Daniel es un joven marcado por traumas infantiles profundos. Vive emocionalmente anestesiado hasta que aparece una entidad desconocida que le ofrece un trato:
olvidar el dolor y purificar su alma… a cambio de cumplir misiones en distintos mundos.
Pero hay una trampa elegante:
no puede borrar su pasado hasta volverse digno de hacerlo.
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Entre mundos
Capítulo VIII
—
Entre mundos
El blanco lo envolvía todo.
Daniel abrió los ojos. No había mansión.
No había flores ni sonrisas perfectas. No había Hyun… y aun así, sentía que algo permanecía.
Su cuerpo estaba cansado. Dolorido. Cada músculo gritaba después de la sanción del mundo ABO.
La fiebre que lo había acompañado desapareció, pero una nueva sensación se asentaba en él: vacío y libertad a la vez.
La entidad apareció, suspendida en la nada, luminosa y sin forma definitiva.
—Sobreviviste —dijo, con voz que no era voz—.
Pero no por fuerza. Sobreviviste porque tu compasión te sostiene.
Daniel se incorporó lentamente. Miró sus manos. Marcas rojizas aún recorrían sus muñecas, restos del dolor que el mundo le infligió.
—No entiendo —dijo con voz ronca—. ¿Cómo sobreviví?
—Porque no actuaste con violencia. No buscaste poder. Solo sentiste. Solo observaste —respondió la entidad—.
Eso es lo que te hace especial. Eso es lo que te permitirá cruzar lo que viene.
Daniel respiró hondo. Por primera vez, su cuerpo dolió, pero no le quemaba. Cada inspiración parecía purificarlo un poco más.
—Mi cuerpo… se siente distinto —murmuró—.
—Así comienza —dijo la entidad—.
Primero cuerpo, después mente, finalmente alma. Todo debe limpiarse antes de que la misión avance.
Y lo que sentiste por Hyun no es un error. Es parte de tu purificación. Tu compasión es tu poder.
Daniel cerró los ojos. Pensó en Hyun. Pensó en la mirada cristalina y la fragilidad de aquel albino perfecto, y sintió algo nuevo: no miedo, no dolor, sino cuidado. Esa sensación recorrió su pecho y bajó por sus brazos, suave, como una corriente cálida.
—¿Es esto… lo que significa estar limpio? —preguntó.
—Significa empezar a existir sin estar atrapado en el daño del pasado. Significa sentir sin destruirte.
Significa construir mundos donde otros no podrían verlos —explicó la entidad—.
Y, al hacerlo, ya dejaste tu primera marca.
Daniel abrió los ojos. La nada blanca parecía vibrar a su alrededor, como si algo naciera de su propia respiración.
—¿El mundo… el ABO? —preguntó—.
—Está cambiando —dijo la entidad—.
Tu observación abrió grietas. Hyun empezará a tomar control de sí mismo. Los demás también despertarán lentamente. Todo queda a manos del destino. No tu destino. El destino. Pero tu camino continúa.
Daniel sintió que su corazón latía con fuerza, pero no era miedo. Era conciencia. La claridad de alguien que sabe que su misión empieza ahora, en serio.
—¿Y qué debo hacer ahora? —preguntó.
La entidad inclinó su luz hacia él, brillante pero sin cegar.
—Caminar. Observar. Sentir. Tu compasión será la brújula que atraviese mundos corruptos. Cada mundo pondrá a prueba tu cuerpo, tu mente y tu alma. Cada misión será un espejo que mostrará lo que aún debes purificar. Pero ya no estás solo. Ni vacío.
Daniel asintió lentamente. La fiebre del mundo ABO había dejado marcas, pero también una semilla de fuerza silenciosa.
Abrió el cuaderno. Las páginas, antes en blanco, comenzaron a llenarse con su propia letra: observaciones, reflexiones, sentimientos que nunca había compartido.
“Cada mundo que atraviese será un reflejo. Cada reflejo será prueba. Cada prueba me acerca a la pureza.”
Respiró hondo. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía avanzar sin miedo. La entidad desapareció lentamente, dejando un eco de luz detrás.
La nada blanca parecía moverse ahora como un sendero. Un camino invisible.
Daniel dio el primer paso.
Y con ese paso, el siguiente mundo aguardaba, corrupto, peligroso, listo para desafiar todo lo que él creía conocer.
Pero esta vez no era un espectador. Esta vez estaba preparado para ver la profundidad de la historia, y transformarla desde su compasión.