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Donde Florece El Barro

Donde Florece El Barro

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor Campestre
Popularitas:562
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.

Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.

Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.

Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Recaída

El baño del hotel Astoria olía a cloro y a humedad vieja. No era un hotel bonito. Era uno de esos cerca de Malpensa donde van los que pierden el vuelo.

Noah estaba sentado en el suelo, con la espalda contra la puerta, el abrigo de barro sobre las piernas como manta. Todavía tenía una media negra y otra gris del desfile. No se había dado cuenta.

El teléfono seguía vibrando sobre el lavamanos. Mamá. Mamá. Después dejó de vibrar.

Habían sido dos años. Dos años exactos desde la última vez que se había prometido nunca más. Dos años de terapia en Milán con una psicóloga que le hablaba en italiano y él contestaba en español. Dos años diciendo "estoy limpio" y creyéndoselo a ratos.

Y todo se cayó en veinte minutos.

No fue solo por la muerte de Lila. Fue por cómo se enteró. Estando con un abrigo teñido con tierra de su pueblo en la mano mientras su hermana se moría en Santiago. La culpa le subió por la garganta como bilis. Esa culpa que no te deja respirar y que te hace pensar cualquier cosa con tal de no sentirla.

Si yo hubiera estado ahí. Si yo no me hubiera ido.

Se levantó. Se miró al espejo. Ojos rojos, pelo pegado por la lluvia. Abrió la mochila negra que llevaba siempre al backstage. En un bolsillo chico que él mismo había cosido para esconder cosas, había algo.

No voy a describir qué era. Importa por qué lo tenía ahí todavía después de dos años. Porque una parte de él nunca creyó que podía estar limpio del todo. Guardar algo "por si acaso" es también no soltarte.

Dudó. Diez minutos con la mano en el bolsillo, llorando en silencio, con el pecho apretado. Pensó en Lila. En su abuela. En Valentina gritando "treinta segundos". Pensó en que si lo hacía, todo se iba a la mierda.

Lo hizo igual.

Después no hubo alivio. Esa es la mentira más grande. No hay alivio. Hay un segundo de silencio y después vuelve todo más fuerte, con vergüenza encima. Se quedó tirado en el suelo, abrazado al abrigo, temblando, escuchando a una pareja pelear en la habitación de al lado por la tele.

A las cuatro de la mañana se duchó con agua helada. Se puso la ropa del día anterior y caminó hasta la estación. No tenía pasaje. Compró el primero que salía a Milán central y después el primero a cualquier parte. No quería llegar a Santiago. No quería verle la cara a nadie todavía.

Marco, su mánager, lo llamó a las nueve. Noah contestó sin mirar quién era.

— ¿Dónde mierda estás? — dijo Marco, sin saludar. Nunca saludaba. — Me llamaron de Armani. Dejaste la pasarela vacía. La modelo salió sin abrigo. ¿Sabes lo que hiciste? ¿Sabes cuánta gente moví para tu regreso?

— Mi hermana murió — dijo Noah. Fue lo único que pudo decir.

Silencio del otro lado. No era compasión. Era cálculo.

— Lo siento. De verdad lo siento. Pero esto... esto no se hace así, Noah. Me pones en una posición de mierda...

— Ya — cortó Noah y apagó el teléfono. Lo apagó de verdad, no en silencio. Lo apagó y lo tiró a la mochila como si quemara.

Se quedó tres días en París en un Airbnb pagado con una tarjeta que ya no podía pagar. No salió. No comió bien. Solo buscaba el nombre de su hermana en noticias de Chile, como si eso hiciera que fuera real. Como si verlo escrito en alguna parte confirmara que había pasado.

Cuando volvió a Santiago, el velorio ya había pasado. Su mamá lo abrazó en la puerta y lloró sobre su hombro sin decirle nada. Su papá estaba sentado en el living, mirando una tele apagada, con las manos cruzadas.

— Llegaste — dijo su papá.

— Sí.

— Tu hermana te dejó algo — dijo su mamá después, cuando pudieron hablar sin llorar. Le pasó una cajita de madera que Lila pintaba en el colegio. Adentro había un anillo de plástico de esos de máquinas de chicles y un dibujo hecho con lápiz. Era Noah con un vestido gigante y una corona chueca. Abajo decía "para cuando seas famoso de verdad".

Ahí se quebró. No a gritos. Se quebró en silencio, doblado sobre sí mismo en la cocina de su infancia, con la cajita apretada contra el pecho.

Esa semana lo echaron de todo. No solo de Armani. La agencia de Milán le rescindió el contrato por incumplimiento. Le llegó un mail en italiano con palabras en mayúscula. La marca que le prestaba el departamento en Navigli le pidió las llaves en dos días. Su Instagram, que tenía cien mensajes al día, se quedó vacío. Solo quedaban comentarios de gente que no sabía nada: "¿dónde estás, rey? ¿cuándo la nueva colección?".

Se fue a su departamento de Providencia. Todo blanco, con una monstera amarilla por falta de agua. No abrió las cortinas. Dejó las maletas en la entrada. Durmió en el sillón porque la cama le parecía demasiado grande y demasiado vacía.

Una noche, buscando un encendedor que había perdido hacía meses, abrió el cajón de la cocina y encontró la carta de su abuela Rosa. Tenía fecha de ocho meses antes, antes de que ella muriera. La había guardado y nunca la había abierto porque decía "para cuando necesites esconderte".

"Hijito, supe lo de tu limpieza y me alegré tanto. Sé que no es fácil. Aquí la casa está vacía desde que tu abuelo se fue. Hace frío y el tejado gotea en la pieza chica. Si algún día necesitas esconderte, aquí hay tierra para pisar descalzo y pan amasado cuando me acuerdo cómo se hace. No tienes que hablar. Solo venir. Tres meses. Tu abuela Rosa que te quiere aunque no te escriba."

Se quedó con la carta en la mano mucho rato. Afuera Santiago sonaba a bocinas y a gente apurada. Adentro, su depa sonaba a refrigerador viejo y a cañería goteando.

Buscó pasajes al sur. El más barato salía a las once de la noche. Un bus semi-cama con olor a desinfectante y a pollo frito. Lo compró. Solo ida. Sin vuelta.

No llevó mucho. La Rimowa plateada porque no tenía otra. Dos jeans, tres poleras negras, el abrigo de barro que había sido la causa de todo y la cajita de Lila. Y la carta doblada en cuatro en el bolsillo del pantalón, como amuleto.

Cuando el bus salió del terminal Sur, con la cordillera ya negra atrás y la ciudad llena de luces, sintió por primera vez en días que no iba huyendo. Iba volviendo a un lugar donde todavía no había decepcionado a nadie. Todavía.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Muy buena narrativa y, buen contenido.
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Me gusta esta Novela, es diferente tiene un buen contenido urbano.☺️
Brisa Romero
/Sweat/
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