Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?
NovelToon tiene autorización de Benito Leal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 11 - Estrato
La primera persona que vio el diseño de Luciano lo llamó imprudente.
La segunda lo llamó caro.
Edran consideró ambas opiniones una forma de aprobación y dejó la libreta sobre la mesa del taller.
El establecimiento ocupaba una bóveda bajo el distrito artesanal de Puerto Sair. Hornos enanos calentaban las paredes de piedra; mecanismos goblins recorrían el techo sobre rieles y transportaban piezas con una precisión inquietante. Cada superficie estaba cubierta por herramientas, moldes o advertencias que Luciano todavía no podía leer sin ayuda de la trama traductora.
La maestra enana Dorga Venn examinó el dibujo con una lente sujeta sobre un ojo. Tenía brazos marcados por quemaduras antiguas y el cabello gris recogido dentro de un aro metálico.
—Siete ranuras en una lanza articulada —dijo—. Quiere llevar una fractura en las manos.
Desde debajo de la mesa apareció Piprek, un goblin delgado con tres herramientas entre los dientes y gafas de cristales superpuestos.
—No si las ranuras giran —respondió—. Separadores móviles. Descarga lateral. Fallará de maneras mucho más interesantes.
—Preferiría que no fallara —dijo Luciano.
Dorga y Piprek lo miraron como si hubiera pedido que el metal dejara de pesar.
—Todas las Armas Nodales fallan —dijo la enana—. El oficio consiste en decidir qué se rompe primero.
Edran desplegó sobre la mesa tres piezas sin energía: un cristal opaco, una cápsula de cobre y una lámina grabada.
—Núcleo, recipiente y catalizador —explicó—. El núcleo almacena la esencia del atributo. El recipiente impide que se disperse. El catalizador permite que responda al aventurero.
Piprek señaló el dibujo de Luciano.
—Él quiere siete núcleos.
—Quiero espacio para siete —corrigió Luciano—. No pienso instalarlos todos mañana.
—Eso dicen quienes vuelven con menos dedos.
Dorga tomó una barra de metal y trazó sobre la mesa la forma básica de una lanza.
—Un arma común concentra el Anclaje en un punto. El Nexo se vincula después de la Concordancia. Si añadimos articulaciones, cada unión se convierte en una debilidad.
Luciano abrió la libreta.
—También en una separación. Los atributos no compartirían cámara.
—Compartirían portador —dijo Edran—. El arma reduce la disonancia. No la elimina.
Piprek activó un modelo de prueba. Dos cristales sin vínculo giraron dentro de cápsulas transparentes, uno rojo y otro azul. Al aproximarlos, el metal vibró. El rojo trató de expandirse mientras el azul absorbía el calor. La tensión dobló el soporte hasta partirlo.
Una astilla pasó junto a la oreja de Luciano.
—Demostración convincente —dijo.
—Eso ni siquiera era disonancia real —respondió Dorga—. Solo materiales incompatibles. La disonancia ocurre cuando las emociones de dos atributos se enfrentan dentro del arma y del cuerpo. Pasión contra calma. Seguridad contra libertad. Apego contra impulso.
—¿Qué se rompe primero?
—Depende de lo que te niegues a sentir.
La respuesta dejó de parecer metalúrgica.
Trabajaron durante dos días en el diseño.
Kargan probó el peso de cada versión y rechazó tres por falta de estabilidad. Nyra exigió que ningún segmento produjera sonido al desplegarse. Vaelira revisó por dónde regresaría una descarga y marcó los puntos donde podía destrozar los nervios de Luciano.
—Te dibujó con mucho detalle —comentó Nyra al observar el esquema anatómico.
—Es un mapa de daños —dijo Luciano.
—Eso no contradice lo que dije.
Vaelira trazó una línea desde la palma hasta el hombro.
—Si dos recipientes se abren a la vez, la descarga entrará por aquí. Puedo estabilizar parte del daño con Savia Carmesí, pero no devolverte un brazo cocido.
Luciano miró su propio brazo.
—Entonces añadiremos un canal de expulsión.
Piprek sonrió.
—Ahora está aprendiendo a elegir qué se rompe.
La estructura final utilizó una aleación enana oscura para soportar impactos y articulaciones goblins capaces de cerrarse alrededor de cada recipiente. Plegada, la lanza medía poco más que el antebrazo de Luciano. Extendida, superaba su altura. La hoja podía separarse del asta mediante un cable nodal y funcionar como sonda, garfio o mecanismo de ataque.
Dorga insistió en una punta reforzada para combate.
Luciano añadió marcas de medición.
Piprek instaló una pequeña luz de inspección que explotó durante la primera prueba y chamuscó las cejas de Kargan.
La luz fue retirada por decisión unánime.
El tercer día ensamblaron el prototipo.
Luciano sostuvo el arma sin Nexos. El peso se distribuía hacia el centro y cambiaba al liberar cada articulación. Extendió el primer segmento con un giro. El segundo respondió al seguro de su pulgar. Cuando proyectó la hoja, el cable cruzó el taller y atrapó una taza antes de regresar.
La taza pertenecía a Dorga.
—Control deficiente —dijo ella.
—La taza no se rompió.
Dorga la examinó.
—Control aceptable.
Kargan tomó la lanza. Probó la flexión, golpeó el asta contra el suelo y tiró del cable con tanta fuerza que Luciano esperó verlo arrancado.
—Servirá para entrenar —concluyó—. No para una misión.
—Todavía no es un Arma Nodal —recordó Edran—. Sin Anclaje, solo es metal bien diseñado.
Luciano recuperó la lanza.
—Necesita un nombre.
—Necesita un Nexo —dijo Dorga.
—Las ruinas reciben nombres antes de que sepamos para qué servían.
Observó las secciones superpuestas, cada una destinada a conservar una capa distinta de poder sin borrar las anteriores. Le recordó los cortes de terreno que había dibujado durante años: épocas separadas, acumuladas dentro de una misma estructura.
—Estrato.
Piprek pronunció el nombre y ajustó una articulación.
—Corto. Fácil de gritar cuando explote.
Edran colocó en la primera ranura un núcleo de práctica sin esencia. El recipiente se cerró y el arma emitió un pulso seco. Luciano sintió la vibración subir por sus dedos, pero no encontró ninguna emoción detrás.
—La ranura basal será para Tierra —dijo Edran—. Tu cuerpo respondió con mayor estabilidad a ese atributo. Seguridad antes que velocidad.
Kargan apoyó una mano sobre Bastión.
—Tierra no se entrega porque alguien quiera sentirse seguro. Tendrá que soportar el peso sin intentar dominarlo.
—¿Dónde consigo el material? —preguntó Luciano.
Dorga extendió un mapa de las Fosas de Terrak. Varios sectores estaban marcados como agotados o contaminados. Solo uno conservaba piedra viva con la pureza necesaria para un primer núcleo.
Piprek tocó la marca y un mecanismo proyectó sobre ella un aviso rojo.
—La cantera de Khelar —dijo—. Cerrada esta mañana.
—¿Agotada?
—Colapsada.
El mapa mostró túneles hundidos y señales de trabajadores atrapados bajo tierra.
Edran enrolló el documento.
—Partimos al amanecer. Primero rescataremos a quienes sigan vivos. Si la cantera permite algo más, obtendrás allí el material de Tierra.
Luciano plegó Estrato y la aseguró a su espalda.
Su primera arma estaba terminada.
Su primer Nexo permanecía sepultado bajo una montaña que todavía seguía cayéndose.