En un mundo donde la sangre llama a la venganza y el destino teje hilos inquebrantables, ella, la Omega despreciada, se alzará para reclamar no solo un trono, sino el corazón de un Rey. Pero un amor tan puro puede ser la debilidad más letal en un reino oscuro.
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 14
Ricardo intentó hablar, pero Ethan levantó una mano, silenciándolo. El Rey volvió su mirada hacia Luneth, que temblaba bajo la capa. Sus ojos dorados se suavizaron instantáneamente, una transformación que desconcertó a todos los presentes. Para el mundo, él era un monstruo; para ella, era un escudo.
—¿Tienes alguna herida que no me hayas dicho? —le preguntó él, ignorando por completo los gritos de Lisandra. Sus manos, grandes y callosas, acunaron el rostro de Luneth con una ternura que hizo que el corazón de ella diera un vuelco.
—Solo... solo algunos rasguños —susurró ella, mirando a sus tíos. Por primera vez en su vida, no sintió el impulso de agachar la cabeza. Con el brazo de Ethan rodeándola, se sentía invulnerable—. Estoy bien, Ethan. De verdad.
—No estás bien —corrigió él, rozando con el pulgar una pequeña herida en su mejilla—. Estás exhausta y has sido asaltada por aquellos que debían protegerte.
Ethan se volvió de nuevo hacia Ricardo, su expresión volviéndose de piedra una vez más.
—Preparad la habitación más lujosa de esta casa. No esa pocilga donde la teníais escondida. Quiero una cama con sábanas de seda, fuego en la chimenea y a vuestros mejores médicos esperando en la puerta. Si Luneth se queja de un solo dolor de cabeza durante la noche, quemaré esta mansión con todos vosotros dentro.
—Pero... los invitados al baile... —balbuceó Ricardo—. Todos están esperando una explicación. El Rey desapareció de repente, hubo gritos en el bosque...
—Dadle la explicación que queráis —dijo Ethan con desprecio—. Decidles que el Rey ha encontrado a su Reina y que ha descubierto un nido de traidores en esta casa. Eso debería mantenerlos entretenidos.
Ethan volvió a levantar a Luneth en sus brazos. Ella apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos. El agotamiento físico y emocional finalmente estaba ganando la batalla. Mientras Ethan caminaba hacia la entrada principal de la mansión, escoltado por sus propios guardias reales que acababan de llegar (con caras de vergüenza tras haber sido drogados), Luneth sintió que el mundo que conocía se estaba desmoronando, y que uno nuevo, mucho más brillante y peligroso, estaba naciendo.
—No dejes que me lleven de nuevo al sótano —murmuró ella en un semisueño.
Ethan se detuvo un momento, besando su sien con una intensidad que era casi una plegaria.
—Nadie volverá a ponerte en un sótano, Luneth. A partir de ahora, caminarás bajo el sol y dormirás bajo las estrellas de mi palacio. Yo soy tu escudo, tu Alfa y tu hogar. Duerme ahora. Yo vigilaré tus sueños.
Al entrar en la mansión, el silencio cayó sobre el gran salón. Los nobles de las manadas vecinas, vestidos con sus mejores galas, se quedaron petrificados al ver al Rey Alfa entrar cubierto de barro y sangre de lobo, cargando a la "Omega de la máscara" envuelta en su propia capa real.
Carla, que estaba de pie junto a un grupo de jóvenes Alfas, dejó caer su copa de vino, que se hizo añicos contra el suelo. El sonido fue como un disparo en la habitación. Ethan ni siquiera la miró. Pasó entre la multitud como un dios enfurecido, irradiando tal cantidad de poder que la gente se apartaba físicamente a su paso, bajando la cabeza en señal de respeto y miedo.
Ricardo y Lisandra los seguían de cerca, humillados ante sus propios invitados, viendo cómo el poder que habían ostentado durante años se evaporaba bajo la bota de Ethan Dark’Raven.
Cuando llegaron a las escaleras, Ethan se detuvo y miró hacia atrás, recorriendo a la multitud con sus ojos de fuego.
—Esta noche —proclamó con voz de trueno— habéis sido testigos del renacimiento de la casa Moonlight. Luneth Moonlight ya no es una sirvienta. Es mi compañera predestinada. Aquel que se atreva a murmurar contra ella, aquel que ose cuestionar su rango, se las verá conmigo. Disfrutad de la fiesta, pues mañana será un día de juicios y justicia.
Dicho esto, subió las escaleras, dejando atrás un salón lleno de murmullos conspiradores y caras de asombro.
Una vez en la suite real que Ricardo había desalojado a toda prisa para ellos, Ethan depositó a Luneth en la inmensa cama. Él mismo se quitó las botas embarradas y se sentó al borde del colchón, sin dejar de mirarla.
—Gracias —susurró ella, estirando una mano para tocar la de él.
Ethan entrelazó sus dedos con los de ella, apretando con fuerza.
—No me des las gracias por cumplir con mi deber, Luneth. Debería haber estado allí antes. Debería haber olido el peligro. Mi lobo no se perdonará haberte visto llorar de esa manera.
—Fue el miedo... pero cuando te vi, el miedo se fue —admitió ella, una pequeña sonrisa apareciendo en sus labios por primera vez—. Me sentí... a salvo.
—Lo estás —prometió él—. Mañana nos iremos de aquí. Pero antes, Luneth, necesito que seas fuerte una última vez. Tenemos que bajar a ese salón. Tenemos que enfrentarlos a todos. No como una víctima, sino como lo que eres.
Luneth tragó saliva. La idea de volver a ese salón, de ver las caras de Carla, de su tía y de todos los que se habían burlado de ella, la aterraba. Pero al mirar a Ethan, al ver la fe absoluta que él tenía en ella, sintió que su loba interna, esa pequeña chispa de plata, comenzaba a arder con más fuerza.
—Lo haré —dijo ella con firmeza—. Bajaré contigo.
—Esa es mi Reina —dijo Ethan, con un brillo de orgullo en sus ojos—. Ahora, descansa una hora. Mis sirvientas traerán todo lo necesario. Cuando volvamos a cruzar esa puerta, el mundo sabrá que la Luna ha regresado a su trono.
Pero mientras Luneth cerraba los ojos, el peligro aún acechaba. Ricardo Moonlight, escondido en las sombras del pasillo, no estaba dispuesto a perderlo todo tan fácilmente. Si Luneth llegaba viva a la capital, los secretos sobre la muerte de sus padres y el verdadero origen de su linaje saldrían a la luz. Y eso era algo que Ricardo no podía permitir, incluso si eso significaba desafiar al mismísimo Rey de los Lycans. La caza no había terminado; solo había cambiado de forma.