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Desafiando Al Sistema

Desafiando Al Sistema

Status: En proceso
Genre:Aventura / Romance
Popularitas:760
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — Cuando el foco te elige

El llamado no vino con margen.

Vino con un mapa marcado en rojo y un nombre escrito en el encabezado: Cael Verdan — Coordinación de Campo.

Cael lo leyó en la pantalla del dispositivo de la Asociación con una mueca que no era enojo ni orgullo. Era esa incomodidad que aparece cuando alguien decide por ti antes de que puedas decir que no.

—No pedí liderar —dijo, mirando a Lara.

—No lo pediste —respondió ella—. Te eligieron porque funcionó cuando nadie más funcionó.

—Eso no es una razón —replicó Cael.

—Es la única que usan —intervino Maira—. Funciona → se repite.

Ivo ajustó el chaleco con un gesto seco.

—¿Dónde?

—Complejo de bodegas al norte del río —respondió Cael—. Tres brechas intermitentes. Equipos dispersos. Piden coordinación para evitar colapsos en cadena.

—Suena a que quieren que cargues con el error si algo sale mal —dijo Ivo.

Cael no lo negó. Se colocó los guantes despacio, como quien se prepara para un trabajo que no pidió pero igual va a hacer.

El complejo de bodegas era un laberinto de pasillos estrechos, techos bajos y puertas metálicas con números que ya no se leían bien. El aire estaba cargado de polvo y humedad. Los equipos de la Asociación esperaban en distintos puntos, con los nervios tensos por la espera.

—Escuchen —dijo Cael, al reunirlos—. No vamos a cerrar todas a la vez. Si colapsa una, arrastra a las otras. Primero estabilizamos la del sector C, después la del pasillo largo, y al final la del depósito frío. Mantengan comunicación abierta. Si algo se siente mal, se frena.

Un agente levantó la mano.

—Con respeto, ¿vos sos el que cortó el pulso en el intercambiador?

Cael asintió, incómodo.

—Eso no hace que hoy salga igual. Hagan su trabajo. Yo hago el mío.

No fue un discurso épico. Fue una instrucción honesta. Algunos parecieron aliviados. Otros decepcionados de que el “héroe” no diera frases para enmarcar.

La primera brecha se cerró sin problemas. Cael marcó el pulso, Maira ajustó anclajes, el equipo respondió. Todo fluía.

La segunda fue más terca. Un agente se adelantó de más, activó una carga antes de tiempo. La brecha respondió con un latigazo de sombra que golpeó una pared. El polvo cayó como lluvia.

—¡Atrás! —gritó Cael—. Nadie actúa sin señal.

El agente retrocedió, pálido.

—Lo siento, yo…

—Después —dijo Cael—. Ahora respirá y quedate en línea.

La tercera brecha era la más peligrosa. Estaba cerca de un depósito de químicos viejos. Un colapso ahí no iba a ser solo un problema de energía.

—No usen picos —dijo Cael—. Esto se cierra lento o no se cierra.

El tirón interno era fuerte. La presión en el pecho le recordaba la pelea del intercambiador. No activó el Filo de inmediato. Probó con marcas suaves. La brecha se resistió.

—Más anclajes —pidió Maira—. El borde está sucio.

Un agente mal posicionado resbaló en el piso húmedo. Cayó de rodillas dentro del radio de la brecha.

—¡Quieto! —gritó Cael.

Demasiado tarde.

Un fragmento de sombra se desprendió y le rozó el antebrazo. El agente gritó por el frío súbito. Cael se lanzó hacia adelante, activó el Filo en un destello corto, envolvente. Cortó el pulso que alimentaba el fragmento antes de que terminara de formarse. El aire vibró. El fragmento se desarmó.

Cael sintió el golpe del cansancio subirle por la espalda. La Tenacidad del Caído amortiguó el mareo, pero no la punzada en el hombro. Se obligó a no caer.

—¿Estás bien? —preguntó Lara, a su lado.

—Sí —respondió, y esta vez fue verdad… por poco.

—No lo fuerces —dijo ella—. Te necesitamos lúcido, no épico.

—Lo sé.

Cerraron la brecha con un patrón más amplio. Lento. Preciso. El aire se acomodó. El depósito volvió a oler a químicos viejos y metal.

El silencio que siguió fue pesado. Los agentes miraban a Cael con algo nuevo en la cara: no solo respeto, también la conciencia de que, si él fallaba, el costo iba a ser de todos.

Un funcionario de la Asociación se acercó.

—Buen liderazgo —dijo—. Evitaste un colapso en cadena.

—Evité que alguien más se golpeara —respondió Cael—. No es liderazgo. Es… atención.

El funcionario no discutió.

En el camino de regreso, el cansancio era denso.

—Hoy te equivocaste una vez —dijo Maira—. Y lo arreglaste.

—No lo hice solo —respondió Cael—. Si ese agente no se detenía cuando se lo pedí, hoy contábamos otra historia.

—Eso también es liderar —dijo Lara—. Que te escuchen cuando no gritás.

Cael miró por la ventana. Las bodegas se alejaban como sombras cansadas.

El Sistema apareció con un aviso breve:

[Estado: Estable con fatiga elevada.]

[Recomendación: Recuperación prioritaria.]

—Estamos de acuerdo —murmuró.

Esa noche, en su departamento, se quedó sentado en la cama con los guantes en las manos. El reconocimiento lo había puesto al frente. No como héroe. Como punto de apoyo. Y los puntos de apoyo también se desgastan.

No todo foco te elige para brillar.

Algunos te eligen para sostener.

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