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Cautiva

Cautiva

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Romance / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Amar es lindo, que te ame y elija vez tras vez la misma persona que amas, es inexplicable. Pero lamentablemente, en este mundo, hay demasiadas personas rotas, demasiadas personas tratando de curar sus heridas, demasiadas personas sin saber reconocer cuando son amadas y cuando solamente son un paso en la vida. Y muchas personas olvidan lo más importante, para amar a otros sin lastimar, primero debemos amarnos nosotros mismos

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6 El relato de la ciudad que no olvida

Ana Laura no volvió a casa después de la conversación con Jared.

No porque no quisiera.

Sino porque algo dentro de ella se había roto en silencio.

“Esto no solo es tu pasado… es una guerra que todavía no ha terminado.”

La frase seguía girando en su mente como una navaja invisible.

Caminó sin rumbo por la ciudad durante casi una hora, hasta que terminó sentándose en una plaza poco concurrida. Observaba a las personas pasar, reír, hablar de cosas simples… como si el mundo no escondiera secretos bajo cada esquina.

Pero el suyo sí.

El suyo estaba lleno de grietas.

Y todas conducían al mismo nombre.

Montenegro.

Sacó su teléfono, dudó unos segundos y marcó.

—¿Ana? —la voz de Samuel respondió al instante.

—Estoy bien —dijo ella rápidamente—. Solo… necesitaba pensar.

Hubo un silencio del otro lado.

—¿Dónde estás?

—En la ciudad.

—Voy por ti.

—No hace falta.

—Ana…

—Papá, por favor.

Otra pausa.

Samuel no insistió.

—No te alejes demasiado.

—No lo haré.

Colgó.

Pero no se movió.

Porque por primera vez no quería volver a la mansión.

Quería respuestas.

Y sabía exactamente dónde podía empezar a encontrarlas.

El pequeño bar de la esquina de la plaza tenía un ambiente antiguo, casi detenido en el tiempo.

Ana entró con paso firme.

Pidió un café que ni siquiera tenía ganas de tomar.

Y se sentó cerca de una mesa donde un hombre mayor leía el periódico.

Lo observó unos minutos.

Esperó.

Hasta que finalmente habló.

—Disculpe…

El hombre levantó la vista.

—¿Sí, señorita?

Ana dudó un segundo.

—Estoy buscando información sobre una familia antigua de esta ciudad… los Montenegro.

El hombre dejó el periódico lentamente.

La miró.

Y algo cambió en su expresión.

No sorpresa.

No curiosidad.

Sino… incomodidad.

—¿Montenegro? —repitió.

—Sí.

El hombre se acomodó en la silla.

—¿Por qué preguntas por ellos?

Ana sintió que había dado en el lugar correcto.

—Estoy investigando algo personal.

El hombre la observó durante unos segundos más.

Luego suspiró.

—No es un nombre que se diga en voz alta en esta ciudad.

Ana frunció el ceño.

—¿Por qué?

Él bajó la voz.

—Porque esa familia… controlaba todo.

El corazón de Ana se aceleró.

—¿Controlaba?

El hombre asintió.

—Hace más de veinte años, los Montenegro eran los dueños de la mitad de los negocios importantes del país. Petróleo, transporte, tierras… todo.

Ana sintió un pequeño golpe interno.

Petróleo.

Esa palabra no pasó desapercibida.

—¿Y qué pasó con ellos?

El hombre dudó.

Miró alrededor, como si temiera ser escuchado.

—Desaparecieron de la vida pública de un día para otro.

Ana se inclinó hacia adelante.

—¿Cómo así?

—Escándalos. Rumores. Conflictos internos. Nadie sabe exactamente qué ocurrió.

—¿Y la familia?

El hombre bajó la mirada.

—Se fragmentó.

El silencio se volvió pesado.

—Hubo una tragedia —añadió finalmente.

Ana sintió un escalofrío.

—¿Qué tipo de tragedia?

El hombre negó lentamente.

—Eso… es lo que nadie quiere contar.

Ana apretó los dedos sobre la mesa.

—Necesito saberlo.

El hombre la miró con seriedad.

—Muchos lo intentaron. Y muchos dejaron de preguntar.

La advertencia era clara.

Pero Ana no retrocedió.

—Yo no voy a dejar de preguntar.

El hombre la observó unos segundos más.

Luego suspiró.

—Hace veintidós años ocurrió algo en esta ciudad.

Ana sintió su pulso acelerarse.

—¿Qué?

El hombre bajó aún más la voz.

—La heredera de los Montenegro desapareció.

El aire se detuvo.

Ana quedó inmóvil.

—¿Desapareció?

—Sí.

—¿Cómo?

El hombre negó.

—Nunca se supo. Solo que una noche dejó de estar.

Ana sintió un nudo en el estómago.

—¿Y nadie la buscó?

El hombre soltó una risa amarga.

—La buscaron… pero no oficialmente.

Ana frunció el ceño.

—No entiendo.

El hombre la miró directamente.

—Los Montenegro no son una familia normal, señorita. No se buscan en periódicos.

El silencio volvió a caer.

Ana respiró lentamente.

—¿Y el resto de la familia?

El hombre dudó.

—Después de eso… el poder pasó a manos del patriarca.

Ana sintió tensión en el pecho.

—¿Quién era?

—Horacio Montenegro.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Ana lo repitió mentalmente.

Horacio.

—Era un hombre duro —continuó el hombre—. De esos que no permiten errores.

Ana sintió un escalofrío.

—¿Y la heredera?

El hombre bajó la mirada.

—Volvió meses después.

Ana se quedó inmóvil.

—¿Volvió?

—Sí. Pero ya no era la misma historia.

El hombre la observó con seriedad.

—Dicen que la obligaron a casarse.

Ana sintió el estómago encogerse.

—¿Con quién?

El hombre dudó.

—Con alguien elegido por su padre.

Ana sintió que la información comenzaba a volverse más oscura.

—¿Y después?

El hombre negó.

—Después… todo se volvió silencio.

Ana se quedó callada.

Demasiada información.

Demasiadas piezas sueltas.

Pero una imagen empezaba a formarse.

Una familia poderosa.

Una desaparición.

Un control absoluto.

Un apellido borrado.

Y un orfanato.

—Gracias —susurró finalmente.

El hombre asintió sin mirarla.

—Solo te diré algo más.

Ana lo miró.

Él se inclinó ligeramente.

—Cuando una familia como esa desaparece de los registros… no es porque se hayan ido.

Pausa.

—Es porque alguien decidió que no debían existir.

Ana sintió un escalofrío profundo.

Cuando salió del bar, el cielo estaba más oscuro.

La ciudad parecía distinta.

Más pesada.

Más silenciosa.

Ana caminó lentamente, procesando todo.

Herederos.

Desapariciones.

Control.

Y un nombre que no dejaba de repetirse en su mente.

Montenegro.

Sacó su teléfono.

Y sin pensarlo demasiado, marcó a Jared.

Él respondió casi de inmediato.

—Sabía que llamarías —dijo.

Ana respiró hondo.

—Necesito verte.

Silencio.

—¿Dónde estás?

—En el centro.

—Quédate ahí.

—¿Por qué?

La voz de Jared bajó.

—Porque hay cosas que no se deben hablar en movimiento.

Ana cerró los ojos un segundo.

—Jared…

—Voy para allá —dijo él antes de que pudiera terminar.

Y colgó.

Ana se quedó quieta en la calle.

El viento movía suavemente su cabello.

Y por primera vez, no sintió que estaba buscando algo del pasado.

Sintió que el pasado la estaba alcanzando.

Y que muy pronto…

ya no habría forma de escapar de él.

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Primi Mendez
pero no tiene sentido que diga que no podrá escaparse de su pasado si ella es lo que esta buscando. y lo que se busca siempre se encuentra /Bye-Bye/
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