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Casada por Contrato

Casada por Contrato

Status: Terminada
Genre:CEO / Matrimonio contratado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: núbia santos

Julia Santos tenía la vida bajo control: una carrera de modelo en ascenso, amigos leales y un novio con el que soñaba casarse. Todo se derrumba en un solo día, cuando una traición la deja con el corazón roto… y un accidente frente a una escuela la pone en la mira del hombre más poderoso —y más arrogante— de la ciudad.

Rafael Valença no cree en el amor. Desde que su exmujer le destrozó la confianza, solo vive para su empresa y para su pequeña hija. Pero unos inversores exigen un presidente «de familia», y Rafael tiene la solución perfecta: un contrato. Dos años de matrimonio fingido, sin sentimientos, sin preguntas. Y Julia, acorralada, no está en posición de negarse.

Lo que ninguno de los dos calculó fue lo que pasaría al vivir bajo el mismo techo. Porque entre reglas frías y noches compartidas, entre la ternura de una niña que empieza a llamarla «mamá» y una atracción imposible de ignorar, ese papel firmado empieza a sentirse demasiado real.

Pero no todos quieren verlos felices. Una ex despechada, una hermana consumida por la envidia y secretos del pasado acechan para hacer estallar el frágil acuerdo… justo cuando Julia descubre que ya no está fingiendo.

¿Puede un amor que nació de un contrato convertirse en el más verdadero de todos?

NovelToon tiene autorización de núbia santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA SEMANA

Julia

Al día siguiente es el día del viaje. Me desperté temprano; todavía tengo que resolver algunas cosas. Me aseguro de haber metido en el bolso todo lo que necesito.

Desayuno y, después del baño, llamo a mi madre.

—Hola, mamá, hoy viajo.

—¿Por qué no pasaste por casa, hija?

—Ayer trabajé todo el día, por la noche salí un rato con las chicas y cuando llegué ya era tarde, así que preferí avisarte hoy.

—¿Estás bien? ¿Has hablado con Romeu?

—Hablamos siempre que podemos, trabajamos mucho.

—Hija, ¿y cuándo piensan casarse?

—Todavía no hemos hablado de eso, pero no tengo prisa.

—¿Estás bien? ¡Ni preguntaste por tu hermana!

—Mira, mamá, no hay nada que preguntar. Si pasara algo, usted me lo diría, ¿no?

Cuelgo y termino de preparar el viaje. Le pedí al chofer de la agencia que me trajera el auto, lo guardo en la cochera, reviso las trabas de seguridad, activo la alarma y después pido un auto por app para ir a encontrarme con las demás chicas.

—¡Julia! ¡Qué bueno que nunca llegas tarde! —dice Magda sonriendo. Siempre soy la primera en llegar; creo que sufro de ansiedad, porque me obsesiono con los compromisos. Siempre pensé que la puntualidad era una de mis virtudes, pero todos la ven como una exageración; quizá debería prestarle atención a eso.

Llegamos a São Paulo y siempre me sorprende la grandeza de esta ciudad: rebosa vida, se mueve a cada instante. Creo que no me gustaría vivir aquí, pero me encanta pasear. En mis ratos libres visito los centros comerciales y me gusta conocer museos, teatros, bibliotecas; esos paseos me resultan revitalizantes, me hacen sentir parte de este mundo. Nadie entiende mi manera de ser: mientras los jóvenes como yo prefieren el bullicio de las discotecas o pasar horas en internet buscando novedades, yo prefiero algo más real, eso me renueva. Romeu dice que tengo alma de vieja. Puede ser, pero de una vieja muy bien informada.

Es una semana de mucho trabajo, apenas tenemos tiempo de comer. Magda no es como la mayoría de las dueñas de agencia: exige que nos alimentemos bien y que hagamos ejercicio.

—No quiero a nadie desmayándose de debilidad y hambre en mis desfiles. Coman bien, hagan ejercicio y cuidemos la salud.

Así que, cuando estamos fuera de casa, pedimos comida en restaurantes específicos.

El último día en la ciudad nos dividimos en grupos y cada una hizo lo que quería. Yo propuse el museo de arte; me gusta pasarme horas viajando por ese mundo fantástico.

Esta vez fuimos de compras y al final no busqué nada para ver en el teatro; solo descansé por la noche, cené en el propio hotel. Algunas salieron, pero yo ya no tenía energía, solo quería dormir. Leí un poco y me quedé dormida.

El lunes salimos temprano. Llegué a casa, me cambié y dejé los bolsos; después ordeno todo, aprovecho y organizo los armarios. Cada vez que compro ropa, separo algunas prendas y mi madre las dona en el bazar de la iglesia: ropa, zapatos, todo lo que creo que no voy a necesitar. No me gusta acumular cosas.

Rafael

Otro lunes más, ¿y yo cómo estoy? Intentando despertar a mi hija, que es más floja… Si dejo que la despierte la niñera, esta niña no vuelve nunca a la escuela. ¡Qué sueño el suyo!

—Hija, por favor, ¡es la hora! Vamos, Clara, disfrutaste mucho en casa de tu abuela, pero ahora toca volver a la rutina.

—Papi, te amo.

—Yo también te amo, princesa, ¡pero tienes que levantarte ahora!

—Me duele mucho la barriga, creo que comí algo que me cayó mal.

—Entonces te llevo ahora mismo al hospital, hay que cuidar la salud. A lo mejor te ponen suero en la vena, una inyección para el dolor, ¿no?

La pícara salta de la cama al instante. ¡Ay, Clarita! ¿Todavía crees que me engañas?

Después de desayunar, nos vamos; la dejo en la escuela y, a la salida, la niñera irá con el chofer a buscarla.

En la empresa, reviso qué tengo en este primer horario. Mi asistente llega con mi agenda.

—¡Buenos días, señor Rafael!

—Buenos días, Camila, ¿qué tenemos hoy?

Me pasa mis compromisos y vuelve a su lugar.

Mientras reviso los informes, me viene a la mente la conversación que tuve con mi padre la semana pasada. Insiste con la historia del matrimonio.

—Hijo, viene un grupo de inversores de Itatiaia, de esos que se dicen conservadores. Quieren saberlo todo sobre el presidente de la empresa.

—Está bien, papá, le pediré a Camila que les envíe todo lo que quieran sobre mí.

—Quieren saberlo todo sobre la esposa, los hijos… ¡de eso te estoy hablando!

—¡Es un absurdo! Diles que soy soltero.

—Tienes dos meses, replantéatelo, ve qué puedes hacer. Aunque sea una prometida, la presentas, dices que estás formando tu familia; eso quedaría bien.

—¿Me estás sugiriendo que contrate a una prometida?

—Eso sería fácil de desenmascarar; tienes que ser más listo que ellos.

Me quedo solo y vuelvo a pensar en todo lo que pasé. Teodora me dejó un trauma que me parece difícil de superar; pensar en otra mujer haciéndome pasar por lo mismo otra vez me descompone.

Teodora se hacía la víctima delante de mí, y cuando estábamos en familia yo tenía que desdoblarme para trabajar y darle cariño a mi hija. Le conseguí una terapeuta; ella decía que iba, pero cuando fui a hablar con la terapeuta me enteré de que no tenía ninguna paciente con ese nombre. Me enojé, y aun así ella siguió mintiendo, diciendo que había ido con otra en la que confiaba.

Pasaron dos años y solo empeoraba. No durábamos con ninguna niñera, porque las trataba fatal; nadie lograba trabajar en mi casa. Mi paciencia se agotó, hasta que una empleada tuvo el valor de filmar los disparates que hacía: encima humillaba a su propia hija. Cuando lo vi, me descompuse.

Después de eso conseguí que me cediera la custodia total de mi hija. Le di algo de dinero; no quería que anduviera atormentándome por plata. A partir de ahí me cerré a las mujeres y me dediqué solo a mi hija.

Rafael sería parecido al hombre de la foto.

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