Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.
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Capítulo 23 — Nuestra recepción
Después de salir de la iglesia, Hugo y yo nos dirigimos al lugar donde sería la recepción.
Todavía tenía el corazón acelerado.
Habíamos acabado de convertirnos en esposos y ahora comenzaba la celebración.
Cuando llegamos, las luces del salón estaban encendidas y todo se veía precioso. Las mesas estaban decoradas con flores, velas y detalles elegantes. Al fondo había una mesa especial para nosotros y una pista de baile preparada para la celebración.
—Amor, mirá todo esto —le dije a Hugo.
Él sonrió mientras me tomaba de la mano.
—Está una belleza, nena.
Antes de entrar, una de las personas encargadas de la recepción se acercó.
—Señor Hugo Olivares, señora Aby García, cuando estén listos pueden hacer su entrada.
Hugo me miró.
—¿Lista, esposa?
Sonreí.
—Lista, esposo.
Las puertas se abrieron.
Comenzó a sonar la música y entramos juntos al salón.
Todos nuestros invitados comenzaron a aplaudir.
Yo sonreía mientras caminaba junto a Hugo.
—¡Vivan los novios!
—¡Que vivan!
Las voces llenaron el lugar.
Me sentía demasiado feliz.
Cuando llegamos al centro del salón, Hugo me tomó de la mano y levantó nuestras manos entrelazadas.
—¡Por fin! —gritó alguien entre los invitados.
Todos rieron y aplaudieron.
Después nos dirigimos a nuestra mesa.
El maestro de ceremonias tomó el micrófono.
—Muy buenas noches a todos. Hoy tenemos el honor de celebrar la unión de Hugo Olivares y Aby García. Les agradecemos a todos por acompañarlos en una noche tan especial.
Los invitados aplaudieron nuevamente.
Luego llegó el momento del brindis.
Uno de nuestros familiares se puso de pie con una copa en la mano.
—Quiero brindar por Hugo y Aby —dijo—. Que nunca les falte amor, paciencia, respeto y, sobre todo, ganas de seguir caminando juntos. Que esta nueva etapa esté llena de momentos bonitos.
Todos levantamos nuestras copas.
Hugo tomó la mía.
—Por nosotros, amor.
—Por nosotros.
Las copas chocaron suavemente.
—¡Salud!
Después comenzó la cena.
Nos sirvieron los diferentes platos y, mientras comíamos, Hugo y yo hablábamos tranquilamente.
—¿Estás feliz? —me preguntó.
Lo miré.
—Muchísimo.
—Yo también.
—Todavía no creo que seas mi esposo.
Hugo soltó una risita.
—Pues creelo, ve. Ya no te me escapás.
Le di un pequeño golpe en el brazo.
—Ay, Hugo.
—¿Qué? Estoy diciendo la verdad.
Los dos nos reímos.
Cuando terminamos de cenar, llegó uno de los momentos más esperados de la noche.
El primer baile de los recién casados.
La música comenzó a sonar y Hugo se acercó.
Extendió su mano hacia mí.
—¿Me concede este baile, señora Olivares?
Sonreí.
—Con mucho gusto, señor Olivares.
Tomé su mano.
Entramos juntos a la pista.
Hugo colocó una mano en mi cintura y yo apoyé la mía sobre su hombro.
Comenzamos a bailar lentamente.
Por unos segundos olvidé que había personas alrededor.
Solo estaba él.
—Te amo —me dijo bajito.
—Yo también te amo.
Apoyé mi cabeza sobre su hombro.
—Gracias por hacer de este día algo tan especial.
—Vos sos lo especial, amor.
Sonreí.
Después del primer baile, comenzaron los bailes tradicionales con nuestros familiares.
Primero bailé con mi papá.
Cuando me tomó de la mano, sentí que las lágrimas querían salir.
—Mi niña —me dijo—. Parece que fue ayer cuando eras pequeña.
—Papá…
—Hoy te veo convertida en una mujer y me da mucha felicidad saber que estás comenzando una nueva etapa.
Lo abracé.
—Te quiero mucho.
Después bailé con mi mamá.
Ella me abrazó y me dijo:
—Disfrutá cada momento, hija.
—Lo haré, mamá.
Cuando terminaron los bailes familiares, regresé junto a Hugo.
—¿La estás pasando bien? —me preguntó.
—Demasiado.
—Entonces todavía falta.
—¿Qué falta?
Hugo sonrió.
—La parte divertida.
Y tenía razón.
La música comenzó a subir de ritmo y todos los invitados se dirigieron a la pista.
Empezamos a bailar, reír y disfrutar.
Después llegó el momento del pastel.
Todos nos reunimos alrededor de la mesa principal.
El enorme pastel de bodas estaba decorado elegantemente.
Hugo tomó mi mano.
—Juntos.
—Juntos.
Entre los dos cortamos la primera porción.
Los invitados aplaudieron.
—¡Que se besen!
Nos miramos y nos dimos un beso cariñoso.
Después seguimos con la celebración.
Más tarde llegó el lanzamiento del ramo.
Me colocaron frente a varias de las mujeres solteras invitadas.
—¡Aby, lanzalo! —gritó Daniela.
Me reí.
—Bueno, pues.
Conté hasta tres.
—¡Uno, dos y tres!
Lancé el ramo hacia atrás.
Todas intentaron atraparlo.
Finalmente, una de las invitadas logró agarrarlo.
Todos comenzaron a reír y aplaudir.
—¡La próxima boda! —gritó alguien.
Yo regresé junto a Hugo.
—Creo que ya me están reemplazando.
—Jamás —respondió él—. Vos sos mi única esposa.
—Más te vale.
Nos reímos.
La noche continuó entre música, baile, fotografías y conversaciones.
En un momento, Hugo me llevó nuevamente a la pista.
—Nena.
—¿Sí?
—Quiero que recuerdes esta noche siempre.
Lo miré.
—La voy a recordar.
Él tomó mi mano.
—Porque hoy comenzó nuestra vida como esposos.
Sonreí.
Miré alrededor.
Las luces, nuestras familias, nuestros amigos, la música y todos los recuerdos que estábamos creando.
Luego miré a Hugo.
—Te amo, esposo.
Él sonrió.
—Te amo, esposa.
Y continuamos bailando mientras la celebración de nuestra boda seguía hasta entrada la noche.