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El Alfa De Hielo Y El Refugio Del Omega

El Alfa De Hielo Y El Refugio Del Omega

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / CEO / Padre soltero / Completas
Popularitas:15.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Pau Orozco

Alexander Sterling Blackwood lo tiene todo: poder, una fortuna incalculable y el control absoluto de un imperio empresarial. Es el Alfa dominante más poderoso del país, pero también el más solitario. Desde la noche en que su esposo murió en un trágico accidente de tránsito, su mundo se tiñó de gris. Para sobrevivir al dolor, Alexander congeló sus instintos, sepultó su aroma a madera de sándalo quemada y whisky, y se escondió detrás de una armadura de hielo y supresores, convirtiéndose en una “sombra" fría que mantiene a todos a distancia… incluido a su hijo Alistair, de apenas cinco años, un cachorro omega que crece en el silencio de una mansión vacía, ansiando desesperadamente un abrazo de su padre.

​Liam Miller es un Omega puro que solo busca un empleo estable para reconstruir su vida. Tras sufrir la dolorosa traición de su exnovio, quien lo engañó con su mejor amigo, Liam llega a la imponente Mansión Sterling con el corazón lastimado, pero con la firme intención de salir adelante.

NovelToon tiene autorización de Pau Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: La noche de los lobos

El martes por la tarde, la Mansión Sterling ejecutó una coreografía perfecta frente a los ojos del enemigo. A las cuatro en punto, dos camionetas negras blindadas se estacionaron frente a la entrada principal. Varios guardaespaldas cargaron un juego de maletas de viaje en los maleteros, mientras Alexander, vistiendo un abrigo largo e impecable, salía de la casa acompañado por Liam.

Para cualquiera que estuviera vigilando desde los binoculares en las colinas cercanas, la escena era clara: Alexander se despedía de su joven omega antes de abordar el convoy que lo llevaría directo al aeropuerto privado con rumbo a Ginebra. Alexander tomó la cara de Liam entre sus manos, plantando un beso en su frente que pareció una despedida habitual, antes de subir al vehículo. El convoy arrancó, perdiéndose por la carretera periférica.

Sin embargo, todo era una ilusión. Dos kilómetros más adelante, en un punto ciego de la carretera forestal, la camioneta de Alexander se detuvo. El Alfa descendió en silencio y subió a un vehículo utilitario camuflado que lo trajo de regreso a la mansión por la entrada subterránea de servicio.

​A las seis de la tarde, la tensión dentro de la mansión se podía cortar con un cuchillo.

En la planta baja, escondido detrás de una estantería de la biblioteca, se encontraba el acceso al cuarto de pánico principal. El espacio estaba repleto de monitores que transmitían en tiempo real las señales de las cámaras de seguridad de la propiedad, además de los radares térmicos. Christopher y tres analistas operaban los sistemas en absoluto silencio.

Alexander se encontraba allí, despojado de su abrigo, con las mangas de la camisa remangadas y un auricular de comunicación en la oreja. Liam estaba frente a él. Alistair ya había sido puesto a salvo en una habitación búnker en el sótano, entretenido con películas y bajo el cuidado directo de la señora Greyson.

​—El perímetro exterior ya detectó dos frecuencias de radio civiles no autorizadas merodeando la reja norte —informó Christopher, tecleando en la consola—. Mordieron el anzuelo, señor. Creen que la mansión está desprotegida.

Alexander fijó sus ojos oscuros en Liam. El sándalo de su aroma estaba en su punto más denso, una fragancia salvaje que delataba lo mucho que su lobo interno sufría por tener que usar a su destinado como carnada. Tomó a Liam por los hombros, atrayéndolo hacia sí con una brusquedad desesperada.

​—Última oportunidad, Liam —susurró Alexander, su voz temblando sutilmente por la adrenalina y el miedo a perderlo—. Si me dices que tienes miedo, cancelo la operación ahora mismo y envío al ejército privado a cazar a Elena a su propia casa. No tengo que hacerte pasar por esto.

Liam levantó las manos y acunó el rostro tenso del Alfa. Su aroma a lavanda y miel se liberó con una pureza y una templanza asombrosas, actuando como el bálsamo perfecto para calmar a la bestia.

​—No voy a retroceder, Alexander —respondió Liam con una firmeza inquebrantable—. Si no la atrapamos cometiendo el delito aquí, sus abogados la sacarán en dos días y el peligro para Alistair, para ti y para mí nunca terminará. Confío en ti. Sé que me estás mirando.

Alexander dejó escapar un gruñido bajo, un sonido puramente instintivo de posesión y amor, y unió sus labios con los de Liam en un beso desesperado. No fue un beso suave; fue una comunión hambrienta, sazonada con la urgencia de la batalla que se avecinaba. Sus lenguas se encontraron en un reclamo feroz, una promesa de que volverían a estar juntos en esa misma casa cuando la noche terminara.

​—Si alguien pasa de la puerta principal, la orden es disparar—sentenció Alexander contra sus labios, mirando a Christopher—. Liam, sube a la sala principal. Apaga las luces y deja solo la lámpara de lectura encendida. Haz tu papel.

Liam asintió, le dedicó una última sonrisa valiente y salió del cuarto de pánico, subiendo las escaleras hacia la boca del lobo.

​A las once de la noche, la Mansión Sterling parecía una tumba de mármol negro.

Liam se encontraba sentado en el gran sofá de la estancia principal, con el libro de mitología abierto sobre sus piernas, simulando leer bajo la tenue luz dorada de una lámpara de pie. Su corazón latía con fuerza, pero se obligaba a respirar despacio para no alterar su aroma. Sabía que a solo unos metros bajo sus pies, Alexander lo observaba a través de las cámaras de seguridad.

De repente, un pitido sutil vibró en el pinganillo oculto en la oreja de Liam. Era la voz de Christopher.

​—Joven Miller, mantenga la calma. Tres siluetas acaban de saltar la barda del ala este. Cortaron el cableado de la alarma perimetral secundaria, tal como planeamos. Se dirigen hacia las puertas de cristal de la terraza.

Liam contuvo el aliento. Cerró el libro despacio y se puso de pie, caminando hacia el centro de la sala, fingiendo que iba a la cocina por un vaso de agua.

Un segundo después, el sonido sutil de un cristal crujiendo resonó en el pasillo lateral. La cerradura de la puerta de la terraza fue forzada con una palanca profesional. Liam se detuvo en seco, girando el cuerpo hacia la penumbra del pasillo.

Tres figuras vestidas de negro, con los rostros cubiertos por pasamontañas, entraron a la estancia. Dos de ellos portaban armas cortas con silenciador, pero la figura del centro caminaba con una postura arrogante, una postura Alfa que Liam reconoció de inmediato por la llamada telefónica. Elena Vanderwood se retiró el pasamontañas, revelando un rostro pálido, de facciones afiladas y unos ojos inyectados de una locura obsesiva y destructiva.

Su aroma a pólvora y menta rancia inundó el pasillo, un olor agresivo que intentó someter a Liam en el acto.

—Vaya... el ratoncito se quedó solo en casa—siseó Elena, su voz melodiosa resonando con un eco espeluznante en la inmensa sala—. Alexander es tan predecible. Siempre corriendo detrás del dinero, dejando sus juguetes desprotegidos.

Liam dio dos pasos hacia atrás, manteniendo la compostura, memorizando cada rostro para las cámaras.

​—No deberías estar aquí, Elena —dijo Liam, su voz sonando clara y firme, sin el temblor que la mujer esperaba—. La seguridad de esta casa te destruirá antes de que des otro paso.

Elena soltó una carcajada estridente, un sonido desequilibrado que erizó los vellos del cuello de Liam.

​—¿Qué seguridad? Mis hombres hackearon el nodo principal del ala este hace una hora. Estamos solos, Liam Miller —la mujer Alfa dio un paso al frente, sacando un pequeño frasco de cristal de su saco, lleno de un líquido transparente, y una navaja—. Mi hermano cometió el error de ser débil y meterse con Alexander cuando él me pertenece a mí, por eso tuve que arreglar sus frenos en esa carretera. Pero tú... tú eres un maldito parásito que se metió en mi lugar. Voy a borrar ese aroma a miel de tu cuello, y cuando Alexander regrese, encontrará su hogar cubierto de cenizas.

Elena hizo una seña a sus dos hombres.

​—Atrápenlo. No dejen que grite.

Los dos mercenarios se lanzaron hacia adelante con las armas en alto, pero antes de que pudieran tocar a Liam, el infierno se desató dentro de la Mansión Sterling.

​—¡¡AHORA!! —el rugido de la Voz de Mando de Alexander resonó a través de los altavoces ocultos de la sala con una potencia sónica tan brutal que los cristales de las ventanas vibraron a punto de romperse.

En un milisegundo, las inmensas luces de la estancia se encendieron con una intensidad cegadora. Las puertas de madera de los pasillos laterales estallaron y ocho hombres del equipo de élite de Christopher, armados con rifles de asalto y escudos, invadieron la sala, rodeando a los intrusos en un círculo perfecto.

​—¡¡AL SUELO!! ¡¡SUELTEN LAS ARMAS O DISPARAREMOS!! —bramó Christopher, apuntando directamente a la cabeza del primer mercenario.

Los dos hombres de Elena, superados en número, soltaron las armas de inmediato, arrojándose al suelo de mármol con las manos en la nuca. Elena se quedó paralizada en el centro, con los ojos abiertos de par en par, la navaja temblando en su mano mientras miraba a su alrededor, dándose cuenta de que había caminado directo al matadero.

La pared del fondo de la biblioteca se deslizó con un estrépito metálico, y de ella emergió Alexander.

El Alfa dominante avanzaba con pasos lentos, pesados, y su aroma a sándalo quemado era tan denso y cargado de un instinto asesino que los propios mercenarios en el suelo gimieron de sumisión involuntaria. Sus ojos estaban completamente negros, fijos en la mujer que había osado amenazar a su omega. Alexander caminó directo hacia Liam, colocándose frente a él como un muro de hierro viviente, bloqueando cualquier peligro con su propio cuerpo.

Se acabó el juego, Elena —sentenció Alexander, su voz resonando como el trueno en la tormenta—. Entraste armada a mi propiedad, confesaste el asesinato de tu hermano ante mis sistemas de grabación y amenazaste la vida de mi omega. Christopher, espósala. Si se mueve un solo centímetro, tienes mi autorización para meterle una bala entre las cejas.

Elena miró a Alexander, luego a las cámaras del techo, y finalmente a Liam, quien la miraba con una dignidad fría y superior desde atrás del hombro de su Alfa. La loca de la soltó un grito de pura frustración y locura mientras Christopher la pateaba sutilmente en la corva de las piernas, obligándola a caer de rodillas sobre el mármol para colocarle las esposas de seguridad.

La noche de los lobos había terminado en una victoria absoluta para el la familia Sterling. La trampa se había cerrado con una precisión quirúrgica, y mientras la policía comenzaba a rodear la propiedad con las sirenas encendidas para llevarse a la villana para siempre, Alexander se giró hacia Liam, atrapándolo en un abrazo eterno, sabiendo que el invierno había sido derrotado de forma definitiva y que su primavera ya no tendría que esconderse nunca más.

1
Pilar Mares
me encanta la familia y los bebes🥰
Pilar Mares
yo espero un bebé de Liam y el Alfa🤭
Tatiana Rivera
Que bonito como lo respeta 🫶
Tatiana Rivera
Que bonito el niño🥰
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
así se habla Alexander a defender a tu familia de esa loca
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
al menos el niño ya tiene la atención de su padre y su niñero le ayudo son querer queriendo 💕💕💕
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
Dos omegas se buscarán el cariño del padre y alfa jijijiji
Nidia Mojica
Ves bruja los uniste mas en lugar de separarlos.
Nidia Mojica
Siempre la tóxica destruyendo la felicidad de los demás.
Nidia Mojica
Esta si rebaso los limites ya.
Nidia Mojica
Van avanzando.
Nidia Mojica
Los niños solo dicen la verdad.
margarita salas
se apareció la toxica
Maru19 Sevilla
Muy tierna historia 🥰🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Que bonita historia, solo les falta que tengan más bebés 🙈
Maru19 Sevilla
Que lindo, una verdadera familia 🥰🥰🥰🥰
Nidia Mojica
Nunca falta un lunatic@ en la historia.
Maru19 Sevilla
Que dulce criaturita 💖💖
Maru19 Sevilla
Que bonito!
Maru19 Sevilla
Que bueno, inche loca!
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