Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.
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Rodrigo vuelve a enamorarse
Capítulo 8
Rodrigo vuelve a enamorarse
Habían pasado varios días desde que regresé y todo estaba cambiando, especialmente
Rodrigo.
Flores.
Mensajes.
Invitaciones.
Era casi divertido verlo esforzarse tanto.
En mi primera vida habría interpretado
aquello como amor. Ahora solo sentía rechazo, asco y miedo.
Sabía exactamente cómo terminaría aquella historia si volvía a permitirle acercarse.
Estaba en la universidad cuando me interceptó.
—¿Quieres cenar conmigo?
—No.
Intenté seguir caminando, pero se puso delante de mí.
—¿Por qué?
—Porque no quiero.
—Podemos hablar.
—Ya hablamos.
—Victoria, ¿qué cambió?
Lo miré.
—Yo.
Rodrigo apretó los dientes.
—¿Es por Adrián?
—¿Por qué siempre preguntas por él?
—Porque antes lo odiabas.
—Estaba equivocada.
—¿Y ahora lo amas?
La pregunta me sorprendió. No porque no conociera la respuesta, sino porque todavía no estaba preparada para pronunciarla.
—No es asunto tuyo.
—Lo es.
—No, no lo es.
—Victoria...
Intenté irme, pero él me tomó por el brazo. Yo lo miré directamente.
—No vuelvas a tocarme.
Esta vez se apartó.
Pero sabía que no se rendiría.
Aquella tarde apareció en una fiesta universitaria.
Lucía estaba con él. Los observé desde lejos. Ella le susurró algo, Rodrigo se puso serio y después miró hacia mí.
Me acerqué con curiosidad a hablarles.
—¿Interrumpo?
Lucía sonrió.
—No.
—Entonces continúen hablando.
Rodrigo guardó silencio.
—Estábamos hablando de ti —dijo Lucía.
—Ya lo imaginaba.
—Rodrigo está preocupado.
—Qué conmovedor.
—No tienes por qué ser cruel.
Solté una carcajada.
—¿Cruel? —La miré—. Tú deberías saber que todavía no he empezado.
La sonrisa de Lucía desapareció.
—No entiendo qué te ocurre.
—Eso es lo que más me gusta.
Me alejé. Era divertido jugar con ellos. Pronto podría ver cómo se devoraban entre sí.
Pero entonces escuché una voz.
—Victoria.
Me detuve. Era Adrián.
—¿Sí?
Se acercó.
—Necesito hablar contigo.
—¿Sobre qué?
Miró alrededor.
—Sobre algo que encontré.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué?
Sacó una pequeña llave de su bolsillo.
—Tu abuela me la entregó hace años.
La miré. Tenía un número grabado: "17".
—¿Qué abre?
—No lo sé.
—¿Y por qué la tienes tú?
Adrián sostuvo mi mirada.
—Porque ella me dijo que debía entregártela cuando estuvieras preparada.
Un estremecimiento me recorrió.
—¿Preparada para qué?
—Para descubrir algo que podría cambiar todo lo que crees saber sobre tu familia.
Antes de que pudiera responder, Lucía apareció detrás de nosotros.
—Adrián.
Él guardó la llave y Lucía sonrió.
—¿Qué hacen?
—Hablando —respondí, sonriendo con normalidad.
—¿Sobre qué?
—Nada que te concierna —respondió Adrián.
Su voz no podía ocultar el rechazo que sentía hacia Lucía.
Lucía sonrió en respuesta; sin embargo, su expresión cambió lo suficiente como para darme cuenta de algo.
Ella no estaba curiosa.
Estaba alerta.
Comprendí que aquella llave podía ser más peligrosa que cualquier otra cosa. No era solo un objeto que mi abuela había escondido.
Era una prueba de que Adrián llevaba años guardando secretos relacionados conmigo.
Y, si Lucía reaccionaba así al verla, significaba que ella también sabía algo.
—¿La conocías? —pregunté.
Ella sostuvo mi mirada.
—¿Conocer qué?
—La llave.
Una pausa demasiado larga.
—No.
Mentira.
Lo supe por la forma en que apartó los ojos.
Adrián también lo notó, pero no dijo nada.
Lucía se despidió y se alejó. Esperé hasta que estuvo suficientemente lejos.
—Ella sabe algo.
—Sí.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Adrián suspiró.
—Porque tu abuela me pidió que esperara.
—¿Hasta cuándo?
—Hasta que dejaras de confiar en las personas equivocadas.
Aquella respuesta me golpeó. Mi abuela había sabido exactamente cómo era mi vida.
Había previsto que algún día necesitaría aquella llave.
Y había elegido a Adrián para entregármela.
Esa noche hice una lista de enemigos, de aliados y de personas de las que todavía no estaba segura.
Rodrigo estaba en la primera columna.
Lucía también.
Mi padre.
En la segunda puse a Patricia.
Y a Adrián.
Sobre todo a Adrián. Su lealtad había quedado demostrada con su propia vida.
Al final de la hoja escribí:
"No vuelvas a entregar tu destino a otra persona".
Debajo añadí:
"Y, sobre todo, no permitas que Rodrigo se convierta en tu esposo".
Doblé el papel y lo escondí.
Pero antes de dormir, recibí otro mensaje.
Número desconocido.
"La llave no es para ti. Es para quien tu abuela eligió. Todavía no sabes por qué él fue elegido".
Me incorporé en la cama. Miré la llave sobre mi mesa de noche. El mensaje me pareció una advertencia.
Leí la frase varias veces.
Él.
Adrián.
Una inquietud me recorrió.
Si alguien conocía el secreto de mi abuela, también podía conocer el mío. Y no sabía cuánto tiempo tendría antes de que esa persona decidiera dejar de observarme y comenzara a actuar.