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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:28.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

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CAPÍTULO 24: La caída de la máscara en el Palacio de Cristal

Alissa no iba a quedarse de brazos cruzados esperando el golpe. Con la carta anónima arrugada en el puño, mandó a llamar a Cédric y al príncipe Christopher de inmediato. Fue el propio heredero al trono quien, al ver la caligrafía, admitió con una sonrisa de suficiencia que la misiva provenía de uno de sus informantes de confianza dentro de los círculos más íntimos de la capital. Gracias a esa red de espionaje, el tablero quedó al descubierto: Elene, desesperada por el revés en el salón del trono, había organizado un banquete público a contrarreloj en el fastuoso Palacio de Cristal. Su objetivo no era otro que arrastrar a Alissa ante toda la alta sociedad de la capital, tendiéndole una emboscada social para desacreditarla por completo ante el Consejo Imperial.

Pero Alissa, lejos de amedrentarse, decidió usar la propia fiesta de su enemiga como el escenario perfecto para su ejecución política.

Al caer la noche, las puertas del Palacio de Cristal se abrieron para recibir a la crema y nata de la aristocracia. El lugar era un derroche de opulencia: techos de vidrio que reflejaban la luz de miles de velas, cascadas de champán y nobles ataviados con sus mejores galas. Cuando los Duques de Valerius hicieron su entrada, el salón guardó un silencio expectante. Alissa lucía imponente, enfundada en un vestido de seda que emulaba los colores del amanecer sureño, caminando con una gracia que dejó mudos a los presentes. A su lado, Cédric, luciendo su uniforme de gala negro, mantenía una mano firmemente apoyada en la empuñadura de su espada, irradiando un aura de advertencia que pocos se atrevían a desafiar.

Elene no tardó en mover su primera pieza. En mitad de la velada, aprovechando el brindis principal y rodeada por un séquito de condesas y duques influyentes, alzó su copa con una sonrisa cargada de veneno, captando la atención de todo el salón.

—Es un honor tener aquí a la nueva... Duquesa —pronunció Elene, arrastrando las palabras con una condescendencia brutal—. Aunque debo admitir, querida Alissa, que a toda la corte nos fascina tu capacidad de adaptación. Pasar de los campos humildes del sur, de una vida de carencias y anonimato, a portar las joyas de la Casa de Valerius debe ser un shock cultural inmenso. Todas aquí nos preguntamos si realmente una mujer de tu... origen comprende el peso y los protocolos que requiere la crianza del futuro heredero del norte. La sangre real no se improvisa con un vestido costoso.

Los murmullos y las risitas burlonas comenzaron a propagarse por el salón como un reguero de pólvora. Los nobles miraban a Alissa esperando verla romper en llanto o encogerse de vergüenza ante el ataque directo a su estirpe.

Sin embargo, Alissa no se inmutó.

Con una elegancia sureña que rayaba en la soberbia, la joven duquesa dio un paso al frente, manteniendo una calma tan gélida como el mismo norte. Cédric avanzó a su costado, fulminando a Elene con una mirada de acero, mientras el príncipe Christopher aparecía entre la multitud, colocándose del lado de Alissa con los brazos cruzados y una sonrisa que vaticinaba el desastre.

—Agradezco su preocupación por mi origen, Lady Elene —respondió Alissa, su voz clara y firme silenciando el Palacio de Cristal por completo—. Mi tierra natal me enseñó el valor del trabajo honesto, algo que, por lo visto, en los salones de la capital se olvida con facilidad. Pero ya que le preocupa tanto el futuro del pequeño Teodoro y los protocolos de la Casa de Valerius, me tomé la libertad de traer algo que aclarará todas sus dudas sobre sus verdaderas intenciones.

Alissa extendió la mano y, con la ayuda de Christopher, desplegó un fajo de documentos oficiales sellados por la mismísima banca central del Imperio.

—Estos son los registros financieros ocultos de las cuentas personales de Lady Elene —anunció Alissa en voz alta, permitiendo que la verdad retumbara en las paredes de vidrio—. Aquí se demuestra que, en los últimos tres años, sus deudas de juego y despilfarro en la capital han dejado sus arcas en la ruina más absoluta. La única razón por la que esta mujer exige con tanto desespero la tutoría compartida de mi hijo no es el amor familiar, sino el acceso legal para saquear los fondos millonarios que la difunta duquesa le dejó al niño en su herencia privada. Quería usar a Theo como su banco personal para salvarse de la bancarrota.

El escándalo estalló de inmediato. Los nobles, horrorizados ante la evidencia innegable de fraude y bajeza moral, comenzaron a abuchear y a lanzar miradas de profundo asco hacia la mujer que acababa de ser expuesta como una ladrona y una oportunista ante toda la aristocracia del Imperio.

Al verse completamente acorralada, despojada de su máscara de piedad y humillada públicamente frente a la sociedad que tanto ansiaba dominar, Elene perdió los estribos por completo. El odio le nubló la vista. Con el rostro desencajado y emitiendo un grito de pura locura, rompió su copa contra el suelo y se abalanzó salvajemente sobre Alissa, extendiendo las manos con la clara intención de agredirla físicamente y clavarle las uñas en el rostro en frente de los mismísimos guardias imperiales.

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Isabel Fernández
Excelente de principio a fin🎉🎉
Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
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