Liam es un omega dominante, con una deuda de su vida pasada por saldar.
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La salud mental es algo serio
Liam de 25 años, joven empresario dedicado al mundo de la arquitectura, pisaba fuerte, debido a su subgénero era subestimado constantemente.
En el mundo de los tiburones, tú comes o te comen, y Liam era de los devoraba. A pesar de su edad ya contaba una fortuna personal, sí, fue impulsado por su padre, pero el mérito era completamente suyo.
-Amigo, estoy preocupado por ti, desde la universidad, no has salido con nadie, ¿quieres ordenarte como sacerdote?.- Como de costumbre Enzo buscaba la manera de fastidiar al omega.
-Nadie me interesa.- Cortante como siempre.
Sabes, tengo que asistir a un evento para crear contactos útiles. Te llevaré para que puedas despejarte y quién sabe, tal vez te ligues a alguien o si no está bien también, lo importante es que salgamos a divertirnos.
Luego de pensarlo por un momento, sorpresivamente el omega aceptó.
-Vamos, necesito distracción. No iré muy elegante.-
-Como gustes señor empresario.- El alfa estaba feliz, saldría con su amigo.
El ambiente estaba cargado de sutiles aromas que escondían nerviosismo, tabaco importado, y ropa cara.
Cuando pasó por la puerta con su traje azul oscuro ceñido a su cuerpo escultural y el sutil aroma de un omega dominante, a más de uno se le cortó la respiración, se llevaba miradas, se oían susurros, algunos de admiración y otros de envidia.
Desde la barra con un vaso de whisky en la mano, hablaba con Enzo, y buscaba con la mirada, no sabía a quién.
Desde que llegaron sintió que le perforaban el cerebro con la mirada, lo escaneaban, esa sensación hacía que se le erizara la piel. Presentía que esa noche sería inolvidable.
Un alfa se le acercó con una mirada afilada, como quien ha encontrado una presa deliciosa.
-Liam Brown, al fin tengo el agrado de verlo en persona.- El alfa lo miraba como si lo desnudara.
-El gusto es mío señor Nicolay Ivanov.- Al estrechar sus manos el contacto duró más de lo debido, no le gustó, pero lo disimuló a la perfección.
-Enzo Bianchi, debiste traerlo antes. Realmente es mucho más hermoso verlo en persona.- El omega se sintió irritado y su aroma aumentó un poco, como advertencia.
Este alfa era alguien que no se puede ignorar fácilmente, es conocido como un as en los negocios, tenía poder en la bolsa y también lo respaldaba gran parte del submundo, era peligroso.
El alfa al percibir que Liam estaba molesto sonrió, lo tomó como desafío, lo quería para él y no descansaría hasta poseerlo.
Enzo como alfa protector, invita al omega a saludar a otras personas en el lugar y evitar que se convirtiera en una batalla de feromonas.
-Estás incómodo, nos iremos de inmediato.- Su amigo se disculpó, la idea de ir a la fiesta era para que Liam tomara un descanso, pero se volvió un problema.
-No te preocupes, puedo aguantar un poco más.- Al terminar la frase, levanta la cabeza en alerta, ese olor...
Buscó con la mirada, olfateaba el aire pero no descubrió de quién se trataba.
Se asustó, en cada pesadilla ese mismo aroma se hacía presente.
Enzo al notar que el omega trataba de retener la respiración, lo toma inmediatamente del brazo para sacarlo del lugar. Cruzando el salón las luces se apagan, un único reflector en el escenario, pararon en seco. Antes de que dieran un paso más sonó una melodía, una que ya conocía pero no sabía de dónde.
Enzo comprendió y se quedaron para la presentación, una omega cantaba con voz dulce y armoniosa.
De la nada, pequeñas perlas rodaban por las mejillas de Liam, estaba llorando y no sabía el porqué.
-Es suficiente.- El alfa tomó a su amigo y salieron del lugar.
Una persona del otro lado del salón observó la escena, cada vez estaba más cerca de su omega. Sonrió con nostalgia y un pequeño toque de celos porque otro alfa lo consolaba.
-Pronto mi amor.- Susurra a la nada.
Liam era un mar de lágrimas, no entendía por qué su corazón dolía.
Desesperado, Enzo lo marca sutilmente con sus feromonas tranquilizadoras, sándalo y ámbar. Funcionó, Liam poco a poco dejó de llorar.
-Dime querido amigo, ¿qué sucedió para que colapsaras de tal manera?.- Estaba angustiado, jamás vio a su amigo tan triste, tan vulnerable.
-Fue un recuerdo y no es mío.- Limpiaba sus lágrimas. -Para ser sincero tampoco entiendo, llevo años visitando a un psiquiatra porque cada vez que duermo tengo pesadillas de una vida pasada y para controlarme tomo pastillas.- El omega confesó y era un alivio.
-¿Psiquiatra?. No debiste afrontar esto tú solo, tienes a tus padres y me tienes a mí.- El alfa lo abrazó sinceramente, le dio consuelo como amigo y hermano. Sentía impotencia al enterarse de su estado.
-No te preocupes, estoy mejor, pero esa melodía fue un detonante.- Tomó agua. -¿Quién ofreció esa fiesta?.-
El alfa lo pensó por un momento y recordó.
-Un alfa muy poderoso, tiene todo tipo de negocios, muy pocos lo han visto personalmente. Algunos dicen que es alguien con la cara deforme porque nunca sale en público, pero yo creo que es un criminal.- Le pasa otro vaso de agua fría a Liam. -Por algo se esconde.-
-Entiendo, es un completo misterio. ¿Sabes cómo se llama?- Liam sentía mucha curiosidad.
-Jonas Duerken.- El vado se hizo añicos al caer en el piso.
-¿Estás bien? No lo toques, yo levanto el vidrio.- El alfa limpió inmediatamente.
-Enzo, no le cuentes a mi familia sobre mi condición por favor.- A Liam le tembló el cuerpo entero al escuchar ese nombre, no entendía si era la primera vez que lo escuchaba.
-No lo haré, pero debes hacerlo tú en algún momento, la salud mental es algo serio.- Lo abrazó una vez más. -No estás solo, cuentas conmigo.- Nuevamente tranquilizó a su amigo, esta vez el aroma a bergamota y geranio era más dulce, calma.
Esa noche se quedó en casa de Enzo, insistió que debía acompañarlo como medida de seguridad. No le quedó de otra que aceptar. Su amigo es muy protector.