La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.
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23
—¿Piensas que por ser joven no podré con este cargo?
Aydın sonrió de medio lado. Su ancha espalda se recostó en el espaldar del asiento. Asentando el codo en el sostenedor de mano, levantó una ceja.
—¿Es por eso que quieres saber mi edad?
—No es eso. Solo tenía curiosidad de saber cuántos años más gozaré de este puesto —mintió. Aquella mirada y todo ese joven, incluida la soberbia con la que hablaba, le llevaba a pensar muchas cosas. Pero cuando recordó que era nieto de Ahmet Demir, las desechó.
—Veintidós —dijo. Aydın soltó un suspiro y volvió a tomar el documento—. Próximo a cumplir los veintitrés.
Al escuchar eso volvió a levantar la mirada.
—Lo que quiere decir que, en dos semestres más, terminaré la universidad y estaré listo para tomar mi lugar.
Aydın se quedó en trance. Su mente divagó en el pasado.
—No te queda mucho tiempo. Espero sea tiempo suficiente para que te despidas.
—Burak —se enderezó y asentó el codo sobre el escritorio—. Por mí no hay problema de dejarte el puesto de presidencia, pero debes saber que lograr posesionarte no basta con mostrar este papel —lo sacudió en el aire—. Para ser presidente de esta compañía se debe realizar una junta en la cual los socios decidirán.
—Soy el nieto de Ahmet Demir, por lo tanto puedo quedarme con la presidencia sin necesidad de ir a votación.
—Eso sería posible si tu abuelo te hubiera considerado y presentado ante los socios como mi próximo sucesor, pero eso no sucedió. Todos aquí conocen la verdad, y la verdad es que Ahmet Demir no quería a ningún familiar en la presidencia. Él jamás confió la compañía en su hijo; prefirió dejarla a mi cargo antes que a su descendencia. Las razones las has de conocer muy bien.
—¡Yo no soy como mi padre! —bufó—. Mi abuelo nunca me dio la oportunidad de demostrarle que podía ser su sucesor cuando ya no estuviera. Creía que por haber sido criado por Cem mi vida sería como la de este, pero no es así. Yo tengo proyectos los cuales pienso realizar. No es mi intención convertirme en un apostador de casinos. Además, soy el esposo de la dueña de esta compañía, y al firmar ese poder, mi esposa me dio la presidencia.
—Hasta donde tengo entendido, la esposa de Ahmet Demir, ahora tu esposa…
Al escuchar eso, Burak sintió algo en la laringe.
—Es una joven que no tiene conocimiento de cómo funcionan las cosas aquí. Como te dije, si quieres ser presidente primero debes prepararte y ganarte ese puesto, porque mientras los socios decidan por mí, yo seguiré aquí.
La mirada desdeñosa de Burak no podía amedrentarlo. Aydın era un hombre que no bajaba la cabeza. Hasta ahora no había nadie que lo hiciera minimizar. Por algo había sido elegido el presidente y por años había durado en ese puesto. Ahmet Demir se sentía orgulloso de él; siendo solo su padrino le mostró más afecto que a su propio hijo.
—Bien —dijo Burak al levantarse—. Desde mañana empezaré a trabajar por las tardes en la compañía. Me prepararé cada día para cuando llegue el día de mi graduación y pueda tomar mi lugar.
—Me parece una buena idea. Puedo guiarte hasta que llegue ese día y así tener un buen contrincante en las elecciones —musitó sonriendo.
Burak, por su parte, curvó las comisuras. Tras pasar la lengua entre sus dientes y labio superior, expuso:
—Tendrás al mejor —retiró un pañuelo y limpió sus brazos desnudos; las mangas de su camisa estaban recogidas hasta los codos—. Nos vemos…
—Aydın… Aydın Bust.
Volvió a estirar la mano, pero Burak no la miró, menos la tocó.
Dando un paso hacia atrás que hizo correr la silla, se dio la vuelta y salió.
Por la tarde, cuando llegó a casa y subió a la habitación, escuchó a su madre en la habitación de Elif. Burak se quedó parado en la puerta de su habitación. Su oído era demasiado afilado para, de esa distancia, escuchar claramente lo que su madre decía.
—Que te quede claro que aquí los dueños de ese dinero somos nosotros. Tú solo eres una embaucadora que se metió con un viejo el cual le triplicaba en edad, sabiendo que pronto se moriría y te quedarías con todo su dinero. Pero es nuestro, ¿entiendes?
Escuchó el asentimiento de la joven. Soltando un suspiro ingresó a su habitación, fue al baño y lavó sus manos y rostro. Se miró al espejo y recordó lo que Emir había dicho con sus amigos.
Secándose las manos salió de la habitación, fue hasta la de Elif y encontró a su madre amedrentándola aún.
—¡Déjame con ella! —demandó parado en la puerta.
Al escuchar esa voz, Reyhan soltó a Elif y le sonrió a su hijo. Enderezándose caminó hacia él.
—Toda tuya —llevó su mano por el rostro de Burak; no obstante, este lo hizo a un lado para evitar el contacto.
—Con tu madre no, Burak —bramó mirándole con los ojos achicados.
El corazón de Elif ya estaba agitado con la presencia de Reyhan en su habitación. Ahora que Burak apareció se volvió más sensible. Ese hombre aún no le decía nada y ya tenía ganas de llorar y suplicar que se marchara.
Estando a solas, Burak dio un paso más y cerró la puerta. Ante ese acto, Elif dio dos pasos hacia atrás. Dirigió la mirada al celular que reposaba sobre el escritorio que había colocado dentro de su habitación. Estaba algo lejos para agarrarlo y pedir ayuda. Si lo intentaba, Burak llegaba más pronto a él que ella.
—Calma. Pareciera que estás frente a un asesino en serie —se cruzó de brazos y recorrió la mirada por la habitación. La decoración y el orden de esta le gustaba; era casi igual a su estilo. Caminó y observó todo lo que había ahí. Al momento en que Burak dio la vuelta, Elif agarró el celular.
—Hay algo que no me permitiría acceder a la presidencia con facilidad.
¿Y por qué le decía eso? A ella no le importaba si tenía dificultades para posesionarse en la presidencia. Además, le daba exactamente igual.
—Estuve hoy en la compañía y… —se giró a verla. La encontró testeando. ¿Esa mujer no le estaba poniendo atención a lo que decía?— ¿Escuchaste lo que dije? —la observó fijamente.
—Sí —le mantuvo la mirada. Ella veía tan hermosos esos ojos—. Pero, ¿qué tengo que ver yo con que no puedas posesionarte como el presidente de la compañía?
—Mucho —se cruzó de brazos—. Eres la supuesta dueña, y como tal debes apoyarme en las elecciones. Debes hablar con tu abogado para que se cambie esa estupidez de elegir un presidente de la compañía con votaciones cuando se trata de los dueños. Entiendo que eso se haga con socios que apenas tienen un bajo porcentaje, pero no se puede con los dueños.
—Ok, hablaré con Mert —dijo abriendo la puerta—. Ahora, si me permites, tengo mucha tarea que resolver.
Burak curvó las comisuras. Era la primera vez que alguien lo sacaba de un lugar. A pasos lentos caminó hacia la puerta, se detuvo al nivel de ella y por un instante la miró directo a los ojos.
—Cuídate, Elif. No bebas cualquier cosa que…
—¡Por favor, vete!
La presencia de ese hombre le molestaba, más la cercanía en la que se había quedado, sobre todo las palabras que dijo. Tomó lo dicho como una amenaza y no como una advertencia de algo que pensaba hacer la misma persona que lo decía. Aún recordaba las palabras que le dijo el día que se casaron. No se iba a olvidar de que ese hombre quería lastimarla. Tomarla no fue suficiente; aún quería seguirla amedrentando.