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Renací Para Evitar Mi Final

Renací Para Evitar Mi Final

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Reencarnación / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.

Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.

Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.

Esta vez conserva todos sus recuerdos.

Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.

Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:

No perseguirá al príncipe.

Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

05

El salón de reuniones del círculo de estudiosos era una sala octogonal con paredes forradas de estanterías repletas de libros antiguos y mapas enrollados. Una gran mesa de caoba ocupaba el centro, donde ya se encontraban cinco personas. Valeria reconoció a Lord Cassian, que la recibió con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Los otros cuatro eran desconocidos para ella, aunque sus rostros le resultaban vagamente familiares de recuerdos fragmentados de su vida anterior.

—Lady Montrose, qué alegría que aceptara nuestra invitación—dijo Cassian, levantándose para saludarla. —Permítame presentarle a los demás miembros de nuestro humilde círculo.

Valeria hizo una reverencia mientras Cassian presentaba a cada uno. Lord Thornton, padre de Isabella y un hombre conocido por su ferocidad en los debates políticos. Lady Elara, una viuda aristocrática cuyo marido había muerto en misteriosas circunstancias durante la Guerra de Sucesión. Maestro Rowan, un erudito de mediana edad especializado en historia militar y, finalmente, el joven Lord Alistair, cuyo apellido no reconoció inmediatamente pero cuya sonrisa inquietante le resultaba alarmadamente familiar.

—Es un honor formar parte de tan distinguido grupo—dijo Valeria con la voz firme que había estado practicando. —Espero poder contribuir con mis humildes conocimientos al servicio del imperio.

—Humildes, dice—rió Thornton, su voz tan áspera como su apariencia. —He oído hablar de su agudeza, señorita Montrose. Esperamos que no sea solo rumor.

Valeria sintió el peso de las miradas sobre ella. Eran tiburones olfateando sangre, y ella era la presa más fresca en las aguas de la corte.

—El tiempo lo dirá, Lord Thornton—respondió con una cortesía que desarmó su brusquedad momentáneamente. —Estoy aquí para aprender y servir como mejor pueda.

La reunión transcurrió según lo previsto, discutiendo tratados antiguos y alianzas históricas. Valeria participó lo justo, observando más que hablando, procesando cada interacción, cada mirada, cada gesto. Notó cómo Cassian controlaba sutilmente la conversación, cómo Thornton cuestionaba cada propuesta con una ferocidad que parecía personal, cómo Lady Elara observaba todo con ojos que no se perdían ningún detalle.

Pero fue Maestro Rowan quien captó su atención completa. Mientras hablaba sobre las tácticas utilizadas en la Batalla de Silverwood, Valeria sintió un escalofrío. En su vida anterior, había oído rumores sobre un erudito que predecía con una precisión inquietante los movimientos militares de enemigos y aliados por igual. ¿Era él uno de los renacidos que Aurelius mencionó?

—Señorita Montrose—dijo Cassian, interrumpiendo sus pensamientos. —¿Tiene alguna opinión sobre las estrategias discutidas? Su perspectiva femenina podría ofrecernos un ángulo diferente.

La pregunta era una trampa, y Valeria lo sabía. Si respondía con demasiada seguridad, sería vista como arrogante. Si demostraba demasiado conocimiento, podría despertar sospechas.

—Mis conocimientos militares son limitados, lord Cassian—respondió con humildad calculada. —Pero me pregunto si las alianzas históricas deberían ser nuestro único punto de referencia. El mundo ha cambiado, y las amenazas que enfrentamos hoy podrían requerir soluciones nuevas, no simplemente réplicas de antiguas estrategias.

Lord Alistair sonrió, y por un instante, Valeria vio algo en sus ojos que la heló hasta los huesos. Un reconocimiento. Un conocimiento que no debería tener.

—Una perspectiva interesante, señorita Montrose—dijo él con voz suave pero penetrante. —Pero algunos podrían argumentar que la naturaleza humana no cambia. Que el poder siempre busca expandirse, que la ambición siempre corrompe. ¿No cree que las lecciones del pasado son las más valiosas precisamente porque son universales e inmutables?

Valeria sintió cómo se le erizaba la piel de los brazos. La forma en que hablaba, la intensidad de su mirada... no era la de un joven noble inexperto. Era la de alguien que había visto el futuro y entendía sus patrones.

—Quizás tenga razón, Lord Alistair—respondió, manteniendo la calma a duras penas. —Pero incluso si las lecciones son inmutables, los contextos cambian. Y adaptarse al contexto es la clave de la supervivencia, tanto para las naciones como para los individuos.

La reunión continuó, pero ahora Valeria estaba completamente alerta. Lord Alistair. ¿Quién era? ¿Por qué su presencia le resultaba tan inquietantemente familiar?

Cuando finalmente terminaron, Cassian la retuvo mientras los demás se retiraban.

—Excelente primera intervención, Valeria—dijo él, usando su nombre de pila por primera vez. —Tienes una mente más aguda de lo que imaginaba.

—Solo intenté ser útil, lord Cassian—respondió, manteniendo la distancia formal.

—Pronto dejarás de tratarme con tanta formalidad—dijo él con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. —Te veo como una protegida, Valeria. Alguien con potencial para grandes cosas, si se le guía adecuadamente.

La palabra "protegida" resonó en su mente como una amenaza velada. No la veía como igual, sino como herramienta. Como pieza en su juego.

—Agradezco su confianza, lord Cassian. Espero no defraudarla—respondió con una reverencia.

Mientras se retiraba, Lord Alistair se acercó a ella.

—Señorita Montrose, un momento. Me intrigó su comentario sobre la adaptación al contexto. ¿Cree realmente que los individuos pueden cambiar su destino?

Valeria sintió un pulso de adrenalina. La pregunta era demasiado específica, demasiado personal. ¿Sabía? ¿Era él otro renacido?

—Creo que los individuos tienen el poder de elegir su camino, aunque las circunstancias puedan limitar sus opciones—respondió con cuidado. —¿Por qué pregunta?

Alistair sonrió, y esta vez su sonrisa alcanzó sus ojos, revelando una profundidad que la inquietó. —Porque he conocido a pocos que realmente creen en el libre albedrío. La mayoría sigue ciegamente el camino que se les traza, sin cuestionar ni rebelarse.

—Quizás sea porque rebelarse requiere un valor que pocos poseen—replicó Valeria, su voz más firme de lo previsto.

—O quizás es porque saben que algunas rebelidades tienen consecuencias peores que la sumisión—respondió él con un tono que sugería un conocimiento personal de ese hecho. —En cualquier caso, espero tener la oportunidad de conversar nuevamente, señorita Montrose. Siento que nuestras perspectivas podrían... converger.

Con esas palabras, se retiró, dejando a Valeria con más preguntas que respuestas y la terrible certeza de que Lord Alistair no era quien parecía.

De vuelta en el carruaje, Valeria intentaba organizar sus pensamientos. Cassian era un renacido ambicioso, posiblemente el más peligroso de todos. Rowan probablemente también era uno de ellos, un erudito con conocimientos del futuro aplicados a la estrategia militar. Y Alistair... Alistair era un enigma. Un enigma que sentía que debía resolver urgentemente.

Al llegar a la mansión, encontró a su madre esperándola con una expresión de triunfo.

—He recibido noticias maravillosas, Valeria—dijo Lady Montrose, casi saltando de emoción. —Lord Cassian ha enviado un mensaje. Organizará un banquete en tu honor la próxima semana. ¡Piensa en todas las conexiones que harás!

La noticia la golpeó como un puño en el estómago. Un banquete en su honor. Cassian no perdía tiempo. Ya estaba intentando exhibirla como su último trofeo, su nueva aliada.

—Eso es... maravilloso, madre—respondió con una sonrisa forzada. —Debo prepararme adecuadamente.

—Ya lo he hecho—dijo Lady Montrose, indicando una serie de cajas que habían aparecido en el salón. —He encargado los mejores vestidos, las joyas más finas. Serás la envidia de toda la corte.

Esa noche, mientras contemplaba los lujosos vestidos que su madre había comprado, Valeria sentía una náusea creciente. En su vida anterior, habría estado extasiada con esta atención, con estos símbolos de estatus. Ahora, solo veía cadenas doradas diseñadas para atarla a un destino que estaba luchando por cambiar.

Decidió salir al jardín para despejar su mente, pero se detuvo al ver una figura familiar entre las rosas. Era Eleanor Vance, que parecía estar esperándola.

—Eleanor—saludó, sorprendida. —¿Qué haces aquí?

—Tu madre me invitó a tomar el té—respondió Eleanor, aunque su tono sugería que había venido por otras razones. —Pero realmente quería saber cómo fue tu primera reunión con el círculo de estudiosos. He estado preocupada por ti desde que mencionaste a Cassian.

Valeria sintió una ola de gratitud. En medio de todas las manipulaciones y conspiraciones, Eleanor parecía ser la única persona genuina, la única que se preocupaba por ella sin agenda oculta.

—Fue... interesante—respondió, sentándose en un banco junto a ella. —Hay personas ahí que me inquietan. Personas que parecen saber más de lo que deberían.

—Como Lord Alistair—dijo Eleanor, y Valeria sintió un escalofrío. —Lo he visto antes en otros círculos. Tiene una forma de observar, de analizar... como si estuviera memorizando cada detalle para usarlo más tarde. Mi padre dice que es peligroso, que su familia tiene un historial de lealtades cambiantes.

—¿Qué sabes de su familia?—preguntó Valeria, su interés inmediatamente captado.

—No mucho, son relativamente nuevos en la corte—confesó Eleanor. —Su padre obtuvo un título recientemente, supuestamente por servicios al imperio. Pero hay rumores, Valeria. Rumores sobre de dónde viene realmente esa riqueza, sobre qué secretos guarda su linaje.

Valeria asintió, procesando esta información. Alistair no era de sangre noble, o al menos no lo era recientemente. ¿Podría ser ese el secreto? ¿O había algo más?

—Gracias por preocuparte, Eleanor—dijo sinceramente. —Significa más de lo que imaginas.

—Siempre—respondió Eleanor con una sonrisa cálida. —Aunque seas la aliada del hombre más peligroso de la corte.

Valeria frunció el ceño. —¿A qué te refieres?

—A tu amistad con Lord Cassian—dijo Eleanor, su tono más serio ahora. —Todo el mundo está hablando de ello. Dicen que te ha tomado bajo su protección, que eres su nueva protegida. Algunos incluso susurran que podrías ser más que su aliada.

La idea la repelió físicamente. Cassian. El hombre que orquestó su muerte en su vida anterior. El renacido que probablemente buscaba consolidar su poder a cualquier costo.

—Son solo rumores, Eleanor. Cassian es mi mentor en el círculo de estudiosos, nada más—mintió, aunque sabía que Eleanor no estaba completamente equivocada sobre sus intenciones.

—Espero que tengas razón—dijo Eleanor, aunque su expresión sugería que no la creía del todo. —Porque los que se acercan demasiado a Cassian tienden a... desaparecer. O cambiar drásticamente.

Mientras Eleanor se retiraba, Valeria se quedaba sola en el jardín, las palabras de su amiga resonando en su mente. "Los que se acercan demasiado a Cassian tienden a desaparecer". ¿Era eso lo que le esperaba si no jugaba sus cartas con cuidado?

Decidió que necesitaba hablar con Aurelius urgentemente. Necesitaba advertirle sobre Alistair, sobre Rowan, sobre el banquete que Cassian estaba organizando para exhibirla como su último trofeo.

Pero mientras se dirigía de vuelta a la casa, una sombra se movió entre los árboles. Se detuvo, su corazón acelerándose, y vio a una figura observándola desde la distancia. No era Aurelius. Era alguien más, alguien cuya presencia le resultaba vagamente familiar aunque no podía identificarlo claramente.

—¿Quién está ahí?—llamó, su voz temblando ligeramente.

La figura no respondió, simplemente se mantuvo inmóvil, observándola con una intensidad que la heló hasta los huesos. Después de un momento que se sintió como una eternidad, se giró y desapareció entre las sombras.

Valeria se quedó inmóvil, tratando de controlar el pánico que se apoderaba de ella. No estaba sola en este juego. No solo tenía a Cassian, Alistair y los otros renacidos como enemigos. Alguien más la observaba, alguien que conocía sus secretos sin que ella supiera los suyos.

Corrió hacia la casa, cerrando la puerta con fuerza y apoyándose contra ella mientras intentaba recuperar la respiración. Tenía que hablar con Aurelius. Tenía que descubrir quién era la figura en el jardín. Tenía que entender qué estaba sucediendo antes de que fuera demasiado tarde.

Pero mientras se preparaba para enviar un mensaje a los Caballeros Imperiales, encontró otra nota en su mesita de noche, junto a la medalla de los Guardianes del Tiempo. Esta vez, el mensaje era breve y alarmante:

"El banquete no es en tu honor. Es una trampa. No vayas. -A".

La "A" esta vez sí parecía de Aurelius. Pero ¿por qué advertirle así? ¿Y cómo sabía él sobre el banquete tan rápidamente?

Valeria sintió cómo el mundo giraba a su alrededor. Cassian no solo la estaba usando como pieza en su juego; estaba planeando algo específico para el banquete. Algo peligroso. Algo que podría cambiar el curso de su segunda oportunidad para siempre.

1
Dora Guzman Pacherres
Cada capítulo más interesante sabes tejer las intrigas y nos dejas con un suspenso de querer más y más.
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