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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:123.3k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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capitulo 15

​La mansión Volkov se sentía como un mausoleo de mármol bajo la luz de la luna. Esa noche, el silencio habitual no era de paz, sino de presagio.

Liam se había marchado hacía dos horas a la Gran Gala del Círculo de Inversores, presionado por Sabrina, quien lucía un vestido de seda negra que parecía una armadura de escamas. Liam se despidió de Elena con una mirada cargada de una disculpa silenciosa y una advertencia: "No te muevas de tu habitación, los guardias tienen órdenes de vigilar cada acceso".

​Elena, recluida en la habitación contigua a la de Ian, no podía dejar de mirar el monitor inalámbrico que había logrado esconder bajo su almohada. Su instinto médico, ese sexto sentido que se agudiza en las trincheras de la medicina pública, le gritaba que la calma de Ian era artificial.

​A las once de la noche, el monitor emitió un pitido que no era el de una alarma común. Era un sonido sordo, rítmico pero descendente. Bradicardia severa.

​Elena saltó de la cama. Al intentar abrir la puerta que conectaba con la suite de Ian, se encontró con que la cerradura electrónica había sido bloqueada desde el exterior.

​—¡Maldita sea! —exclamó, golpeando la madera—. ¡Abran esta puerta! ¡El niño se está muriendo!

​Desde el otro lado, la voz de Martha, la enfermera de Sabrina, sonó fría y mecánica:

—La doctora Ríos tiene prohibido el contacto con el paciente por orden del consejo de seguridad. El niño solo está durmiendo profundamente. No intervenga.

​Elena sintió una oleada de puro terror transformarse en una furia fría. Sabía que si esperaba a que Liam regresara de la gala, solo encontraría un cuerpo frío. Miró a su alrededor.

La ventana de su cuarto daba a una cornisa estrecha que conectaba con el balcón de la habitación de Ian. Eran diez metros de altura sobre un suelo de piedra.

​Sin pensarlo, Elena se quitó las sandalias, abrió el ventanal y salió al vacío. El viento de la noche le azotó el rostro, pero ella solo pensaba en el pequeño de siete años cuya vida pendía de un hilo. Se aferró a la piedra fría, sus dedos sangrando ligeramente por la fricción, y avanzó paso a paso por la cornisa. Cuando llegó al balcón de Ian, pateó el cristal con todas sus fuerzas hasta que cedió.

​Al entrar, la escena era dantesca. Ian estaba cianótico, con los labios de un azul violáceo y la mirada perdida. Martha estaba allí, paralizada, sosteniendo una jeringa vacía. Al ver a Elena entrar como un ángel de venganza cubierto de cristales, la enfermera soltó un grito y huyó de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

​—Ian, mírame... no te vayas, por favor —suplicó Elena, cayendo de rodillas junto a la cama.

​El pulso era casi imperceptible. Elena no tenía su equipo completo, solo su maletín de emergencia que siempre llevaba consigo. Sabía que la válvula estaba colapsando debido al inhibidor que Sabrina le había estado suministrando.

Necesitaba realizar una maniobra de percusión precordial y una administración de adrenalina directa para forzar al corazón a reaccionar antes de que el daño cerebral fuera irreversible.

​Con una mano firme, Elena realizó el golpe seco en el esternón del niño, una maniobra desesperada que solo se usa cuando no hay desfibrilador a mano.

​—¡Latid, maldita sea! ¡Late! —le gritó al corazón de Ian como si pudiera darle órdenes a la biología.

​Cargó una jeringa de epinefrina. Sus manos, que minutos antes temblaban en la cornisa, ahora eran de acero. Localizó el punto exacto y administró la dosis. Luego, comenzó el masaje cardíaco. Uno, dos, tres, exhala. Uno, dos, tres, exhala.

​El tiempo se detuvo. Los minutos se estiraron como chicles de agonía. Elena estaba empapada en sudor, sus músculos ardían y sus pies descalzos estaban cortados por los cristales del balcón, pero no se detuvo. Sentía cada costilla del niño bajo sus palmas, sentía la fragilidad de esa vida que ella se negaba a entregar.

​—No te vas a morir en esta casa de cristal, Ian. Te lo prometo —susurró, con lágrimas cayendo sobre el pecho del niño.

​De pronto, un jadeo violento. Ian arqueó la espalda y una bocanada de aire entró en sus pulmones con un sonido estridente. El monitor, que antes marcaba una línea casi plana, estalló en un ritmo frenético pero constante. El color empezó a volver a sus mejillas.

​Elena se desplomó sentada en el suelo, sollozando de puro alivio, mientras sostenía la mano pequeña de Ian, que empezaba a recuperar temperatura.

​Media hora después, el estruendo de un motor de lujo anunció la llegada de Liam. Entró en la mansión como un tornado, todavía con el esmoquin puesto, pero con la corbata deshecha. Había recibido una alerta en su teléfono sobre la rotura del cristal en la suite. Tras él, Sabrina intentaba mantener el paso, con una expresión de fingida preocupación que ocultaba un pánico creciente.

​Cuando Liam derribó la puerta de la habitación de Ian, se detuvo en seco.

​La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por los monitores médicos. Elena estaba sentada en el suelo, apoyada contra la base de la cama de Ian. Tenía el cabello revuelto, la cara manchada de hollín y sudor, y sus pies estaban vendados de forma improvisada con jirones de una sábana. Ian dormía, pero su respiración era profunda y sonora, la respiración de alguien que ha vuelto de la muerte.

​Elena levantó la vista. Sus ojos, antes desafiantes, ahora estaban cargados de un cansancio infinito y una tristeza que le partió el alma a Liam.

​—Está vivo, Liam —dijo ella con la voz rota—. Pero no gracias a tus guardias, ni a tu seguridad, ni a tu "prometida".

​Liam se acercó a ella, ignorando a Sabrina que se había quedado en el umbral, pálida como un espectro. Se arrodilló frente a Elena y, sin decir una palabra, le tomó el rostro entre sus manos. Vio los cortes en sus dedos, vio el rastro de las lágrimas y la jeringa usada en el suelo.

​—¿Qué has hecho, Elena? —susurró él, con una devoción que no pudo ocultar.

​—Lo que tenía que hacer. Salté por la cornisa porque tu enfermera me encerró mientras Ian se moría. Le administraron una dosis letal del inhibidor mientras tú bebías champán en la gala.

​Liam sintió que una furia negra le invadía el pecho. Se giró hacia Sabrina, que intentó retroceder.

​—Liam, amor, yo no... esa mujer está loca, ella misma debe haberle dado algo para quedar como la heroína... —empezó a decir Sabrina con voz temblorosa.

​—¡CÁLLATE! —el grito de Liam hizo vibrar los cristales que quedaban en el balcón—. Martha ya confesó. La seguridad la atrapó intentando salir de la propiedad con sus maletas. Me lo acaban de informar por radio.

​Liam volvió a mirar a Elena. El contraste entre la mujer que lo había sacrificado todo por su hijo y la mujer que había intentado matarlo por ambición era demasiado crudo. Se sintió avergonzado de su propia ceguera, de su frío estatus y de haber dudado de la única persona real en su vida.

​Se inclinó y besó la frente de Elena, un beso largo y cargado de una promesa de protección total.

​—Perdóname —le dijo al oído—. Perdóname por no haberte creído desde el principio. Nunca más estarás sola en esto.

​Elena cerró los ojos, permitiéndose por fin descansar la cabeza en el hombro de Liam. El olor a su perfume caro se mezclaba con el olor a antiséptico y sudor, pero por primera vez, se sentía segura.

​—Sácala de aquí, Liam —pidió Elena, refiriéndose a Sabrina—. No quiero que su sombra vuelva a tocar a este niño.

​Liam se puso de pie, su presencia llenando la habitación con una autoridad que daba miedo. Miró a los guardias que acababan de llegar.

​—Llévense a la señorita Valois. Entréguenla a la policía junto con las pruebas del laboratorio y la confesión de Martha. Y asegúrense de que su familia sepa que, a partir de hoy, los Volkov son sus enemigos declarados.

​Sabrina fue arrastrada fuera de la habitación, gritando insultos y amenazas que nadie escuchó.

​Liam regresó al lado de Elena. La tomó en brazos con una delicadeza infinita, como si fuera el tesoro más preciado de su colección, y la sentó en el sofá de la suite.

​—Has salvado a mi hijo, Elena. Has salvado mi mundo —dijo Liam, arrodillándose ante ella—. Dime qué necesitas. Lo que sea.

​Elena lo miró y, por primera vez, le acarició la mejilla con sus dedos heridos.

—Necesito que dejes de ser un CEO por cinco minutos y me abraces. Necesito saber que Ian va a estar bien.

​Liam la rodeó con sus brazos, apretándola contra su pecho. En el silencio de la noche, mientras el pequeño Ian se recuperaba, el choque de mundos finalmente terminó. Ya no había un millonario y una doctora de hospital público. Solo había dos personas unidas por el milagro de la vida y el nacimiento de un amor que había sido bautizado en fuego y rescate.

1
gabriela
muy linda bistoria
Silvia Muñoz Muñoz
si lo perdona ,sería la peor novela
Silvia Muñoz Muñoz
Ojalá nunca lo perdone
Silvia Muñoz Muñoz
Por favor autora ,como es posible que no la echo ,no puede ser
Silvia Muñoz Muñoz
Que clase de padre es ,que sabe que esa mujer no se va a quedar tranquila ,en vez de echarla la deja
Silvia Muñoz Muñoz
Que clase de padre es ,que sabe que esa mujer no se va a quedar tranquila ,en vez de echarla la deja
Deisy Campos
y otra vez cristo a padecer un nuevo comienzo otros drama si era salvar al heredero y ya está salvado para que la alargan más hasta aquí la llevó lo demás es más de lo mismo repeticiones y errores🤭🤭🤭🤭
Carmen
Pero la policía agarró a Sabrina huyendo de la mansión y ahora está en la clínica. No comprendo
Patricia Ayala
está muy interesante, pero hay partes donde se supone la detienen y luego aparece en otro lado /Shy/
Carmen
Para Sabrina, No Se la llevaron presa desde el hospital, como que ahora está en el ático de la mansión por Dios
Laura Altahona Blanco
Me gustan las novelas cortas y concisas, la trama es muy buena 🥹
alexandra velasquez
otra vez no aprendió la lección donde quedó la palabra d q nunca más desconfiaría d ella y para colmo x culpa d los mismos imbéciles ya es como mucho
Gloria
Yo espero que ella no perdone a ese hombre tan fácil , se deja manipular muy fácil , sinceramente cuando uno se enamora se olvida hasta del amor propio
Mercedes Elena Bernaez Balza
/Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Gift//Wilt//Good/
Laura Bermea Barrera
Y las cámaras que no se han acordado de ellas
Gladys Maria Hernandez
La autora le a dado varias historias diferentes a la caída de Sabrina será que lo hizo para ver con cual nos quedamos o solo no recuerda cual escribió
Gladys Maria Hernandez
Liam es bruto o es que se hace. Cuanto dinero le ofreció él y no lo quiso? Como se le ocurre que va aceptar dinero de otra p.
Mary Olivera
van para delante h vuelven atras no tiene coerencia
Judith Bocanegra
Noooo porque termino,la 👍 verdad llore,pero sobre todo la disfrute deseo continuar leyendo más novelas asi ,escritas con amor y sobre todo con eso que casi no observamos y como la escritora plasma en sus palabras lo que leemos y disfrutamos ,trasladándose a estos lugares donde transcurre la obra,Dios te bendiga 😉 a ti y toda tu familia 👪
Alma D. Zarate
excelente y hermosa novela 😍
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