Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
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capitulo 24 promesas que pesan
—Aléjate de ella.
No hubo suavidad.
No hubo consuelo.
Solo la voz firme de mi madre atravesándome como un juicio.
—Está mal, Adrián, está Mal desear a la esposa de tu hermano.
La frase quedó suspendida entre nosotros, pesada. Incómoda. Verdadera… y aun así insuficiente.
La miré sin responder Porque no tenía energía para fingir cordura ni para disfrazar el desastre que llevaba dentro.
—No es un capricho, si es lo que estás insinuando.
Mi voz salió áspera, erosionada por noches sin descanso.
—No puedo simplemente decidir que no siento nada.
Mi madre tensó la mandíbula.
—No hablo de negar lo que sientes, hablo de límites, de consecuencias Adrián.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Renata es una mujer casada.
Y luego, más bajo:
—Antonio es tu hermano.
Sentí algo romperse en mi pecho.
—¿Hermano?
Escupí la palabra.
—Antonio es una basura que no se merece ni ser tu hijo, ese maldito, la humilla, la ignora, la trata como si fuese invisible.
El aire se puso tenso.
—No la quiere, madre, nunca la quiso, ella lo sabe... Pero... Ella solo se acostumbra a esa vida porque no tiene a nadie que la cuide, que le ofrezca algo mejor.
El silencio que siguió fue distinto.
Ya no severo ahora preocupado.
Mi madre me observó De verdad.
Y vi cómo la dureza comenzaba a resquebrajarse.
—Adrián…
Su voz perdió filo.
—¿Qué tan profundo estás metido en esto?
No contesté.
Porque mi rostro ya lo había hecho por mí porque estaba destrozado, estaba sufriendo, estaba desgarrado porque la amaba, y tenía todo en contra para poderla liberar y reclamarla para mí.
Vi el cambio exacto en sus ojos el instante en que dejó de ser una mujer rígida... Que seguía reglas de la alta sociedad,
y volvió a ser mi madre.
—Dios mío…
Susurró.
—Estás sufriendo, Adrián.... De verdad sufres por Renata.
Se levantó lentamente, se acercó.
Tomó mi rostro entre sus manos.
—Eres mi hijo…
Su voz tembló.
—No puedo ignorar eso.
Y entonces llegó la verdad.
Una que cargaba años de silencio.
—Renata también me importa... Ella es hija de alguien que fue más que una amiga para mí.
Mi respiración se detuvo.
—ella es hija de Sofía…
Mi madre cerró los ojos.
—Sofía Montero.
El apellido cayó con el peso de un linaje legendario.
Los Montero.
Una familia incluso más poderosa que los Soler…
y, en muchos círculos, más influyente que los propios Villavicencio.
—Murió pocas horas después del parto.
El aire se volvió denso.
—Nunca llegó a sostener a Renata en sus brazos, Renata jamás ha conocido el amor de una madre, su padre la aisló de los Montero.
Sentí un nudo brutal en la garganta.
—Renata quedó sola en el mundo… a la merced de un ogro despiadado siendo apenas una recién nacida.
Mi madre tragó saliva.
Sus ojos brillaban con culpa antigua.
—Heredera única, al igual que tú.
Susurró.
—en el Último latido de Sofía.
El silencio fue devastador.
—En su lecho de muerte…me pidió que protegiera a su hija sus manos temblaban levemente sobre mi rostro.
—Prometí cuidarla, velar por ella.no permitir que nadie la destruyera, por eso te llame para que la cuidaras, Pero yo pensaba... pensaba que ella y tu hermano solo tenía un problema de adaptación... jamás pensé.... Oh Dios mio- mamá comenzó a llorar
-sofi, te falle - dijo susurrando
Cada palabra caía como una losa.
—Cuando surgió el acuerdo matrimonial con Antonio…no me opuse.
La miré, incrédulo.
Mi madre cerró los ojos.
—Creí que era lo mejor, Antonio era frío, sí… pero siempre fue correcto, decente.
Un suspiro roto.
—Jamás imaginé que pudiera lastimarla.
Luego, casi inaudible:
—O eso pensé.
El dolor en su voz ya no era duda. Era arrepentimiento.
—Busquemos una solución.
Dijo finalmente.
—No voy a quedarme de brazos cruzados mientras la hija de Sofía vive infeliz.
Y luego, más firme:
—Ni mientras mi hijo se consume por dentro,creo que es hora de que alguien más nos ayude...
El despacho de Rogelio Valderrama estaba cargado de tensión.
—Nos debes una explicación.
Mi madre no levantó la voz, no lo necesitaba.
Rogelio frunció el ceño.
—¿A qué viene todo esto?
—Al matrimonio de tu hijo.
Intervine.
—Renata vive miserable en esa casa por su culpa. Antonio la desprecia.
Su mirada se endureció.
—Ese es un asunto privado, de tu hermano Adrián.
—Dejó de ser privado cuando comenzó el maltrato.
El silencio se volvió cortante.
Mi madre dio el golpe final.
—¿Por qué aceptaste ese acuerdo, Rogelio? porque negociaste con Pedro, el matrimonio de Antonio.
-vamos viejo malagradecido, danos respuestas, si quieres dormir está noche en tu cama- dijo mi madre perdiendo la poca paciencia que tenía.
Algo cambió en su expresión. Molestia e Incomodidad Y finalmente…resignación.
—acepte Porque Antonio lo pidió.
El mundo se inclinó.
—¿Qué?
—Antonio organizó todo.
Cada palabra fue una detonación.
—fue Él, el que habló con el padre de Renata.
Él planteó la unión, Él insistió.
Mi pulso rugía.
—Eso es imposible Antonio detesta ese matrimonio ¿cómo podría el querer ese matrimonio?
Rogelio negó lentamente.
—No al principio, el parecía encantado con la idea, Renata y el eran buenos amigos.... No pensé..!
Silencio mortal.
—Fue idea suya casarse con ella.
Mi madre quedó petrificada.
Yo sentí la rabia arderme en la sangre.
—¿Por qué?
Rogelio evitó mi mirada.
—Pregúntaselo a él.
Pero ya no hacía falta.
Porque algo oscuro comenzaba a encajar.
Antonio no fue obligado, antonio eligió, calculó.
movió piezas y Renata…
Renata fue el sacrificio perfecto.