Mei es una chica a la que le encantan las novelas de época antigua. La cuál reencarna en la novela, la flor negra; como la exesposa del villano. Ella creía saber el final de esa historia, pero se dará cuenta que no todo final está escrito.
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Capítulo 11: Algo detrás de esa sonrisa
El aire frío de la noche golpeó suavemente el rostro de Aurelia apenas salió de la enorme mansión.
Después de horas rodeada de nobles, música y sonrisas falsas, el silencio del exterior se sintió extrañamente tranquilo.
Aunque no lo suficiente.
Porque aquella sensación incómoda seguía ahí.
Los sirvientes abrieron rápidamente las puertas del carruaje mientras varios nobles continuaban abandonando la gala detrás de ellos.
Aurelia acomodó ligeramente el vestido antes de subir primero.
Damián entró poco después.
Y apenas la puerta se cerró, el ruido del exterior desapareció casi por completo.
Silencio.
Solo el sonido constante de las ruedas avanzando lentamente por las calles de la capital.
Aurelia apoyó ligeramente la cabeza contra la ventana mientras observaba las luces nocturnas del exterior.
Qué noche tan agotadora.
—Parece cansada.
Aurelia levantó apenas la vista.
Damián seguía sentado frente a ella con la misma expresión tranquila de siempre.
Como si la gala no hubiera significado absolutamente nada.
—Porque lo estoy.
Damián sostuvo su mirada unos segundos antes de hablar nuevamente.
—Lo manejó mejor de lo que esperaba.
Aurelia arqueó apenas una ceja.
—¿Eso fue un cumplido?
—No se acostumbre.
Aurelia soltó una pequeña risa cansada.
Honestamente, comenzaba a creer que esa era simplemente la manera normal en que Damián hablaba con las personas.
Frío.
Directo.
Pero extrañamente sincero.
El carruaje continuó avanzando lentamente entre las calles iluminadas de la capital.
Por unos segundos, ninguno habló.
Y aun así, el silencio entre ambos ya no se sentía tan incómodo como antes.
Aurelia lo notó inmediatamente.
Y eso la puso nerviosa.
Porque estaba empezando a acostumbrarse demasiado a él.
Mala idea.
Muy mala idea.
Damián seguía siendo el villano de la historia.
El hombre que eventualmente se convertiría en uno de los mayores peligros del imperio.
Entonces…
¿por qué cada vez le costaba más verlo únicamente de esa manera?
Aurelia apartó lentamente la mirada hacia la ventana otra vez.
Las imágenes de la gala comenzaron a regresar poco a poco a su mente.
Kael.
Lyra.
Las miradas.
Los rumores.
Y sobre todo…
aquella sensación extraña que no lograba desaparecer.
—Está pensando demasiado otra vez.
Aurelia levantó ligeramente la vista.
—¿Siempre nota todo?
—La mayoría de las veces.
Claro.
Eso explicaba demasiadas cosas.
Aurelia soltó lentamente el aire antes de responder:
—Solo estaba pensando en lady Lyra.
Por primera vez desde que subieron al carruaje, la expresión de Damián cambió apenas.
Fue algo pequeño.
Casi imperceptible.
Pero Aurelia logró notarlo.
—¿Lady Lyra? —repitió él.
Aurelia frunció ligeramente el ceño mientras organizaba sus pensamientos.
—Todo el mundo parece adorarla.
—Porque es inteligente.
—No dije que no lo fuera.
El silencio volvió a llenar el carruaje.
Aurelia desvió ligeramente la mirada.
—Pero algo se siente extraño.
Damián la observó sin responder inmediatamente.
Como si esperara que continuara hablando.
—Es difícil de explicar —murmuró Aurelia—. Todo parece… demasiado perfecto.
La sonrisa de Lyra apareció nuevamente en su mente.
Elegante.
Hermosa.
Exactamente igual a como la recordaba.
Entonces, ¿por qué ahora le resultaba inquietante?
—Esa es una opinión peligrosa.
Aurelia soltó una pequeña risa sin humor.
—No planeo decirla frente a toda la nobleza.
—Aun así.
Su voz seguía siendo tranquila.
Pero Aurelia percibió algo diferente detrás de aquellas palabras.
Advertencia.
Como si realmente estuviera intentando protegerla.
Qué extraño.
—No confía fácilmente en las personas, ¿verdad? —preguntó Damián de repente.
Aurelia sostuvo su mirada unos segundos.
Si él supiera que conocía la historia original…
probablemente pensaría que había perdido la razón.
—Supongo que no —respondió finalmente.
Damián apoyó ligeramente el brazo contra el asiento mientras seguía observándola.
—Eso no siempre es algo malo.
Otra vez.
Ese tono extraño.
Menos frío.
Más sincero.
Aurelia apartó lentamente la mirada porque comenzaba a sentirse incómoda de una forma diferente.
No por miedo.
No por tensión.
Sino porque cada conversación con Damián parecía volverse más personal sin que ella lo notara.
Y eso era peligroso.
Muy peligroso.
El carruaje finalmente disminuyó la velocidad.
La enorme mansión ducal apareció frente a ellos bajo la oscuridad de la noche.
Los sirvientes se acercaron rápidamente apenas el carruaje se detuvo.
Uno de ellos abrió la puerta inmediatamente.
Aurelia descendió primero.
El aire nocturno seguía siendo frío.
Pero mucho más tranquilo que la gala.
Damián bajó poco después.
Y por un instante, ambos permanecieron en silencio frente a la enorme entrada iluminada.
—Duquesa.
Beatriz apareció rápidamente desde el interior de la mansión.
Claramente había estado esperando despierta.
—¿La gala salió bien?
Aurelia la observó unos segundos antes de responder:
—Sobreviví.
Beatriz soltó una pequeña risa aliviada.
—Eso ya es suficiente.
Damián comenzó a caminar hacia el interior sin añadir nada más.
Pero antes de desaparecer completamente, se detuvo apenas unos segundos.
—Descanse.
Aurelia levantó ligeramente la vista sorprendida.
Damián no volteó.
Simplemente continuó caminando después de decir aquello.
Y sinceramente…
eso fue aún más extraño.
Beatriz observó discretamente la escena antes de acercarse un poco más a Aurelia.
—El duque parece de buen humor esta noche.
Aurelia soltó una pequeña risa incrédula.
—Si eso es buen humor, entonces me preocupa cómo es normalmente.
Beatriz intentó ocultar una sonrisa mientras ambas comenzaban a caminar por los largos pasillos de la mansión.
El ambiente era silencioso a esas horas.
La mayoría de los sirvientes ya se había retirado.
Aurelia comenzaba a sentirse agotada de verdad.
Física y mentalmente cansada.
Pero justo cuando estaba a punto de subir las escaleras…
recordó algo.
Algo pequeño.
Pero extraño.
Durante toda la gala…
Lyra jamás dejó de observar las reacciones de Kael.
Cada mirada.
Cada conversación.
Cada movimiento.
Como si estuviera comprobando constantemente algo.
Aurelia se quedó inmóvil unos segundos.
Y lentamente, una idea incómoda comenzó a formarse en su mente.
No.
Eso no tenía sentido.
En la historia original, Lyra era perfecta.
Amable.
Dulce.
Querida por todos.
Entonces…
¿por qué comenzaba a sentir que había algo escondido detrás de aquella sonrisa?
Algo que nadie más parecía notar.
Aurelia levantó lentamente la mirada hacia la oscuridad del pasillo.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…
comenzó a preguntarse si realmente conocía la historia tanto como creía.