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Esta Vez La Víctima No Seré Yo

Esta Vez La Víctima No Seré Yo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Ella creía tener la vida perfecta, hasta que descubrió que no era así.

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Un refugio inesperado

​El encuentro se produjo dos días después, tras una planificación minuciosa por parte de Victoria.

​Había organizado una visita a una conocida tienda de antigüedades del centro que colaboraba ocasionalmente con la fundación subastando piezas para recaudar fondos. Era una actividad que ya había realizado en varias ocasiones durante el año anterior, de modo que la excursión no despertaría sospechas ni en Julián ni en su personal.

​Roberto la acompañó en el automóvil hasta la puerta del establecimiento, un edificio antiguo con grandes ventanales de madera, y se dispuso a esperar en el vehículo estacionado enfrente mientras ella entraba.

​Victoria permaneció en el salón principal del local el tiempo suficiente para que su presencia resultara completamente creíble. Conversó amablemente con la propietaria sobre la restauración de un par de sillones de época, revisó algunos objetos de bronce y preguntó con interés por unas piezas de porcelana que podrían servir para una futura exposición benéfica.

​Después de unos veinte minutos de recorrido, la dueña del lugar recibió una llamada telefónica urgente y se retiró disculpándose hacia la oficina situada en la parte posterior del local.

​Victoria aprovechó aquella breve y valiosa oportunidad. Sacó el teléfono y envió un mensaje rápido a Andrés.

"​Estoy en la tienda. ¿Puedo pasar por el taller?"

"​Sí. Te espero. La puerta trasera está abierta" fue la respuesta inmediata.

​Victoria salió con paso firme pero sereno por la puerta lateral de carga, que daba a un pasaje estrecho y poco transitado detrás de los comercios. Había acordado previamente con la propietaria que regresaría más tarde para revisar el inventario completo, así que disponía de un margen de tiempo limitado pero suficiente.

​Caminó a paso ligero unas cuadras, atenta a cualquier movimiento a su alrededor, cruzando la calle en dos ocasiones para asegurarse de que nadie la seguía, hasta llegar al taller de Andrés.

​Cuando Andrés abrió la puerta de madera gastada, ella sintió que la presión acumulada en sus hombros se disipaba casi al instante.

​—Pensé que no vendrías —dijo él, apartándose hacia un lado para dejarla pasar al interior.

​—Yo también lo pensé por un momento. Roberto estaba especialmente atento hoy.

​—¿Todo bien? ¿Te ha seguido alguien?

​—Sí, todo bajo control. Roberto está esperando frente a la entrada principal de la tienda. No puedo quedarme demasiado tiempo, solo unos minutos.

​—Entonces no perdamos el tiempo en preocupaciones.

​Andrés se hizo a un lado, invitándola a pasar al corazón del taller. Victoria dejó el bolso sobre una silla de madera recuperada y miró a su alrededor con curiosidad.

​El taller estaba notablemente más ordenado que la última vez que lo había visitado. Había herramientas de carpintería y restauración perfectamente acomodadas por tamaños en los paneles de los estantes, algunos planos técnicos desplegados sobre una gran mesa de trabajo, el aroma penetrante del barniz mezclado con virutas de madera fresca y una taza de café humeante junto al ordenador portátil.

​—¿Estabas trabajando? —preguntó ella, acercándose a la mesa.

​—Intentándolo, al menos.

​—¿Y te he interrumpido?

​—Para nada. Estaba revisando unas cuentas y presupuestos que de todas formas pueden esperar.

​Victoria sonrió, sintiendo la calidez del lugar.

​—No quiero que descuides tus asuntos ni tu trabajo por atender mis escapadas.

​—No los descuido en absoluto. Además, hay días en los que una conversación real resulta mucho más productiva y saludable que quedarse mirando números y facturas durante horas.

​—Eso suena a una excusa muy conveniente.

​—Es una explicación perfectamente razonable y científica —replicó él con ironía.

​Ella soltó una carcajada limpia, espontánea, que resonó en el amplio espacio del taller.

​Andrés la observó detenidamente con una expresión tranquila y divertida.

​—Me gusta mucho cuando te ríes así.

​La sonrisa de Victoria se suavizó gradualmente, matizada por un matiz de timidez.

​—¿Así cómo?

​—Sin estar pendiente de quién te escucha, o de lo que los demás puedan pensar de ti.

​Ella bajó levemente la mirada hacia sus propias manos. No sabía qué responder exactamente, porque Andrés acababa de describir con pasmosa precisión algo que ni siquiera ella misma había conseguido expresar en palabras durante los últimos meses de tensión constante.

​—Creo que ya no recuerdo muy bien cómo era yo antes de todo esto —admitió con voz baja.

​—¿Antes de qué?

​—Antes de sentir que tenía que medir y cuidar cada palabra, cada gesto y cada mirada antes de dar un paso.

​Andrés no respondió de inmediato. Caminó hacia la pequeña cocina improvisada en un rincón del taller, sirvió agua caliente en la cafetera de filtro y preparó dos tazas de café recién molido.

​—¿Quieres contarme un poco más sobre lo que te está pasando por la cabeza? —preguntó, ofreciéndole una de las tazas.

​Victoria aceptó el recipiente caliente entre sus manos y se acomodó en el desgastado sillón de cuero que ocupaba un rincón del taller.

​—No estoy muy segura de saber explicarlo bien.

​—No tienes que explicar nada si no quieres. Solo si te hace bien soplárselo a alguien.

​Ella lo miró fijamente a los ojos.

​—¿No te molesta que venga aquí, ocupe tu tiempo y hable de cosas que no tienen nada que ver directamente con el fideicomiso ni con la investigación?

​Andrés frunció el ceño ligeramente, como si la pregunta le resultara fuera de lugar.

​—¿Por qué habría de molestarme, Victoria?

​—No lo sé —dijo ella, mirando el vapor que salía de su taza—. Al principio nos reuníamos únicamente porque necesitábamos revisar los documentos legales, analizar las maniobras de Julián y encontrar la manera de impedir que se quedara con el patrimonio que mi padre construyó durante toda su vida. Ahora parece que vengo a buscarte y te estoy utilizando como una especie de refugio personal.

​Él tomó asiento en una silla de madera frente a ella, a corta distancia.

​—Victoria, no tienes que justificar cada vez que quieras hablar con un amigo. No necesitas presentar un expediente legal para tomarte un café.

​—Pero estoy complicándote la vida...

​—Escúchame bien. Sé perfectamente que estás atravesando una situación absurdamente difícil y estresante. También sé que yo no puedo resolver mágicamente todos tus problemas familiares o legales. Pero si necesitas conversar, tomar un café en paz o simplemente sentarte un rato en un lugar donde no tengas que fingir que todo está bajo control, puedes venir aquí siempre que sea seguro.

​Victoria lo contempló en silencio, conmovida por la solidez de sus palabras.

​—No quiero convertirme en una carga para ti.

​—No lo eres en absoluto. Ni lo serás.

​La respuesta de Andrés fue tan sencilla, franca y directa que a Victoria le costó encontrar cualquier objeción lógica.

​Él bebió un sorbo de café y se recostó contra el respaldo de la silla.

​—Además, creo que nuestra relación ya trascendió la simple revisión de folios y documentos del fideicomiso.

​Victoria ladeó la cabeza, esbozando una media sonrisa.

​—¿Ah, sí? ¿Y qué es ahora?

​—Ahora también tengo que soportar pacientemente tus críticas sobre cómo organizo las estanterías de mi taller.

​Ella se echó a reír de nuevo.

​—¡Es que tienes algunas herramientas muy mal organizadas! Las llaves métricas no deberían estar junto a los limatones.

​—Eso es una opinión puramente personal y subjetiva.

​—Es una observación técnica y objetiva.

​—Entonces tendré que contratarte formalmente como asesora de organización.

​—Dudo mucho que puedas pagar mis honorarios profesionales.

​—¿Tan costosa eres?

​—Muchísimo. Mis tarifas son inaccesibles.

​Ambos rieron con ganas, compartiendo un momento de auténtica ligereza. Por unos minutos, la conversación se desvió de forma natural hacia asuntos cotidianos y recuerdos del pasado. Andrés le contó que había pasado buena parte de su adolescencia ayudando a un viejo tío carpintero en un pequeño negocio de barrio, donde aprendió no solo a reparar muebles y a trabajar la madera, sino también a observar los detalles imperceptibles para los demás.

​Victoria sonrió con calidez, sintiendo que la ligereza de aquella conversación le permitía descansar de la agobiante tensión que la acompañaba a diario en la residencia. Y por un momento se preguntó cuándo había cambiado su manera de ver a Andrés.

​—¿Sabes algo? A veces siento que ya no sé exactamente quién soy yo fuera de mi matrimonio con Julián —confesó de pronto, rompiendo la calma.

​Andrés permaneció muy quieto, escuchándola con atención.

​Victoria bajó la vista hacia sus propias manos cruzadas sobre el regazo.

​—Durante mucho tiempo creí sinceramente que Julián y yo buscábamos lo mismo en la vida, que teníamos un proyecto compartido. Después de la muerte de mi padre, me apoyé en él y empecé a depender cada vez más de su criterio para resolver asuntos legales y patrimoniales. Y ahora... —Se detuvo un segundo, buscando las palabras exactas—. Ahora tengo pruebas de qué no tiene buenas intenciones.

​—No tienes que resolver todas esas dudas de golpe en un solo día —sugirió él con suavidad.

​—Me gustaría volver a recuperar la seguridad y la independencia que tenía antes de casarme.

​—Sigues teniéndola, Victoria. No la has perdido. Tal vez ahora te cuesta reconocerla en ti misma porque has pasado demasiado tiempo en un entorno que te obliga a dudar de cada uno de sus impulsos.

​Ella levantó la mirada, buscándole los ojos.

​—¿De verdad lo crees?

​—Lo he comprobado yo mismo cada vez que analizamos los documentos del fideicomiso. Sé que eres perfectamente capaz de enfrentarte a situaciones complejas y tomar el mando. También sé que tienes miedo de lo que pueda pasar, pero sentir miedo no te hace menos fuerte. Te hace humana.

​Victoria sintió que aquellas palabras sencillas le llegaban a un lugar profundo que había mantenido herméticamente cerrado durante años.

​—Gracias, Andrés.

​—No tienes que agradecerme por decirte lo que veo con claridad.

​Ella sonrió levemente y volvió a contemplar su taza de café casi vacía. Y, por primera vez se preguntó en que momento Andrés había dejado de ser el hombre al que usaría para vengarse, y se había convertido en algo demasiado parecido a un amigo.

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Johann
👏👏👏👏🫶🫶🫶🫶
Carmen Palencia
gracias por actualizar esta hermosa historia de verdad que te felicito por excelente novela
Carmen Palencia
gracias por actualizar esta historia me encanta
Carmen Palencia
excelente capítulo gracias por actualizar esta hermosa historia
Johann
👏👏👏👏👏
Carmen Palencia
excelente capítulo
Johann
💖💖💖💖💖
Carmen Palencia
excelente capítulo
Carmen Palencia
gracias por actualizar esta hermosa historia
Carmen Palencia
excelente novela
Carmen Palencia
gracias por actualizar excelente capítulo
karencitha
osea que Andres también es malvado como Julian o peor que el
Johann
👏👏👏
Carmen Palencia
gracias por actualizar desde el primer capítulo me encantó está novela por favor puedes regalarnos más capítulos seguidos de esta hermosa obra
Carmen Palencia
te felicito por excelente obra desde el primer capítulo me enamoré de esta novela
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Entonces las cosas no se están dando como en su vida anterior, o esto ya lo habría vivido y ya sabría quien es Andrés. 🤔🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Cuál de las dos será? Quizá ambas. 🤔🧐🇨🇴🇨🇴
Carmen Palencia
excelente novela me encanta como está desarrollando el trama
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
👏👏👏👏👏🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Ichuu
un capítulo diario!! me encanta como va avanzando
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