Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Un refugio compartido
Después de varios intentos fallidos, Tobías por fin consiguió agarrar una pata de la silla que estaba atorada en la rama del árbol.
Empezó a halar, pero el árbol no la dejaba ir.
Tobías: Jack, voy a subirme a esa rama.
Jack: No seas tonto, te puedes caer.
Tobías ignoró a su amigo y puso un pie en la rama del árbol para luego subir el resto de su cuerpo.
Tobías caminó a gatas hacia la silla e intentó safarla de entre las ramas.
Jack miraba desde abajo, preocupado y aún sosteniendo la escalera.
Tobías: Vamos, porquería... suéltate.
Jack: Tobi, ten cuidado... Si caes, no podré atraparte.
Tobías continuó su batalla para desatascar la silla de las ramas del árbol y, después de tirar varias veces de ella, por fin se soltó y cayó al suelo.
Jack: ¡Sí! Eres impresionante, Tobi.
Tobías: Deja de saltar y mueve la escalera para que pueda bajar de aquí.
Jack movió la escalera más cerca de su amigo para que este pudiera apoyarse, pero, en un mal movimiento, la rama en la que estaba apoyado se rompió.
Tobías soltó un grito al sentir cómo el suelo desaparecía bajo sus pies.
Por puro reflejo, lanzó una mano hacia arriba y logró sujetarse de otra rama.
La escalera cayó a un lado.
Jack sintió que el corazón se le detenía.
Tobías quedó suspendido en el aire, aferrándose con todas sus fuerzas. La rama crujía bajo su peso.
Tobías: ¡Jack!
Jack: ¡No te sueltes!
Las manos de Tobías comenzaron a resbalar.
El miedo golpeó a Jack como una ola.
No quería que su amigo cayera.
No quería verlo lastimado.
Corrió hasta el tronco del árbol y apoyó una mano sobre la corteza.
—Por favor... —murmuró.
Una extraña sensación recorrió su brazo.
Algo cálido.
Algo que parecía responder a la desesperación que sentía.
Las raíces bajo la tierra comenzaron a moverse.
La corteza crujió.
Frente a los ojos de ambos, una gruesa rama brotó lentamente del tronco y se extendió hacia Tobías.
Tobías abrió los ojos de par en par.
Jack también se quedó inmóvil, un resplandor verde lo cubría a él y al árbol.
La nueva rama siguió creciendo hasta quedar justo debajo de él.
—¡Tobi, apóyate ahí! —gritó Jack.
Sin entender qué estaba pasando, Tobías obedeció y logró colocar un pie sobre la rama recién nacida.
El peso dejó de colgar de sus brazos.
Poco a poco recuperó el equilibrio.
Jack soltó el aire que había estado conteniendo.
Su corazón seguía latiendo con fuerza.
No entendía qué acababa de ocurrir.
Jack se movió rápidamente y volvió a colocar la escalera para que su amigo pudiera bajar.
Tobías se apoyó en ella con cuidado y descendió con los nervios de punta.
Al llegar al suelo, miró a Jack y lo abrazó con fuerza.
Jack se quedó quieto, sorprendido.
Tobías: No sé qué demonios hiciste, pero me ahorraste una visita a urgencias y un yeso en el pie.
Jack soltó una risita contagiosa.
Jack: Te dije que podía controlar la tierra y lo que crece en ella.
Tobías: Pues es impresionante...
Jack: ¿No te doy miedo?
Tobías: No, Jacky... ya no.
Los dos amigos se sentaron sobre el césped y tomaron un refresco para calmarse un poco después de aquel gran susto.
Durante unos minutos permanecieron en silencio, disfrutando de la tranquilidad y de saber que todo había salido bien.
Después de relajarse, ambos entraron a la casa y se dirigieron a la habitación de Jack.
Jack se sentó en su cama e invitó a Tobías a sentarse a su lado.
Sacó los controles de su consola y la encendió.
Tobías tomó uno de los mandos y se acomodó.
Tobías: Wow... tienes la última PlayStation. ¿Cuándo la compraste?
Jack: Fue un regalo de mi mamá por... no haber podido asistir a mi cumpleaños número dieciocho.
Tobías notó que, por un instante, una sombra de tristeza cruzó los ojos de Jack, aunque este intentó ocultarla.
Tobías: Pero... ese día yo estuve contigo todo el tiempo, y los regalos que te había dado tu madre eran dinero. No me habías dicho que también te había comprado esa consola.
Jack: Fue reciente. Recuerda que cumplí años hace poco.
Tobías: Sí, ahora eres un hombre hecho y derecho... ya puedes votar.
Jack rio con esa tierna risa que siempre lo caracterizaba.
Jack: Lo dices como si fueras cinco años mayor que yo.
Tobías: Jaja... bueno, soy mayor que tú.
Jack: Pero solo por dos meses, tonto...
Tobías le sonrió a Jack y apoyó la cabeza sobre su hombro.
Jack se quedó helado.
Sentía el peso de la cabeza de Tobías sobre su hombro y, por alguna razón, eso hizo que su corazón se acelerara.
Tobías: ¿Te vas a quedar viendo el menú o vas a poner un juego?
Jack, con las manos un poco temblorosas, oprimió los botones del control y abrió el juego favorito de ambos.