Zamira necesitaba trabajo
Franco necesitaba alguien que cuidará de su hijo Mateo de 5 años, mientras él trataba de mantener la cabeza a flote
Ninguno buscaba algo más
Lo que empieza con una relación laboral se convierte en algo más
Franco encuentra en Zamira a la mujer que lo calma
Zamira encuentra en Mateo el hijo que nunca creyó tener y en Franco un amigo
Mateo encuentra en Zamira una mamá que eligió tener
¿Podrá algo separarlos?
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Intrusa
Mateo se despertó hablando de la llamada, emocionado
Mateo- ¿Viste, papá? ¡Mamá dijo que me va a llevar de vacaciones! Solo los dos.
Bajó a desayunar cantando, con la servilleta en la cabeza como capa de superhéroe, Franco le siguió el juego.
Franco- Muy bien, jefe, pero primero huevos y fruta.
Mateo- ¿Zamira viene?
Franco- Zamira hace lo que quiera.
Zamira estaba en la cocina, sirviendo el café, y se quedó quieta
“Lo que quiera” sonaba a “lo que no estorbe”.
Mateo la vio y corrió a abrazarla
Mateo- ¡Mamá me llamó! ¿No estás feliz?
Zamira- Claro que sí, bebé, me alegra mucho.
Le despeinó el pelo y le dio un beso en la frente, por dentro se sentía chiquita, como si acabara de descubrir que estaba sentada en una silla que no era suya, Franco lo notó.
Franco- ¿Estás bien?
Zamira- Sí, Solo… no dormí bien.
Mentira, dormía mal desde que escuchó “solo tú y yo” en esa llamada, Mateo se fue a jugar y Franco cerró la puerta de la cocina quedando solos
Franco- No hagas eso.
Zamira- ¿Hacer qué?
Franco- Poner esa cara, como si fueras una intrusa en tu propia casa.
Zamira- Es tu casa, Franco y eso soy una intrusa, la niñera simplemente
Franco- Y es la casa donde tú cuidas a mi hijo, donde tú te quedas cuando tiene fiebre, donde él te llama “Zamira” y no “la niñera”, Eso te hace parte, aunque Catalina quiera fingir que no.
Zamira se rió, pero le salió amargo.
Zamira- Ella es su mamá, yo soy la que le pone el pijama de tiburón.
Franco- Y yo soy el que no sabe hacer panqueques de oso, como le gusta- Se acercó un paso- No te vayas a encoger ahora, te necesito entera
Antes de que ella respondiera, sonó el teléfono de Franco otra vez.
Catalina
Franco- Hablo con ella ahora y pongo límites.
Zamira- No tienes que hacerlo por mí, no es justo
Franco- No lo hago por ti, lo hago por Mateo y por mí
Se fue al estudio y cerró la puerta, Zamira se quedó sola con el café frío, desde adentro se escuchaba la voz de Franco, baja pero firme, No entendía las palabras, solo el tono.
Mateo volvió corriendo con un dibujo.
Mateo- ¡Mirá! Somos los tres, papá, tú y yo.
Era un garabato con tres figuras agarradas de la mano, debajo decía “Familia”.
Zamira se arrodilló y lo abrazó fuerte
Zamira- Es el dibujo más lindo del mundo, Mateo.
Mateo- ¿Lo ponemos en la heladera?
Zamira- Sí, para que no se olvide nadie.
Cuando Franco salió, el dibujo ya estaba pegado con un imán de dinosaurio, Catalina había colgado
Franco tenía la mandíbula tensa, pero los ojos más claros.
Franco- Dijo que va a venir la semana que viene.
Zamira- ¿Y?
Franco- Y le dije que no entra a esta casa a borrar a nadie- Hizo una pausa- Que si quiere ver a Mateo, lo ve con nosotros tres.
Zamira no dijo nada, solo asintió, Mateo aplaudió.
Mateo- ¡Fiesta!
No era una decisión, pero era un límite Y por primera vez en semanas, Zamira no se sintió como invitada, se sintió como si tuviera un lugar en esa heladera, los días pasaron, Catalina llegó un martes a las 6 PM con maleta de diseñador y perfume que llenó toda la entrada.
Catalina- ¡Mateo!
Lo levantó del piso como si no pesara nada
Catalina- Te extrañé, mi vida.
Mateo- ¡Mamá! ¿Trajiste regalos?
Catalina- Siempre, amor.
Le guiñó un ojo a Franco, pero ni lo miró de verdad, entonces la vio a Zamira, apoyada en el marco de la cocina, con el delantal puesto y las manos húmedas de lavar los platos.
Catalina- Ah, la famosa niñera.
Lo dijo con esa sonrisa que no llega a los ojos
Catalina- Gracias por cuidar a mi hijo, ya me hago cargo yo
Zamira asintió, no discutió.
Zamira- La cena está en el horno, si necesitan algo, avísenme
Se iba a ir a su cuarto, pero Mateo la agarró de la mano.
Mateo- No, Zamira se queda, vamos a comer los cuatro, Papá, Mamá, Zamira y yo
Catalina- Mateo, cariño, se agachó a su altura y le acarició la mejilla- Yo soy tu mamá, nadie más ocupa mi lugar.
Mateo- Zamira también me cuida.
Catalina- Eso es su trabajo, amor, no te confundas.
El silencio que quedó pesó más que la discusión, Franco dio un paso adelante.
Franco- Catalina.
Catalina- No empieces, Franco, estoy aquí por mi hijo.
Franco- Y él está diciendo quién quiere que se quede.
Catalina- Él es un niño, no decide con quién cena.
Zamira soltó la mano de Mateo con cuidado y acarició su mejilla
Zamira- Yo voy a subir, que tengan buena noche, que descanses mi jefe
Mateo- ¡No te vayas!
Catalina- Déjala, Mateo, ella tiene su lugar y no es en esta mesa.
Zamira subió sin decir más, Cerró la puerta sin hacer ruido, pero el nudo en la garganta sí lo hizo, Abajo, la cena fue corta, Mateo comió poco, Franco comió menos, Catalina habló de su viaje, de su trabajo, de lo cansada que estaba.
Nunca preguntó cómo estuvo Mateo enfermo, Nunca preguntó por Zamira, A las 9 PM, Mateo se escapó al cuarto de Zamira, entro y la vio sentada en su cama con ojos llorosos
Mateo- No llores.
Zamira se limpió rápido la cara- No estoy llorando, jefe.
Mateo- Sí y no es justo- Se subió a la cama con ella- Tú eres mi familia también, aunque mamá diga que no.
Zamira lo abrazó fuerte- Eres un tramposo otra vez
Mateo- Lo aprendí de papá.
Abajo, Franco y Catalina discutían en voz baja.
Franco- No vuelvas a hablarle así delante de él.
Catalina- Es la verdad, Franco, esa chica es una empleada.
Franco- Es la persona que se quedó cuando tú no estabas.
Catalina- Yo soy su madre, eso no se reemplaza.
Franco- Nadie quiere reemplazarte, pero tampoco vas a borrarla.
Catalina se fue a dormir molesta, Franco subió una hora después con un vaso de agua y lo dejó en la puerta de Zamira sin entrar, Esa noche, los tres durmieron separados
Pero Mateo dejó la puerta de su cuarto abierta, Por si Zamira lo necesitaba, Por si Franco también
Gracias