Gian Bianchi no podía aceptar que en realidad era el protagonista de una novela. Asustado del Alfa que terminaría destrozando sus sueños y reduciendo a vivir su vida en una prisión de oro, no duda en aceptar una oportunidad de trabajo en el extranjero y junto con su pequeña hermana va en busca de un mejor futuro. Pero jamás imaginó que apenas llegar a ese nuevo país su mirada se cruzaría con un par de ojos heterocromáticos, y solo un instante bastó para que el descontrol se apoderara de su mente y su cuerpo.
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Capítulo 3
Los dos hermanos tomaron un taxi y se dirigieron hacia el aeropuerto. Lili miraba entretenida el paisaje que pasaba por la ventana del coche mientras parloteaba alegremente sobre lo emocionada que estaba por viajar, ya que nunca se había subido a un avión. Mientras que Gian respondía de vez en cuando a sus múltiples preguntas que salían de su boca con la velocidad de una metralleta. La niña era una parlanchina nata, y cuando se emocionaba, esa habilidad de hablar sin parar se multiplicaba.
— ¿podré ver la ciudad desde arriba? —
— es probable —
— ¿si saco mi mano por la ventana del avión, podré tocar las nubes? —
— no Lili, eso no está permitido —
Gian respondía a sus preguntas, cada una más descabellada de la otra, con la mayor paciencia del mundo.
Cuando llegaron por fin al aeropuerto cada uno tenía un bolso colgado en la espalda y dos maletas donde llevaban la mayoría de las cosas.
Lili, con su mochila y dos pequeñas maletas de princesa, caminó hacia el interior del aeropuerto, viendo con curiosidad todo lo que había a su alrededor. Gian, por su parte, caminaba junto a ella, muy pendiente de que, por su distracción, se dirigiera al lugar equivocado. Llegaron a una zona llena de asientos, donde se encontraban muchos pasajeros esperando la hora en que saldría su vuelo.
Ambos se sentaron a esperar, Pues el vuelo de ello saldria dentro de media hora.
Gian conversaba de diversas cosas con la niña, pero no era para distraerla a ella. Era para tratar de calmarse el mismo.
Desde que salieron del taxi que los trajo, esa sensación de estar siendo acechado en la oscuridad se había maximizado. Miraba a los alrededores con fingida calma, Pero sus ojos miraban a la multitud con un escrutinio, que si hubiese sido un Alfa, lo más probable es que las personas pensarían que no tramaba nada bueno.
— Hermano, quiero ir al baño — Le susurró Lili al oído. Gian volvió a concentrarse en la niña y junto con las maletas ambos se dirigieron a la zona de los baños, tenían que hacerlo rápido, pues quedaban pocos minutos antes de anunciar la salida del vuelo que tomarían.
— tenemos que apresurarnos, nuestro vuelo está a punto de salir — Le dijo mientras se ponía de pie y tomaba las maletas. Ambos se dirigieron rápidamente a la zona de los baños.
Había cuatro baños en total. Dos para los Alfas y betas y dos para los Omegas y betas femeninas.
El baño en el que entró la niña, era el de las Omegas y betas femeninas, el de Omegas masculinos estaba justo al lado de ese, Pero Gian no deseaba ir al baño, por lo que se quedó esperando afuera, mientras la niña hacía sus necesidades.
En el corredor estaba solo Gian. La sensación que había sentido, y que deseaba con todas sus fuerzas que fuese producto de su mente paranoica, se agravó.
Y como escena de película de terror, una voz que no había escuchado en meses le susurró al oído.
— mi dulce Omega, no sabes cuánto te he extrañado —
Gian se volteó rápidamente, con el corazón a mil.
Ares Schneider, estaba vestido con un elegante traje. Su cabello Rubio como el sol estaba perfectamente peinado, su figura era imponente y perfectamente proporcionada y su rostro, con facciones perfectamente esculpidas, lo hacia parecer como una estatua hecha por las manos del más diestro artesano y que esa persona haya decidido completar su obra maestra colocando dos rubíes en la zona de los ojos.
Ares Schneider tenía toda el aura de un protagonista.
Esos ojos rojos miraban a Gian con una intensidad, que lo hacían sentir que caía en un mar de sangre, del que si no luchaba por salir, terminaría acabando con todo su ser.
Las imágenes de las pesadillas que se repetían una y otra vez, cruzaron por su mente, haciendo que un sudor frío empezara
a brotar en su frente y espalda.
— Usted… ¿qué hace aquí? — dijo el Omega con dificultad. Rogaba que Lili saliera rápido del baño para salir rápidamente de ese sitio.
— me enteré de que te irías al extranjero y quise pasar a despedirte — los labios del Alfa formaron una sonrisa perfecta, Pero la expresión de sus ojos distaba mucho de ser agradable.
Ares supo desde el momento en que vio por primera vez a este Omega, que le pertenecía. Era precioso, era perfecto y lo mejor de todo, era un Omega de Alta calidad. Por esa razón no dudo en meterse en su vida y hacerle saber que de ahora en adelante él sería una parte importante de ella. Lo que no lograba comprender, era la constante negativa del chico.
Y a él no le gustaban las negativas.
Estaba acostumbrado a obtener lo que quería sin siquiera pedirlo en ocasiones. Era como si el mundo estuviese configurado para complacerlo, y eso lo llenaba de satisfacción.
Pero la primera vez en la que realmente estaba interesado en un Omega, este parecía esquivarlo como si portase algún virus mortal.
Eso era malditamente irritante.
Pero debía ser paciente, se repetía. Ya encontraría la manera de obtener lo que quería.
— No sé durante cuánto tiempo estarás en el extranjero, Pero te aseguro que estaré muy pendiente de ti. Te prometo que cuando termine unos asuntos que tengo pendiente acá, iré a visitarte a ti y… A tu querida hermana — cualquiera pensaría que sus palabras eran bastante atentas y cariñosas, Pero esas palabras perdían todo sentido si la persona que las recibía no tenía ninguna relación con él.
Gian solo se sentía enfermo cada vez que lo escuchaba. El Alfa hablaba con una certeza y una naturalidad casi absurda. Cómo quien tiene la certeza absoluta de que lo que está frente a él, ya le pertenece o le pertenecerá tarde o temprano.
— por favor, no me vuelva a buscar. Usted y yo no tenemos ninguna relación — habló Gian reuniendo valentía, aunque el corazón no le dejaba de palpitar con rapidez.
— Es cierto, ahora no… Pero pronto — El Alfa se acercó a Gian y antes de que este se pudiese apartarse, colocó su mano en la parte trasera de su cabeza y los sujetó con fuerza para luego besarlo de manera brusca.
pobre zian😂😂😂😂