una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
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El círculo
La habitación permanecía en silencio.
Gabriel Torres seguía atado a la silla mientras observaba a Valeria Cruz.
La mujer parecía tranquila.
Demasiado tranquila.
Como si tuviera todo bajo control.
Y eso era precisamente lo que más preocupaba a Gabriel.
—Dices que sé muy poco —dijo finalmente—. Entonces explícame qué está pasando.
Valeria se levantó lentamente.
Caminó hasta una pantalla instalada en la pared.
Presionó un botón.
Aparecieron varias fotografías.
Antiguos empresarios.
Políticos.
Jefes criminales.
Algunos estaban muertos.
Otros en prisión.
Y unos pocos seguían desaparecidos.
—Todos ellos ayudaron a construir La Sombra Negra.
Gabriel observó las imágenes.
—Eso ya lo sé.
—No. Lo que sabes es la historia oficial.
Valeria cambió la imagen.
Apareció una fotografía antigua tomada más de veinte años atrás.
En ella estaba Esteban Navarro junto a varias personas.
Gabriel reconoció la foto inmediatamente.
Era la misma que Sofía había encontrado.
—¿Quién es la mujer del centro? —preguntó.
Valeria sonrió.
—La pregunta correcta es quién era.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Está muerta?
—Eso cree todo el mundo.
Aquella respuesta solo generó más preguntas.
—Entonces empieza desde el principio.
Valeria cruzó los brazos.
—Antes de La Sombra Negra existía un grupo mucho más pequeño. Una organización formada por personas poderosas que querían controlar Ciudad Oscura desde las sombras.
—¿Y?
—La líder era una mujer llamada Verónica Salazar.
Gabriel sintió que aquel apellido le resultaba familiar.
—¿Salazar?
—Sí. Hermana mayor de Federico Salazar.
Todo comenzó a encajar lentamente.
—Entonces ella fundó todo esto.
—Exactamente.
Valeria apagó la pantalla.
—Pero un día desapareció.
—¿Desapareció?
—Sin dejar rastro.
Gabriel permaneció en silencio.
Aquella historia parecía imposible.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
—Porque alguien cree que tú puedes encontrarla.
Mientras tanto, Sofía Navarro continuaba revisando documentos antiguos.
La fotografía seguía sobre la mesa.
La misteriosa mujer del centro parecía observarla.
Algo le decía que aquella imagen era importante.
Muy importante.
Tomó el teléfono y llamó a Antonio Romano.
Antonio respondió después de varios tonos.
—¿Qué ocurre?
—Encontré algo.
—Espero que sea importante.
—Creo que sí.
Le explicó lo que había descubierto.
Antonio escuchó atentamente.
Cuando terminó, guardó silencio.
—¿Estás segura?
—No.
—Entonces necesito más información.
—Yo también.
Antes de colgar, Sofía añadió algo más.
—Tengo un mal presentimiento.
Antonio observó la lluvia cayendo tras la ventana.
—Yo también.
Al mismo tiempo, Víctor Moretti estaba reuniéndose con varios informantes.
La situación comenzaba a complicarse.
Los ataques contra sus negocios continuaban.
Y nadie sabía quién estaba detrás.
Un hombre entró apresuradamente.
—Jefe.
—Habla.
—Tenemos noticias sobre El Círculo.
Víctor levantó la vista.
—Por fin.
—No son buenas.
—Nunca lo son.
El hombre colocó varias fotografías sobre la mesa.
—Encontramos esto.
Víctor comenzó a revisarlas.
La primera mostraba uno de sus almacenes incendiados.
La segunda un vehículo destruido.
La tercera provocó que se quedara inmóvil.
Era una fotografía de Gabriel Torres.
Tomada aparentemente ese mismo día.
—¿Dónde la encontraron?
—En uno de los escondites que abandonaron.
Víctor comprendió inmediatamente el mensaje.
Gabriel era un objetivo.
Y eso significaba problemas.
En el lugar donde estaba retenido, Gabriel intentaba procesar toda la información.
—Si Verónica desapareció hace veinte años, probablemente está muerta.
Valeria negó con la cabeza.
—Tal vez.
—No parece que estés convencida.
—Porque no lo estoy.
La mujer se acercó a una ventana.
—Durante años aparecieron rumores.
—¿Qué tipo de rumores?
—Personas que afirmaban haberla visto.
—Eso no demuestra nada.
—Lo sé.
Valeria volvió a mirarlo.
—Pero demuestra que alguien quiere mantener viva la leyenda.
Gabriel pensó durante unos segundos.
—¿Quién eres realmente?
La mujer sonrió.
—Ya te dije mi nombre.
—No me refiero a eso.
Valeria permaneció en silencio.
Finalmente respondió.
—Soy una de las últimas personas que trabajó para Verónica Salazar.
Aquella confesión sorprendió a Gabriel.
—¿Qué?
—La conocí cuando era muy joven.
—Entonces formas parte de todo esto.
—De alguna manera.
Gabriel sintió que las piezas comenzaban a encajar.
Pero todavía faltaban demasiadas.
—¿Por qué me trajiste aquí?
—Porque necesito ayuda.
—Secuestrarme no parece la mejor manera de pedirla.
Valeria soltó una breve risa.
—Tal vez.
Horas después, Antonio Romano recibió otra llamada.
Esta vez era Víctor Moretti.
—Encontré algo.
—Yo también.
—Entonces habla.
—Gabriel está desaparecido.
Antonio permaneció en silencio.
—Lo sé.
—¿Cómo?
—Sofía me llamó hace una hora.
—¿Crees que está relacionado con El Círculo?
—Estoy seguro.
Por primera vez en años la conversación entre ambos fue completamente profesional.
Sin amenazas.
Sin insultos.
Solo preocupación.
Porque ambos sabían que Gabriel había sido fundamental para derribar La Sombra Negra.
Y si alguien lo había capturado, probablemente era por una razón importante.
—Tenemos que encontrarlo —dijo Víctor.
—Ya estoy trabajando en ello.
—Mis hombres también.
Antonio observó el símbolo del Círculo dibujado sobre una hoja.
—Y cuando lo encontremos...
—Descubriremos quién está moviendo los hilos.
Aquella misma noche, Sofía decidió visitar la prisión donde estaba encerrado su padre.
Después de varios controles de seguridad, fue conducida a la sala de visitas.
Esteban Navarro apareció minutos después.
Parecía más envejecido que la última vez.
—Sofía.
—Necesito respuestas.
Esteban la observó.
—¿Sobre qué?
Ella colocó la fotografía sobre la mesa.
La expresión de Esteban cambió inmediatamente.
Fue apenas un instante.
Pero Sofía lo notó.
—La conoces.
—Sí.
—¿Quién es?
Esteban guardó silencio.
—Dímelo.
Finalmente suspiró.
—Verónica Salazar.
—¿Era la líder?
—Era mucho más que eso.
—Explícate.
Esteban observó la fotografía durante varios segundos.
—Ella creó las reglas.
—¿Qué reglas?
—Las reglas que permitieron que organizaciones como La Sombra Negra existieran.
Sofía sintió un escalofrío.
—Entonces sigue viva.
Esteban levantó lentamente la mirada.
—Eso espero que no sea cierto.
Aquella respuesta fue suficiente para alarmarla.
—¿Por qué?
—Porque si Verónica ha regresado...
Se quedó callado.
—¿Qué pasa si regresó?
La voz de Esteban se volvió seria.
Más seria de lo que Sofía la había escuchado jamás.
—Entonces la caída de La Sombra Negra fue solo el principio.
Mientras tanto, Gabriel recibió finalmente algo de comida y agua.
Valeria parecía más relajada.
Como si hubiera tomado una decisión.
—Vas a salir de aquí.
Gabriel arqueó una ceja.
—Qué generosa.
—No te emociones.
—Entonces explícate.
Valeria tomó una carpeta.
La colocó sobre la mesa.
—Quiero que investigues algo.
—¿Y si me niego?
—No lo harás.
Gabriel abrió la carpeta.
Dentro había fotografías antiguas.
Mapas.
Nombres.
Y una imagen reciente que hizo que se quedara inmóvil.
Era una fotografía tomada apenas unas semanas antes.
Mostraba a una mujer elegante saliendo de un automóvil negro.
Una mujer que aparentaba unos cincuenta años.
Gabriel levantó la vista.
—¿Quién es?
Valeria respondió lentamente.
—La persona que creemos que es Verónica Salazar.
El periodista observó nuevamente la fotografía.
Si aquello era cierto, significaba que una figura desaparecida durante más de veinte años había regresado.
Y si Verónica realmente estaba viva, el equilibrio de poder en Ciudad Oscura estaba a punto de cambiar una vez más.
Porque algunas leyendas nunca mueren.
Solo esperan el momento adecuado para volver.
Continuará en el Capítulo 11...