vivos.
Pero en ellos aún habita el recuerdo de la muerte.
Un golpe.
El puño impacta contra el espejo antes de que pueda detenerme.
Otro.
Y otro más.
El cristal comienza a resquebrajarse mientras mis lágrimas caen sin control.
Los sollozos escapan de mis labios.
No puedo detenerme.
Todo vuelve.
La torre.
El hambre.
Los golpes.
La soledad.
La traición.
El miedo.
El dolor.
Todo cae sobre mí como una tormenta que nunca terminó.
Sigo golpeando.
Ni siquiera recuerdo cuándo empecé a hacerlo con ambas manos.
Solo veo la sangre resbalar entre mis dedos.
El dolor...
Es real.
Demasiado real.
Retrocedo hasta que mi espalda golpea la pared.
Mis piernas dejan de sostenerme.
Resbalo lentamente hasta quedar sentada sobre el suelo.
Respirar duele.
Todo duele.
La habitación gira.
La oscuridad vuelve a envolverme.
Y esta vez...
La dejo llevarme.
Los gritos recorren toda la mansión.
Sin embargo, nadie acude de inmediato.
No hay un padre preocupado.
No hay hermanos corriendo hacia ella.
Solo una pequeña niña pregunta, con la voz temblorosa, si su hermana mayor está bien.
Nana Lía, una mujer de avanzada edad, abandona su habitación tan pronto escucha el alboroto.
Corre con la desesperación de una madre.
Porque, aunque la sangre no las uniera, Everly siempre fue la hija que su corazón decidió criar.
La última huella de la mujer a la que había servido con absoluta lealtad.
Abre la puerta.
El aire se le escapa de los pulmones.
Everly yace inconsciente sobre el suelo.
El espejo está completamente destrozado.
La sangre cubre sus manos.
—¡Señorita!
La anciana cae de rodillas junto a ella.
Sus manos tiemblan mientras acaricia su rostro.
—¡Llamen al médico! ¡Rápido!
Las doncellas entran apresuradas.
La habitación se llena de voces, pasos y lágrimas.
Pero Everly...
No escucha nada.
La oscuridad vuelve.
Siento que floto otra vez.
El dolor...
Era real.
El miedo...
También.
¿Qué fue todo aquello?
No quiero abrir los ojos.
No sé cómo hacerlo.
Pasé tanto tiempo viviendo entre las sombras...
......que ahora no sé cómo volver a vivir....