Charlotte Ricci, huérfana criada en un orfanato de monjas, sale al mundo a los 18 años para trabajar 6 meses —si no encuentra su lugar, se convertirá en monja. Sin saberlo, se hace asistente de Marcelo Romano, CEO cuyo imperio es fachada de la mafia.
Marcelo siente una obsesión por la inocente Charlotte, pero su interés despierta enemigos que buscan destruirlo usando ella como arma. Cuando comienzan las amenazas, descubren que su orfanato guarda secretos antiguos ligados a la mafia y que Charlotte es heredera de un legado peligroso.
Ahora deberán enfrentar traiciones y el peso de un destino escrito en sangre, mientras ella decide entre su antiguo hogar y el hombre que ha robado su corazón.
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¡Aquí está!
Marcelo fue golpeado junto con Lorenzo, pero los soltaron, ahora estaba en su despacho aventando todo lo que se le atravesaba, vuelto loco, por qué Charlotte no aparecía, y los rastreadores parecían tener interferencia, como si algo evitará que funcionarán correctamente
—¡Mierda!, necesito pistas, necesito algo ¡YA! —grito Marcelo mientras estrellaba la tercera tableta que Lorenzo le daba para tenerlo informado de todo
—Dejas de destrozar todo, no ganas nada, y a si ella no volverá —le decía Lorenzo, mientras intentaba mover los vidrios de la pantalla que se hizo añicos en el suelo
—Como no es tu mujer la que está con un maldito enfermo, que resultó que no es su padre, y parece un psicópata obsesionado con ella, mi esposa y mi bebé están con ese demente, como demonios quieres que esté, feliz, de viaje en Dubai o Hawái, o tal vez de fiesta en un bar, si eso debería de hacer, y esperara sentado a qué se le pase el berrinche a Claudio y decida regresarme a mi esposa y mi bebé —suelta con sarcasmo Marcelo a Lorenzo, este niega ya cansado y fastidiado por todo, que ya no sabe que más hacer para tranquilizarlo, y también se desespera al no saber nada de Charlotte y el bebé...
—No dije eso Marcelo, pero te necesito con la cabeza fría, a si no harás nada, y ella necesita a su esposo, no a un loco que quiere quemar vivo a medio mundo
—Eso debería hacer, incendiar todo Italia hasta que ella vuelva si, desatar el mismo infierno —decía, mientras tomaba su saco y arma, saliendo del despacho, azotando la puerta, Lorenzo reaccionó y lo siguió...
Logro subirse con él al auto y en silencio lo vio conducir como si el diablo acabará de poseerlo, se saltó semáforos en rojo, esquivaba como profesional a los demás autos e ignoro a patrullas, se estacionó de golpe en el edificio, dónde estaba el antiguo apartamento de Charlotte
—Que hacemos aquí, dudo que aquí esté Charlotte —dijo Lorenzo, mientras bajaban del auto
—Lo sé, pero el infierno se desataría de verdad, haré que me la regrese, el jugo sucio para llevársela, yo haré lo mismo para que me la regrese en una sola pieza, o el infierno le parecerá un paraíso, con lo que yo planeo hacerle a ese desgraciado —ambos subían al apartamento y sin saber que buscaban, empezaban a revisar todo el lugar, desde las habitaciones, hasta el baño y balcón
—Me digas que demonios buscamos, ya volteamos este lugar al revés —le decía Lorenzo al ver todo el desorden en el apartamento, todo tirado y desacomodado
—Una vez me dijo mi padre que yo era el mismísimo lucifer cuando tocaban lo que me pertenece, o quería algo que es mío, o simplemente intentaban querer tomar mi lugar, pero yo soy el único esposo de Charlotte y el único padre de nuestro bebé, y juro que los traeré de vuelta a casa —decía Marcelo, Lorenzo lo veía, ya que no lo entendía, ni entendía lo que estaba diciendo, creía que a su amigo se le acaba de zafar el último tornillo que le quedaba de cordura
Marcelo sacaba un cajón y al vaciarlo para voltearlo y verlo por debajo como había hecho con el resto, encontró unos papeles pegados al cajón, y un sobre amarillo que parecía sellado, sonrió.
—¿Qué es eso? —pregunto Lorenzo
—Espero que el boleto de vuelta a casa —dijo él, y Lorenzo definitivamente ya ni entendía nada de lo que salía de la boca de su amigo, Lorenzo llamo a una empresa de servicio para que fueran 3 mujeres a limpiar, y ordenar el apartamento, mientras ellos se fueron a casa de Marcelo, ya en el despacho él abrió el sobre amarillo sacando unas hojas de ella...
Leía detenidamente cada palabra, línea, párrafo, nada se le podía escapar, llevaba toda la tarde con los mismos papeles, leyendo, releyendo y analizando todo
—Ya encontraste algo —pregunto Lorenzo, su voz sonó cansada, a pesar de que Marcelo le dijo que se fuera a descansar con Aranza, él simplemente se acomodó en el sofá, mirando al techo, y de vez en cuando viendo a su amigo como releía cada hoja de ese sobre, y las que venían fuera del sobre
—¡Aquí está! —grito Marcelo, Lorenzo sonrió aunque no sabía que encontró, pero también noto que Marcelo estaba peor que él, sus ojos, su rostro lo delataban, y la charola de comida que estaba sobre la mesita ya fría era la prueba que se enfermaría o su cuerpo lo obligará a descansar en cualquier momento
—¿Qué? —pregunto Lorenzo
—Se supone que Charlotte no es hija de Claudio y él parece estar obsesionado con ella, no con la mafia de su esposa —Lorenzo solo asentía —bueno, aquí está lo que necesito, la identidad del padre de Charlotte y si yo estaba a punto de incendiar Italia por recuperarla, su padre ni solo la incendiara, él desatará el infierno y no le importara quemarse él también —la sonrisa de Marcelo decía mucho más de lo que salía de su boca
—¿Cómo sabes que el padre te ayudará?
—El sabe de la existencia de Charlotte, y sabía que estaba en el convento, pero si padre no es un don nadie, si yo soy poderoso en este mundo, su padre es el triple o hasta más, todo Italia va a temblar....