Ella estaba muy enferma y paso su vida en hospitales, Pero reencarna como una hermosa mujer de cabello celeste, que solo quiere ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Nino Sartori 1
Niccolo se veía incomodo, y entonces, quizá porque estaba ante la presencia de una desconocida, quizá porque no sabía cómo manejar la situación, decidió dirigir su atención hacia Aria.
Fue un error.
Un error monumental.
—Por cierto, he observado algo curioso..
Aria lo miró.
Niccolo cruzó los brazos.
—Durante la velada, varias señoritas han intentado acercarse a mí. Algunas han buscado conversar conmigo y otras han aprovechado cualquier oportunidad para llamar mi atención.
Aria parpadeó.
[¿Y a mí qué?].
El hombre continuó, aparentemente satisfecho con sus propias conclusiones.
—Sin embargo, ninguna de ellas se ha molestado en acercarse a mi sobrino.
Señaló a Nino.
—Usted, en cambio, parece haber encontrado una excelente oportunidad para hacerlo.
Aria se quedó inmóvil.
Durante un segundo, no comprendió lo que acababa de escuchar.
Después, su cerebro procesó las palabras.
Y finalmente, una única pregunta apareció en su mente.
[¿QUÉ?].
Miró a Niccolo.
Después miró a Nino.
Volvió a mirar a Niccolo.
¿Acababa de insinuar que ella se había acercado a un niño pequeño para llamar su atención?
¿A ella?
¿A la mujer que había pasado los últimos veinte años de su vida leyendo cuentos a niños enfermos?
¿A la mujer que había compartido sus galletas con un pequeño que estaba llorando solo en un jardín?
¡¿A ELLA?!
Aria sintió que una vena comenzaba a palpitarle en la frente.
[Señor, deme paciencia].
Niccolo interpretó su silencio como una señal de que había dado en el blanco.
Y, en lugar de detenerse, continuó hablando.
—No me malinterprete. Comprendo que una señorita pueda interesarse por un hombre de mi posición. Pero utilizar a un niño para acercarse a mí...
Aria sonrió.
Fue una sonrisa encantadora.
Delicada.
Perfectamente educada.
Una sonrisa que, si hubiera podido hablar, habría dicho que estaba considerando seriamente la posibilidad de golpearlo con su propio sombrero.
Nino, entretanto, parecía horrorizado.
—¡Tío Niccolo!
El hombre giró hacia él.
—¿Qué sucede?
El niño apretó los puños.
—¡Me estás haciendo pasar vergüenza!
Niccolo se quedó inmóvil.
Aria tuvo que bajar la cabeza para ocultar su expresión.
[¡JA!].
No debía reírse.
Era inapropiado.
Era una situación seria.
Y aquel hombre estaba siendo tan arrogante que resultaba difícil creer que fuera un adulto responsable.
Pero la indignación de Nino era tan sincera que Aria estuvo a punto de perder la compostura.
El pequeño continuó..
—¡La señorita Aria no hizo nada malo!
Niccolo miró a su sobrino.
Después volvió la mirada hacia la joven.
Y, por primera vez, pareció examinarla con verdadera atención.
Aria mantenía una expresión tranquila.
Demasiado tranquila.
Sus ojos azules lo observaban con una frialdad que no combinaba en absoluto con la sonrisa educada que llevaba en los labios.
Niccolo sintió una extraña incomodidad.
Pero todavía no había comprendido la magnitud de su error.
—Nino, no tienes que defenderla. Solo estoy explicando cómo funcionan las cosas en sociedad.
El pequeño lo miró como si acabara de escuchar una estupidez monumental.
—¡Pero ni siquiera sabes lo que pasó!
Niccolo abrió la boca.
Nino no le dio tiempo de responder.
Y entonces comenzó a contarle todo.
—Yo estaba en el jardín. Me fui corriendo porque estaba enfadado contigo.
Niccolo frunció el ceño.
—Eso ya lo sé.
—¡Déjame terminar!
Aria abrió los ojos.
Después tuvo que apretar los labios para no reírse.
[¡Este niño no tiene miedo de nadie!].
Nino continuó..
—Después caminé por aquí y no supe cómo regresar al salón.
Su voz se volvió un poco más baja.
—Me perdí.
Niccolo dejó de fruncir el ceño.
Nino miró su galleta.
—Entonces me asusté y me puse a llorar.
El hombre se quedó inmóvil.
Aquello no era exactamente lo que había imaginado.
Había supuesto que su sobrino se había escondido deliberadamente para castigarlo por bailar con otra mujer.
No se le había ocurrido que el pequeño hubiera terminado llorando porque se había perdido.
Nino siguió hablando.
—La señorita Aria me encontró. No me conocía, pero se sentó conmigo y me preguntó si estaba bien.
Aria bajó ligeramente la mirada.
El niño sonrió.
—Me habló de las flores. Después me dio unas galletas.
Levantó una de las que todavía guardaba en su mano.
—Y discutimos sobre qué animal era esta.
Niccolo observó la galleta.
Parecía tener cuatro patas y unas orejas de forma irregular.
—¿Una galleta?
—¡Sí!
Nino asintió con entusiasmo.
—Yo dije que era un zorro, pero ella dijo que era un conejo. Después pensamos que quizá era un gato. Y luego decidimos que debíamos hacer nuestras propias galletas.
El pequeño miró a Aria con una sonrisa radiante.
—¡Vamos a hacer galletas con forma de dragón!
Aria le devolvió la sonrisa.
—Así es, joven Sartori.
Nino volvió a mirar a su tío.
—Después nos presentamos. Ella me dijo su nombre y yo le dije el mío.
Hizo una pausa.
Y entonces añadió, con una sinceridad que resultó casi cruel..
—¡Todo eso pasó antes de que tú aparecieras a decir tonterías!
Aria se llevó una mano a la boca.
No pudo evitarlo.
Se le escapó una risa.
Una risa pequeña, pero perfectamente audible.
Niccolo giró la cabeza hacia ella.
Y en ese instante, finalmente, pareció comprender que la situación no estaba saliendo como había esperado.
La joven seguía sonriendo.
Pero aquella sonrisa no tenía nada de amistosa.
Era la expresión de una dama que acababa de descubrir que un hombre arrogante había decidido insultarla sin siquiera molestarse en conocer su nombre.
Niccolo sintió que el ambiente se volvía incómodo.
—Ya veo..
Después miró nuevamente a su sobrino.
—De acuerdo. Comprendo que la señorita te haya ayudado.
Nino frunció el ceño.
—¡No! ¡No lo comprendes!
El hombre parpadeó.
—Nino...
—¡Le debes una disculpa!
Silencio.
Aria sintió un impulso casi irresistible de abrazar al pequeño y felicitarlo por su excelente educación moral.
[¡Maravilloso! ¡Un niño de cinco años tiene más sentido común que su tío!].
Niccolo se quedó mirando a su sobrino.
Después volvió a observar a Aria.
Y, finalmente, hizo lo que debería haber hecho desde el principio.
Intentó descubrir quién era ella.
—Disculpe.. No me he presentado correctamente.
Aria no respondió.
Niccolo continuó..
—Soy Niccolo Sartori.
El nombre resonó en su memoria.
Sartori.
Una familia noble e influyente del reino.
Era al igual que la familia Vizcondi una familia de condes.
Aria recordó algunos de los libros que había leído y las conversaciones que había escuchado durante las reuniones sociales.
Pero, antes de que pudiera pensar en ello, Niccolo añadió..
—¿Y usted es...?
El hombre se detuvo.
Su mirada cambió ligeramente.
Como si estuviera recordando algo.
El cabello celeste.
Los ojos azules.
El vestido elegante.
La familiaridad con la que Nino había pronunciado su nombre.
Y entonces comprendió.
—Espere...
Su rostro perdió parte de su seguridad.
—¿Ha dicho Aria?
Aria lo miró en silencio.
Niccolo tragó saliva.
—¿Aria Vizconti?
La joven inclinó ligeramente la cabeza.
—Exactamente.
El silencio que siguió fue glorioso.
Al menos, para Aria.
Porque la expresión de Niccolo pasó por una serie de cambios que habrían resultado fascinantes para cualquier observador.
Primero, sorpresa.
Después, reconocimiento.
Luego, incredulidad.
Y finalmente, una vergüenza tan evidente que ni siquiera su arrogancia consiguió ocultarla por completo.
Que tierno
autoraaaaaaaa de mis amores yo creo que si me va a dar el Yeyo, ya salimos de Sunderland con varios territorios en puerta,vamos entrando a Vagur y sus viñedos, también vamos para Forest en algún momento???? /Drool//Drool//Drool//Drool//Drool/