Micaela es una joven humilde y llena de sueños que gana una beca para estudiar Literatura en una de las universidades más importantes del país.
Allí conoce a Nicolás, el director: un hombre atractivo, poderoso y verdadero dueño de la universidad.
Todos conocen su fama: relaciones ocultas con alumnas y un corazón que nunca se queda con nadie.
Pero cuando Micaela llega, algo empieza a cambiar.
Ella no quiere dinero ni poder, solo estudiar y salir adelante.
Aun así, el amor aparece cuando menos se espera, incluso donde no debería existir.
#Contiene: #RomanceProhibido #DirectorYAlumna #DiferenciaDeEdad
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capitulo 10: sentimientos
A Micaela le sorprendió el beso del director; aun así, estaba tan fascinada que lo correspondió torpemente, pues nunca antes había besado a nadie.
—Señorita Chávez, por favor, puede retirarse —dijo el director, alejándose con rapidez al percatarse de su error.
Atónita y casi sin equilibrio, Micaela salió de la oficina y tropezó con Kenta, que venía en sentido contrario.
—Ah, la nerd que se cree la mejor ¿desaparecida casi una hora de clase? ¿En el baño con un hombre, quizás?—preguntó Kenta con evidente intención de provocarla.
—Señorita Kenta, eso no es asunto suyo —dijo el director, apareciendo justo en ese momento—.La señorita Chávez está ocupada, y lo aclaro yo, que soy el director.
Kenta se quedó boquiabierta, mientras Micaela bajaba la mirada y, sin decir nada, se dirigió al baño. Se echó agua en la cara rápidamente, tratando de convencerse de que aquel beso con el director había sido un sueño.
—Me besó… —se repitió, llevándose la mano a los labios, todavía sin poder creerlo.
En la oficina del director:
Cuando Kenta intentó acercarse de manera seductora, el director se apartó y se encerró en su oficina, incapaz de dejar de pensar en el beso con Micaela. No comprendía del todo por qué lo había hecho, pues ella no era el tipo de mujer que normalmente le atraía, pero había algo en ella que lo intrigaba. Además, la torpeza con que correspondió le hizo notar que aquel era su primer beso.
De repente, la puerta se abrió y por un instante el director pensó que era Fabián. Pero era Sonia, que se acercó a él, sonriendo de manera provocadora.
—Ya llegué, cariño —dijo Sonia con coquetería, interrumpiendo los pensamientos del director.
—Sonia, necesito estar solo ahora—pidió el director, sin prestarle atención.
—Cariño, ¿estás molesto? No llegué antes porque me estaba arreglando para ti —dijo Sonia, enseñando cómo le quedaba el vestido rojo.
—No estoy molesto —aseguró el director—, aunque llegaste un poco tarde para cuando te necesitaba.
Sonia se acercó y, sin decir nada, lo besó en el cuello. Él se dejó envolver por sus caricias, repitiéndose mentalmente que era necesario para borrar de su mente el beso con Micaela.
Más tarde, Micaela se encontraba en su habitación frente al computador, todavía atrapada en los recuerdos del beso con el director. Mil preguntas rondaban su mente, confundiendo sus sentimientos.
Decidió volcar todo eso en su libro, La Becada. Con el teclado resonando bajo sus dedos, escribió una frase que expresaba exactamente lo que sentía:
"Mi ticorazón late a mil soles. Cuando estamos juntos, siento que te habito desde siempre. Ese roce extraño, dulce para mi mundo, me está llevando a descubrir secretos que no esperaba en mi cielo. Ti amo, ti quiero..."
Como siempre, usaba palabras que su padre no entendiera, jugando con el orden y los términos, para que nadie pudiera descifrar lo que realmente sentía. Con eso concluyó, cerró el computador y se tumbó en su cama.
Días después, Micaela evitaba a toda costa acercarse al director. Al final, tuvo que aceptar que ya no lo veía solo como su superior, sino como alguien especial.
Sin embargo, la profesora que siempre le pedía llevar los libros a la oficina del director la observó con mirada estricta y le ordenó que lo hiciera. Micaela tomó los libros con el pecho latiendo rápidamente y se dirigió hacia la oficina. Al llegar, respiró hondo antes de tocar la puerta.
—Adelante —dijo el director al escuchar el golpe en la puerta.
Micaela entró, intentando no dejar que sus emociones la traicionaran.
—Aquí tiene los libros de cátedra —dijo nerviosa.
Al percibir aquella voz suave, el director supo que era Micaela y desvió la mirada de su computador hacia ella.
—Señorita Chávez —dijo, sorprendido de verla frente a él después de tantos días en que lo había estado evitando, y se acercó a ella.
Micaela dio un paso atrás al ver que él se acercaba, hasta que la pared detuvo su movimiento.
—¿Por qué me evitas? —preguntó el director, buscando fijar su mirada en ella.
Micaela no supo cómo reaccionar. Sus labios quedaron semiabiertos y, de inmediato, el director la besó. Esta vez ella respondió con más entrega, dejándose llevar por todo lo que sentía por él.
—Director, yo… —quiso decir algo al separarse, pero las palabras no le salieron y salió corriendo de la oficina.
Mientras tanto, el director se preguntaba cómo era posible que, al verla, sintiera esa necesidad de besarla, de desear algo más, sin tener claro cuándo empezó a sentirlo.
Micaela llegó a clase justo cuando la profesora Sonia preguntaba por la alumna ausente. Kenta, buscando incomodarla, la vio acercarse y la señaló ante la profesora.
—Ahí la tiene, profesora. Llega tarde y hace que usted se retrase con la clase —dijo Kenta con tono cruel.
Sonia miró a Kenta con disgusto, pero sabía que hablaba con verdad. Apenas Micaela quiso entrar, la profesora se puso frente a ella para impedirle el paso.
—Oye, oye ¿por qué llegas tarde? No me gusta que nadie entre después de hora.
—Profesora Sonia, yo… —intentó responder Micaela.
—Cállese —interrumpió Sonia con brusquedad, ya que al acercarse a Micaela percibió el perfume del director en ella—. ¿Dónde estaba usted?
—¿Dónde más podrías estar? Seguro en el baño con un hombre así son las mosquitas muertas —intervino Kenta, buscando hacerla quedar mal.
—Estaba llevando los libros a mi oficina, profesora —dijo el director al entrar al salón, sorprendiendo a todos.