Algunas personas llegan a tu vida para cambiarla.
Liam pensaba que la universidad sería solo un nuevo comienzo.
Nunca imaginó que terminaría encontrando a alguien capaz de cambiar por completo su ritmo.
Entre bailes, competencias, amistades inolvidables, heridas del pasado y sentimientos que nacieron cuando menos lo esperaban, Liam y Kae descubrirán que ciertos encuentros no son coincidencias.
Porque algunas personas están destinadas a encontrarse.
A seguirse.
A perderse.
Y finalmente…
A chocar.
Ritmos Que Nos Chocan es una historia sobre amor, crecimiento, segundas oportunidades y aquellos lazos que permanecen incluso cuando todo parece intentar separarlos.
NovelToon tiene autorización de Leamsi Espinoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Negación
A la mañana siguiente…
Liam seguía sin tener una respuesta.
Por más vueltas que le daba, siempre terminaba llegando a la misma pregunta.
¿Qué fue eso?
Se giró sobre la cama.
Luego hacia el otro lado.
Y finalmente terminó mirando el techo.
Otra vez.
Exactamente igual que la noche anterior.
Porque aquella mirada seguía allí.
Como una canción imposible de sacar de la cabeza.
—Esto es ridículo…
murmuró.
Y tal vez lo era.
Porque no había pasado nada.
Absolutamente nada.
Nadie había dicho nada.
Nadie había hecho nada.
Y aun así…
Algo había cambiado.
Lo sentía.
Aunque no supiera explicarlo.
⸻
En la cafetería, Emma no tardó ni cinco minutos en notarlo.
—Estás raro.
Liam levantó la vista de su desayuno.
—Buenos días para ti también.
—No cambies el tema.
—Ni siquiera hay un tema.
—Sí lo hay.
Noah bebió de su café sin intervenir.
Eso era peor.
Porque cuando Noah no decía nada, normalmente significaba que estaba de acuerdo con Emma.
—No estoy raro.
—Sí.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Liam dejó el tenedor sobre la mesa.
—¿Podemos no hacer esto tan temprano?
—Podríamos —respondió Emma—. Pero no quiero.
—Qué amable.
—Siempre.
Noah finalmente levantó la vista.
—Estás distraído.
Liam lo señaló.
—Tú no ayudas.
—No estaba intentando ayudar.
—Claramente.
Emma apoyó los codos sobre la mesa y lo miró con demasiada atención.
—¿Tiene que ver con Kae?
Liam casi se atragantó.
—¿Qué?
—Eso fue un sí.
—Eso no fue un sí.
—Fue un casi muero porque dijiste su nombre.
—Emma.
—Liam.
—No pasó nada.
Emma se quedó quieta.
Luego sonrió.
—Yo no pregunté si había pasado algo.
Silencio.
Noah cerró lentamente su cuaderno.
—Eso fue interesante.
—Noah, no empieces tú también.
—Solo estoy observando.
—Observen otra cosa.
Emma sonrió más.
—Entonces sí pasó algo.
—No.
—¿Entonces por qué te pusiste así?
—Porque ustedes son intensos.
—Eso no responde nada.
Liam tomó su mochila y se levantó.
—Tengo clase.
—Tu clase empieza en cuarenta minutos.
—Quiero llegar temprano.
—Nunca quieres llegar temprano.
—Hoy sí.
—Mentira.
—Adiós.
Emma lo vio alejarse.
Luego miró a Noah.
—Está perdido.
Noah volvió a abrir su cuaderno.
—Muchísimo.
⸻
Kae tampoco estaba mejor.
Aunque, a diferencia de Liam, él no tenía a Emma encima haciendo preguntas.
Eso era una ventaja.
Una enorme.
El problema era que ni siquiera necesitaba preguntas.
Su propia cabeza ya era suficiente.
Intentó entrenar como siempre.
No funcionó.
Intentó concentrarse en sus apuntes.
Peor.
Intentó revisar estrategias para el siguiente partido.
Nada.
Todo terminaba en el mismo lugar.
La sala de cine.
La luz de la pantalla.
Liam riéndose a su lado.
La mirada.
El silencio.
Ese instante donde algo casi pasó.
Y no pasó.
Kae dejó el lápiz sobre la mesa y se cubrió el rostro con una mano.
—Idiota…
No sabía si se lo decía a sí mismo.
O a su corazón.
Probablemente a ambos.
Porque la respuesta era obvia.
Demasiado obvia.
Lo había sido desde hacía tiempo.
Tal vez desde antes de la competencia.
Tal vez desde que Liam le mandó aquel primer mensaje.
Tal vez desde que empezó a notar su ausencia.
O incluso desde antes.
Desde mucho antes.
Pero admitirlo era otra cosa.
Admitirlo significaba darle forma.
Y darle forma significaba que podía romperse.
⸻
Más tarde, Liam lo encontró cerca de los edificios deportivos.
Kae estaba sentado en una banca, con una botella de agua en la mano y la mirada perdida en algún punto del campus.
—Te ves fatal.
Kae levantó la vista.
—Gracias.
—Era una observación.
—Muy amable.
Liam se sentó a su lado sin pedir permiso.
Como si ya fuera normal.
Y eso también era parte del problema.
Porque lo era.
—¿Dormiste?
preguntó Liam.
—Algo.
—Eso significa que no.
—Significa algo.
—Kae.
—Liam.
—No hagas eso.
—¿Qué cosa?
—Responderme como si fueras una pared con voz.
Kae lo miró.
Liam sostuvo la mirada.
Y ahí estaba otra vez.
Esa sensación.
La misma del cine.
Más suave.
Más silenciosa.
Pero presente.
Liam apartó la vista primero.
—Bueno…
Kae también miró hacia el frente.
—Bueno.
El silencio cayó entre ellos.
No era incómodo.
Eso era lo peligroso.
Era demasiado cómodo.
Demasiado familiar.
Demasiado fácil quedarse allí.
—¿Pesadillas?
preguntó Liam de pronto.
Kae tardó un segundo en responder.
—Algo así.
—¿Otra vez?
—No fue tan malo.
—Eso no responde si estás bien.
Kae giró un poco el rostro.
Liam no estaba sonriendo.
Tampoco estaba molestándolo.
Solo lo miraba con una preocupación tranquila.
Como si pudiera esperar la respuesta todo el tiempo que hiciera falta.
Y eso golpeó a Kae en un lugar que no supo defender.
—Estoy bien.
dijo al final.
Liam lo observó unos segundos más.
—No te creo del todo.
—Lo sé.
—Pero no voy a presionarte.
Kae bajó la mirada hacia la botella.
—Gracias.
Liam sonrió apenas.
—De nada.
⸻
Por un rato, ninguno habló.
El campus seguía moviéndose alrededor de ellos.
Estudiantes pasando.
Risas a lo lejos.
El viento moviendo las hojas de los árboles.
Y ellos dos sentados en una banca, fingiendo que todo era normal.
Aunque ya no lo era.
—Tengo ensayo.
dijo Liam finalmente.
—Yo entrenamiento.
—No te mates.
—No prometo nada.
—Eres insoportable.
—Eso me han dicho.
Liam soltó una risa.
Y Kae sonrió.
Sin darse cuenta.
Otra vez.
Liam se levantó y se acomodó la mochila.
—Nos vemos luego.
—Sí.
—Y duerme.
—Sí, mamá.
—No me digas así.
—Entonces no actúes como una.
—Me preocupas y me insultas. Qué bonito.
—No fue un insulto.
—Claro.
Liam comenzó a caminar hacia su facultad.
Kae se quedó sentado.
Observándolo alejarse.
Hasta que desapareció entre los estudiantes.
Entonces soltó un suspiro.
Lento.
Pesado.
Rendido.
Porque ya no podía seguir fingiendo.
No era curiosidad.
No era costumbre.
No era solo cariño.
Era Liam.
Le gustaba Liam.
Muchísimo más de lo que debería.
Y negar algo tan evidente estaba empezando a ser agotador.