Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 6: Mis hijos...
ADLER
Desde que descubrimos que no esperábamos únicamente un bebé, sino dos, mi paciencia había desaparecido por completo.
Kaelyn podía considerarse una mujer independiente. Podía trabajar. Caminar. Hacer prácticamente cualquier cosa que quisiera.
Pero eso no significaba que yo fuera a permitirle esforzarse de más.
—Adler, puedo cargar mi bolso.
—No.
—Pesa menos de un kilo.
—Ya te dije que no.
—Puedo caminar a mi oficina sin ayuda.
—No.
—No es necesario que me abras la puerta.
—Kaelyn.
—¿Qué?
—Deja de discutir conmigo.
Ella me miraba con esa expresión que había aprendido a reconocer. La expresión que anunciaba problemas.
—Entonces deja de tratarme como si estuviera hecha de cristal.
—No eres de cristal—Me acerqué a ella—. Estás embarazada de mis hijos.
Su mirada se endureció.
—Nuestros hijos.
Sonreí.
—Nuestros.
Aquella pequeña palabra siempre lograba calmarme. Aunque solo durante unos segundos.
En la oficina, los empleados habían comenzado a acostumbrarse a las discusiones. Algunos incluso parecían disfrutar de ellas. Era extraño ver al temido Adler Schneider discutir con su propia secretaria sobre quién debía cargar una carpeta.
—Puedo hacerlo.
—No.
—Adler.
—Kaelyn.
—Voy a hacerlo.
—Y yo voy a quitártela.
—¡Eres insoportable!
—Y tú eres terca.
Desde fuera, aquello debía parecer ridículo. Y realmente lo era. Pero no me importaba. Lo que sí me importaba eran las miradas. Algunos empleados observaban a Kaelyn con diversión. Otros con curiosidad.
Y algunos...
Con envidia. Esos eran lo que más rápido aprendían la lección. No soportaba que alguien mirara demasiado a Kaelyn. Mucho menos que alguien se atreviera a hacer comentarios sobre ella.
No necesitaba gritar. No necesitaba hacer amenazas. Mi apellido era más que suficiente. Una llamada. Una evaluación. Un cambio de departamento. Una puerta que dejaba de abrirse.
Y, eventualmente, algunos tomaban la decisión sobre que trabajar para mí no era muy buena idea. Kaelyn, por supuesto, no tenía idea de la mitad de lo que hacía. Y prefería que siguiera así.
Hasta que una empleada decidió cometer el error de subestimarla. La escuché desde mi oficina. No presté mucha atención al inicio. Hasta que escuché una palabra que consiguió que levantara la cabeza.
—... con razón necesita que el jefe la proteja. Ahora resulta que está embarazada de dos—Silencio. Después una risa—. Quién sabe de quién serán.
Mi mano se cerró lentamente. Salí de mi oficina. Kaelyn estaba de pie frente a ella. Extrañamente tranquila. Muy tranquila. Demasiado.
La empleada sonrió con arrogancia.
—Solo estoy diciendo lo que todos piensan.
Kaelyn inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Terminaste?—La mujer pareció sorprendida.
—¿Qué?
—Que si ya terminaste de hablar de mis hijos.
La empleada soltó una carcajada.
—¿Qué harás?—Entonces pasó. Kaelyn cerró el puño. Y le dio un golpe directo. La mujer cayó de espaldas, aterrizando sobre su trasero contra el suelo. Durante un segundo nadie dijo nada. Después alguien soltó una carcajada. Otro empleado intentó contener la risa.
Fue inútil. La oficina entera terminó por reírse. Yo no. Yo estaba demasiado ocupado mirando a Kaelyn. Mi mujer. Mi futura familia.
La mujer que podía soportar mis órdenes, mis cambios de humor y mi carácter imposible...
Pero que se convertía en una tormenta cuando alguien hablaba de nuestros hijos. Sentí algo oscuro y peligrosamente satisfactorio crecer dentro de mí.
—¿Estás bien?—Pregunté. Kaelyn respiró profundamente.
—Perfectamente—Miró a la empleada—. Pero si vuelves a hablar de mis hijos...
No terminó la frase. No hacía falta. La empleada se levantó apresuradamente. Yo sonreí. Kaelyn no necesitaba que yo la defendiera. Pero me encantaba descubrir que tampoco necesitaba hacerlo.
...****************...
Después del trabajo la encontré hablando por teléfono. No tenía intención de escuchar. Hasta que escuché una palabra.
—Hermano.
Me detuve. ¿Hermano?
Kaelyn estaba apoyada contra una de las paredes del pasillo.
—No, no voy a decirle aún...—Hizo una pausa—Porque sé cómo son ustedes cinco—Otro silencio—. No. No pueden venir los cinco juntos.
Levanté una ceja. ¿Los cinco?
Esperé hasta que terminó la llamada. Cuando guardó el teléfono, me acerqué.
—¿Con quién hablabas?
Kaelyn me miró.
—Con mis hermanos.
Me quedé inmóvil.
—¿Hermanos?
—Sí.
—¿Cuántos?—Su expresión cambió ligeramente.
—Cinco.
Cinco. Cinco hermanos. Cinco hombres.
Cinco personas que, aparentemente, habían estado formando parte de su vida sin que yo supiera absolutamente nada de ellos. No me agradó aquello.
—Quieren conocerte.
—¿A mí?
—No. Al Papa—Respondió con evidente sarcasmo—. Por supuesto que a ti.
Ignoré lo primero que dijo.
—¿Por qué?
—Porque eres el padre de sus sobrinos—Aquella respuesta consiguió arrancarme una sonrisa.
Kaelyn suspiró.
—No estoy segura de que sea una buena idea.
—Yo sí.
—Son sobre protectores.
—Interesante.
—No, Adler. No lo es—La miré fijamente.
—Quiero conocerlos.
—Solo será temporal.
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que esto no quiere decir que vayamos a casarnos. Porque no pasará.
La sonrisa desapareció de mi rostro.
—No recuerdo haber dicho que nos casaríamos.
—Mis hermanos seguramente harán comentarios.
—Se los aclararé.
—No hace falta.
—Sí hace falta.
Kaelyn rodó los ojos.
—Ellos saben que esto es solo temporal.
La palabra me desagradó. Temporal.
Como si nuestra vida juntos tuviera fecha de caducidad. Como si ella pudiera marcharse después de que nacieran nuestros hijos. Como si yo pudiera simplemente aceptar verla salir por la puerta.
No. Eso no iba a suceder. Todavía no se lo diría. No quería discutir. Pero tampoco iba a cambiar de opinión. Kaelyn podía pensar que esto sería temporal Podía creer que después del nacimiento cada uno seguiría su camino.
Podía repetirlo tantas veces como quisiera. Yo tenía la certeza de que sería diferente. Ella estaba bajo mi techo. Nuestros hijos crecían dentro de ella.
Y, después de dos años observándola desde lejos, finalmente la tenía cerca. No pensaba renunciar a eso.
Ni siquiera cinco hermanos serían suficientes para alejarla de mí.
Aunque, debía reconocer que tenía curiosidad. Quería conocer a los cinco hombres que habían criado a Kaelyn. Quería descubrir quiénes eran.
Qué clase de familia había formado a la mujer que ahora ocupaba cada uno de mis pensamientos.
Y, sobre todo...
Quería ver sus rostros cuando comprendieran que su hermana ya no estaba sola. Porque podían ser cinco. Yo era uno.
Pero era Adler Schneider.
Y no pensaba perder a mi familia.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂