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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:578.6k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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capitulo 15

​La mansión Volkov se sentía como un mausoleo de mármol bajo la luz de la luna. Esa noche, el silencio habitual no era de paz, sino de presagio.

Liam se había marchado hacía dos horas a la Gran Gala del Círculo de Inversores, presionado por Sabrina, quien lucía un vestido de seda negra que parecía una armadura de escamas. Liam se despidió de Elena con una mirada cargada de una disculpa silenciosa y una advertencia: "No te muevas de tu habitación, los guardias tienen órdenes de vigilar cada acceso".

​Elena, recluida en la habitación contigua a la de Ian, no podía dejar de mirar el monitor inalámbrico que había logrado esconder bajo su almohada. Su instinto médico, ese sexto sentido que se agudiza en las trincheras de la medicina pública, le gritaba que la calma de Ian era artificial.

​A las once de la noche, el monitor emitió un pitido que no era el de una alarma común. Era un sonido sordo, rítmico pero descendente. Bradicardia severa.

​Elena saltó de la cama. Al intentar abrir la puerta que conectaba con la suite de Ian, se encontró con que la cerradura electrónica había sido bloqueada desde el exterior.

​—¡Maldita sea! —exclamó, golpeando la madera—. ¡Abran esta puerta! ¡El niño se está muriendo!

​Desde el otro lado, la voz de Martha, la enfermera de Sabrina, sonó fría y mecánica:

—La doctora Ríos tiene prohibido el contacto con el paciente por orden del consejo de seguridad. El niño solo está durmiendo profundamente. No intervenga.

​Elena sintió una oleada de puro terror transformarse en una furia fría. Sabía que si esperaba a que Liam regresara de la gala, solo encontraría un cuerpo frío. Miró a su alrededor.

La ventana de su cuarto daba a una cornisa estrecha que conectaba con el balcón de la habitación de Ian. Eran diez metros de altura sobre un suelo de piedra.

​Sin pensarlo, Elena se quitó las sandalias, abrió el ventanal y salió al vacío. El viento de la noche le azotó el rostro, pero ella solo pensaba en el pequeño de siete años cuya vida pendía de un hilo. Se aferró a la piedra fría, sus dedos sangrando ligeramente por la fricción, y avanzó paso a paso por la cornisa. Cuando llegó al balcón de Ian, pateó el cristal con todas sus fuerzas hasta que cedió.

​Al entrar, la escena era dantesca. Ian estaba cianótico, con los labios de un azul violáceo y la mirada perdida. Martha estaba allí, paralizada, sosteniendo una jeringa vacía. Al ver a Elena entrar como un ángel de venganza cubierto de cristales, la enfermera soltó un grito y huyó de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

​—Ian, mírame... no te vayas, por favor —suplicó Elena, cayendo de rodillas junto a la cama.

​El pulso era casi imperceptible. Elena no tenía su equipo completo, solo su maletín de emergencia que siempre llevaba consigo. Sabía que la válvula estaba colapsando debido al inhibidor que Sabrina le había estado suministrando.

Necesitaba realizar una maniobra de percusión precordial y una administración de adrenalina directa para forzar al corazón a reaccionar antes de que el daño cerebral fuera irreversible.

​Con una mano firme, Elena realizó el golpe seco en el esternón del niño, una maniobra desesperada que solo se usa cuando no hay desfibrilador a mano.

​—¡Latid, maldita sea! ¡Late! —le gritó al corazón de Ian como si pudiera darle órdenes a la biología.

​Cargó una jeringa de epinefrina. Sus manos, que minutos antes temblaban en la cornisa, ahora eran de acero. Localizó el punto exacto y administró la dosis. Luego, comenzó el masaje cardíaco. Uno, dos, tres, exhala. Uno, dos, tres, exhala.

​El tiempo se detuvo. Los minutos se estiraron como chicles de agonía. Elena estaba empapada en sudor, sus músculos ardían y sus pies descalzos estaban cortados por los cristales del balcón, pero no se detuvo. Sentía cada costilla del niño bajo sus palmas, sentía la fragilidad de esa vida que ella se negaba a entregar.

​—No te vas a morir en esta casa de cristal, Ian. Te lo prometo —susurró, con lágrimas cayendo sobre el pecho del niño.

​De pronto, un jadeo violento. Ian arqueó la espalda y una bocanada de aire entró en sus pulmones con un sonido estridente. El monitor, que antes marcaba una línea casi plana, estalló en un ritmo frenético pero constante. El color empezó a volver a sus mejillas.

​Elena se desplomó sentada en el suelo, sollozando de puro alivio, mientras sostenía la mano pequeña de Ian, que empezaba a recuperar temperatura.

​Media hora después, el estruendo de un motor de lujo anunció la llegada de Liam. Entró en la mansión como un tornado, todavía con el esmoquin puesto, pero con la corbata deshecha. Había recibido una alerta en su teléfono sobre la rotura del cristal en la suite. Tras él, Sabrina intentaba mantener el paso, con una expresión de fingida preocupación que ocultaba un pánico creciente.

​Cuando Liam derribó la puerta de la habitación de Ian, se detuvo en seco.

​La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por los monitores médicos. Elena estaba sentada en el suelo, apoyada contra la base de la cama de Ian. Tenía el cabello revuelto, la cara manchada de hollín y sudor, y sus pies estaban vendados de forma improvisada con jirones de una sábana. Ian dormía, pero su respiración era profunda y sonora, la respiración de alguien que ha vuelto de la muerte.

​Elena levantó la vista. Sus ojos, antes desafiantes, ahora estaban cargados de un cansancio infinito y una tristeza que le partió el alma a Liam.

​—Está vivo, Liam —dijo ella con la voz rota—. Pero no gracias a tus guardias, ni a tu seguridad, ni a tu "prometida".

​Liam se acercó a ella, ignorando a Sabrina que se había quedado en el umbral, pálida como un espectro. Se arrodilló frente a Elena y, sin decir una palabra, le tomó el rostro entre sus manos. Vio los cortes en sus dedos, vio el rastro de las lágrimas y la jeringa usada en el suelo.

​—¿Qué has hecho, Elena? —susurró él, con una devoción que no pudo ocultar.

​—Lo que tenía que hacer. Salté por la cornisa porque tu enfermera me encerró mientras Ian se moría. Le administraron una dosis letal del inhibidor mientras tú bebías champán en la gala.

​Liam sintió que una furia negra le invadía el pecho. Se giró hacia Sabrina, que intentó retroceder.

​—Liam, amor, yo no... esa mujer está loca, ella misma debe haberle dado algo para quedar como la heroína... —empezó a decir Sabrina con voz temblorosa.

​—¡CÁLLATE! —el grito de Liam hizo vibrar los cristales que quedaban en el balcón—. Martha ya confesó. La seguridad la atrapó intentando salir de la propiedad con sus maletas. Me lo acaban de informar por radio.

​Liam volvió a mirar a Elena. El contraste entre la mujer que lo había sacrificado todo por su hijo y la mujer que había intentado matarlo por ambición era demasiado crudo. Se sintió avergonzado de su propia ceguera, de su frío estatus y de haber dudado de la única persona real en su vida.

​Se inclinó y besó la frente de Elena, un beso largo y cargado de una promesa de protección total.

​—Perdóname —le dijo al oído—. Perdóname por no haberte creído desde el principio. Nunca más estarás sola en esto.

​Elena cerró los ojos, permitiéndose por fin descansar la cabeza en el hombro de Liam. El olor a su perfume caro se mezclaba con el olor a antiséptico y sudor, pero por primera vez, se sentía segura.

​—Sácala de aquí, Liam —pidió Elena, refiriéndose a Sabrina—. No quiero que su sombra vuelva a tocar a este niño.

​Liam se puso de pie, su presencia llenando la habitación con una autoridad que daba miedo. Miró a los guardias que acababan de llegar.

​—Llévense a la señorita Valois. Entréguenla a la policía junto con las pruebas del laboratorio y la confesión de Martha. Y asegúrense de que su familia sepa que, a partir de hoy, los Volkov son sus enemigos declarados.

​Sabrina fue arrastrada fuera de la habitación, gritando insultos y amenazas que nadie escuchó.

​Liam regresó al lado de Elena. La tomó en brazos con una delicadeza infinita, como si fuera el tesoro más preciado de su colección, y la sentó en el sofá de la suite.

​—Has salvado a mi hijo, Elena. Has salvado mi mundo —dijo Liam, arrodillándose ante ella—. Dime qué necesitas. Lo que sea.

​Elena lo miró y, por primera vez, le acarició la mejilla con sus dedos heridos.

—Necesito que dejes de ser un CEO por cinco minutos y me abraces. Necesito saber que Ian va a estar bien.

​Liam la rodeó con sus brazos, apretándola contra su pecho. En el silencio de la noche, mientras el pequeño Ian se recuperaba, el choque de mundos finalmente terminó. Ya no había un millonario y una doctora de hospital público. Solo había dos personas unidas por el milagro de la vida y el nacimiento de un amor que había sido bautizado en fuego y rescate.

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yemelys campo
jajajaja estaban en la jefatura y por arte de magia estaba en el hospital jajaja
Rosa Silvia Retamozo
Muchas gracias autora por compartir con todos nosotros tan linda historia de amor 👏👏👏👏❤️
Mary Espinales
la trama es buena pero se va para delante y después para atrás no tiene concordancia perece q no se decide w mismo escribir.
Victoria Wintecker
es muy estúpida y para tontos está novela
Yansis Sanchez
hermoso xq el amor siempre estuvo ahí para rescatar un corazón de hierro
Marcela Sanchez
Elena fue muy estupida e ingenua al creer en Sabrina
por qué será que hicieron a este personaje y lian tan estupidos
Jacqueline Salas
Buena historia, pero con algunas inconsistencias en el relato.
Camila Bouza
Parece la historia como esos libros de antaño, donde tenías 3 posibles finales o destinos, el primero: la llevan presa desde el hospital y los ve a ellos abrazados, el segundo: la llevan presa desde la casa con todo su camuflaje y en la puerta, y tercero: la llevan presa en el hospital una vez que hablo con Liam haciéndose la víctima. 🤷 los dejo a su criterio.
AlizD
me salte casi todosss los capítulos renuncio a leer
AlizD
jajaja jajaja jajajaja ke pasa con esta novela avanza y retrocede nunca e leído algo así tan loco
AlizD
cómo cuántas veces más faltará ke se lo demuestre??????
Maria M. Rosario
Bonita historia, realista.
Maria M. Rosario
No he visto un hombre disque es bueno n los negocios ser tan ignorante q apesar de ella demostrarle todo lo q ha echo la tal Sabrina aún se deje manipular de esa manera y continue poniendo n duda lo q Elena le dice.
Maria M. Rosario
Ok. Pero la Sabrina esta fuera de la casa o esta ahi lo unico q no pisará el cuarto de Ian? Entiendo q la enfermera lo q confeso fue q ella le suministro al niño las supuestas vitaminas.
Maria M. Rosario
La Sabrina quuere quitar a Ian del medio y llevar el control de todo y cuando Liam abriera los ojos no iba a tener nada.
Maria M. Rosario
Por esta cayendo n tiempo.
Carleone Gutierrez
Este idiota es el más estúpido que puede existir tanto que dice ser precavido y desconfiado, y tiene a la peor 🐍🐍ponzoñosa que puede haber viviendo bajo su mismo techo 🤦‍♀️🤦‍♀️🤦‍♀️
Maria M. Rosario
La doctora lo ha sacado de su zona de comfort. Que como unico se mantiene en su lugar es gritando q es lo q le da poder donde sabe q va perdiendo control.
Maria M. Rosario
🤔🤔🤔. Esto juele a peligro doble.
Maria M. Rosario
La salud no la compra ningun dinero.
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