Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 5
Los días posteriores, Renata continúa desafiándome. Rodrigo me tiene más vigilada qué nunca y mandó a su madre y a la mía a hablar conmigo para darme "consejos".
No he podido reunirme con Sofía porque entre semana, por las tardes, qué es cuando ella está libre, mis hijas están conmigo. Y qué decir los fines de semana... es imposible.
Se aproxima un viaje escolar y las niñas estarán fuera una semana completa. Pienso aprovechar ese tiempo para ver a la abogada amiga de Sofía y que me diga cuáles son mis opciones al divorciarme de Rodrigo.
He pensado mucho en cómo era mi vida antes de casarme. Recuerdo qué en algún momento pensé en estudiar medicina, pero al conocer a Rodrigo, esa idea desapareció.
Mis padres siempre hablaban de lo importante qué era elegir un buen marido para mí. Crecí en una familia tradicional, nunca he visto a mi madre quejarse por su rol de esposa, madre y ama de casa.
Debo aclarar que mi padre jamás ha ejercido ningún tipo de violencia contra mi madre, ambos se respetan. Mis hermanos han modificado algunas cosas en sus matrimonios.
Sus esposas trabajan, pero siguen siendo ellos quienes toman las decisiones importantes en su hogar.
Ambos tienen hijos varones, uno cada uno.
El día avanza y no dejo de pensar en qué no sé hacer nada. Divorciarme de Rodrigo va a significar un cambio radical. Mis padres me darán la espalda, estoy segura.
No sé cómo van a reaccionar mis hijas, ambas adoran a su papá. Mis hermanos tampoco serán un apoyo.
El día termina, me siento agotada, no quiero compartir la cama con mi marido. Me quedo en la cocina más tiempo del necesario, esperando que al entrar en la habitación él ya esté dormido.
- ¿Por qué tardaste tanto?- su voz en medio de la oscuridad me provoca un sobresalto.
- Estaba terminando de limpiar.
- Algo te sucede, estás más callada de lo normal.
- Estoy cansada, es todo.
- ¿Cansada? ¿De qué?
Su pregunta me enfurece, me esfuerzo por no explotar y gritar con todas mis fuerzas.
- Hago mucho aquí. Me encargo de todas las labores del hogar. De las niñas, de ti.
- Nada extraordinario, lo hacen todas las mujeres desde siempre.
- Estoy cansada, Rodrigo. No quiero discutir.
- No lo hagamos. Deja de quejarte y ven a la cama.
Entiendo perfecto lo que quiere y yo no quiero lo mismo. Me meto en el baño con la excusa de lavar mis dientes y mi rostro. Me demoro más de lo normal. Él irrumpe en el lugar.
- Te pedí que vinieras a la cama- dice molesto y me toma con fuerza del brazo obligándome a caminar.
- ¡Me lastimas, Rodrigo!
Hace oídos sordos, me lanza con fuerza sobre la cama y se abalanza sobre mí. Está vez es más violento, arranca mi ropa, ejerce tanta fuerza en mis muñecas qué deja moretones en ellas.
No consigo disociarme, todo mi cuerpo duele, pero esto va más allá del dolor físico. Mi alma ha sido quebrantada.
Los días posteriores, los vivo en automático. Cumplo con mis labores sin quejas, pero no tengo ningún motivo qué me haga feliz. Mi vida está vacía.
La fecha del viaje de mis hijas llega, Rodrigo y yo las llevamos a la escuela y las vemos partir. Sofía me observa a lo lejos, debo encontrar la manera de reunirme con ella.
Mi esposo me lleva de vuelta a casa, su madre nos espera en la entrada. Me deja con ella y se marcha. Enseguida llega mi madre. Pasan el día entero conmigo y los siguientes días, hacen lo mismo.
No es una casualidad, por supuesto que no. Estoy segura de que es obra de Rodrigo. Ellas están aquí para controlarme, para vigilarme mientras él está trabajando.
Una noche antes de que las niñas regresen de su viaje, me armo de valor y decido pedirle el divorcio a mi esposo.
- Quiero que nos divorciemos- le digo sin más- Podemos llegar a un acuerdo que nos beneficie a ambos y qué no perjudique a las niñas.
- ¿Qué acabas de decir?- me mira asombrado.
- Me escuchaste. Quiero el divorcio.
- ¡Estás loca!
- No, quiero divorciarme de ti. No puedo más, está no es la vida que pensé qué tendríamos.
- Te repito, estás loca. Lo tienes todo; observa la casa en dónde vives, no necesitas trabajar, tus hijas van al mejor colegio de la ciudad. Soy un abogado prominente, podría tener a la mujer que se me diera la gana y sin embargo, estoy contigo. ¡¿Qué más quieres?!- grita muy cerca de mi rostro.
- Quiero respeto, comprensión, apoyo, amor... no humillaciones, ni golpes. Ser la esposa ignorada y maltratada de un prominente abogado no es precisamente un sueño.
- ¡Déjate de tonterías! Eres mi esposa y lo seguirás siendo hasta que la muerte nos separe.
- ¡No, Rodrigo! Voy a pedir el divorcio. Voy a dejarte.
- ¡Jamás! Me escuchaste. ¡Tú no vas a dejarme!
Se abalanza contra mí, estrella su puño contra mi rostro una y otra vez. Caigo al suelo y ahí me patea, cubro mi cabeza con mis manos. Él no se detiene hasta dejarme inconsciente.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes