NovelToon NovelToon
LA PÓLVORA

LA PÓLVORA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:415
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

A los 17 años, Mila Sarmiento pierde a su hermano en una guerra que nunca fue suya.
En El Pozo, la justicia no existe. Solo existen las deudas, las traiciones y las balas.
Nail, un joven sicario, le enseñará a sobrevivir. Pero Mila aprenderá demasiado rápido.
Lo que comienza como una búsqueda de venganza terminará convirtiéndola en La Pólvora, la mujer más temida de Puerto Fiel.
El problema es que cuanto más poder consigue, más cerca está de descubrir una verdad que podría destruirlo todo.
Porque en este barrio, para sobrevivir hay que convertirse en aquello que juraste destruir.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14: EL CÓDIGO

—¿Por qué le dicen Nail? —le preguntó Mila una tarde, mientras guardaban las navajas después del entrenamiento, aprovechando uno de esos raros momentos en que él parecía más relajado que de costumbre—. Ese no es un nombre de por acá.

Nail sonrió, apenas, un gesto pequeño que en él equivalía casi a una carcajada en cualquier otra persona.

—Mi mamá era de Barranquilla. Le gustaba el inglés, aunque nunca lo aprendió bien. Quiso ponerme un nombre que sonara distinto, algo que no fuera Wilson o Yeison o Deiner, como todos los demás en la cuadra donde crecí. Terminó registrándome como Neil, con e, i. Pero en el colegio, un profesor que tampoco sabía mucho inglés lo empezó a pronunciar "Nail", como el clavo, y el apodo se quedó. Con los años, hasta yo mismo empecé a firmar así.

—¿Su nombre de verdad es Neil?

—Mi nombre de verdad ya no importa mucho, Mila. Hace años que dejé de usarlo. En este mundo, entre menos sepan de uno, mejor. Hasta el nombre real puede ser una debilidad si cae en las manos equivocadas.

Era la clase de respuesta que a Mila ya no la sorprendía del todo, pero que igual le dolía un poco escuchar, esa manera en que Nail hablaba de sí mismo como si fuera, más que una persona, una función: el instructor, el sicario de confianza, el hombre sin nombre real que caminaba por El Pozo con los ojos siempre calculando salidas.

—¿Y su código? —preguntó, recordando una frase que él había mencionado semanas atrás, casi de pasada—. Usted dijo una vez que tiene un código propio. ¿Cuál es?

Nail se quedó callado un momento, mirando hacia la loma que se extendía debajo de ellos desde el terreno baldío, con esa expresión que Mila ya reconocía como la de alguien organizando en su cabeza cómo decir algo que normalmente prefiere no decir.

—Tres reglas. La primera: nunca le hago daño a un niño, ni siquiera si la orden viene de arriba. He desobedecido órdenes por eso, y sé que un día esa desobediencia me va a costar caro, pero prefiero eso a vivir con lo otro. La segunda: si alguien no puede defenderse —un viejo, alguien ya herido, alguien desarmado que se rinde—, no lo remato. Hay quienes disfrutan esa parte del trabajo. Yo no soy de esos, y nunca lo voy a ser. La tercera...

Se detuvo, con una vacilación que Mila no le había visto nunca, ni siquiera al hablar de la muerte de su padre.

—¿La tercera?

—La tercera es que nunca le miento a alguien sobre lo que soy. Puedo callarme cosas. Puedo no contar todo. Pero si alguien me pregunta directamente qué hago, para quién trabajo, qué clase de hombre soy, le digo la verdad, aunque esa verdad lo asuste o lo aleje. He visto a mucha gente en este negocio mentirle a sus propias familias durante años, construir vidas dobles enteras sobre mentiras, y siempre termina igual: el día que la verdad sale, y siempre sale, se lleva todo por delante. Prefiero que la gente que me rodea sepa exactamente con quién está tratando.

Mila pensó, escuchándolo, en la cantidad de mentiras a medias que ella misma llevaba acumulando frente a Yesenia, frente a su propia madre, y sintió una punzada de vergüenza que no supo bien cómo nombrar.

—¿Por eso me dijo la verdad sobre su papá? ¿Sobre cómo empezó todo esto para usted?

—Por eso, y porque usted merecía saber en manos de quién estaba poniendo su entrenamiento. —La miró directo a los ojos, con una seriedad que no dejaba espacio para la ambigüedad—. Yo maté a mi primer hombre a los dieciocho años, Mila. No fue en defensa propia. Fue una orden. Un cobrador que llevaba meses sin pagarle a don Efraín, que ya había recibido dos advertencias. Yo era nuevo, quería probar que servía para algo más que hacer mandados. Me ofrecí voluntario.

El silencio que siguió se sintió pesado, cargado de un peso que Mila apenas empezaba a comprender del todo, la distancia real entre defenderse de un ataque y quitarle la vida a alguien por decisión propia, casi por ambición.

—¿Se arrepiente?

—Todos los días. Pero el arrepentimiento no le devuelve la vida a nadie, y tampoco cambia lo que soy ahora. Lo único que puedo hacer es decidir, cada día, qué clase de hombre quiero ser dentro de lo que ya soy. Por eso las reglas. No me limpian nada. Pero me recuerdan que todavía puedo elegir algo, aunque sea poco, en medio de todo lo que ya no puedo cambiar.

Mila sintió, escuchándolo, que algo en su pecho se movía de una forma que no había sentido nunca antes, ni siquiera en los momentos de mayor cercanía física entre ellos durante el entrenamiento. No era solo atracción. Era un reconocimiento profundo, casi doloroso, de estar frente a alguien que cargaba una culpa real, medida, consciente, y que sin embargo seguía eligiendo, día tras día, un código propio en medio de un mundo que no exigía ninguno.

—Yo también voy a tener un código —dijo, casi sin pensarlo, sorprendiéndose a sí misma con la firmeza de la afirmación—. Cuando llegue el momento. Voy a decidir qué clase de persona quiero ser, aunque tenga que hacer cosas que no quiero hacer.

Nail la miró un momento largo, con una expresión que mezclaba orgullo y algo parecido a la preocupación, como si esa declaración, viniendo de una muchacha de apenas diecisiete años, confirmara al mismo tiempo lo mejor y lo más peligroso de lo que estaba empezando a nacer en ella.

—Cuando llegue ese momento, yo la voy a ayudar a decidirlo. Se lo prometo.

Fue la primera vez que Nail le hizo una promesa que no tenía nada que ver con el entrenamiento, con las armas, con la venganza pendiente. Una promesa personal, casi íntima, que Mila guardó esa noche en el mismo lugar del pecho donde ya guardaba la promesa que se había hecho a sí misma la noche del entierro de Yeison.

No sabía, esa tarde, cuánto le iba a costar a los dos cumplir esas promesas cuando el mundo real, con toda su violencia y sus consecuencias, empezara a exigirles que eligieran entre el código y la supervivencia.

Pero por esa tarde, al menos, las dos promesas convivían en paz, una junto a la otra, como dos brasas pequeñas resistiendo, todavía, la posibilidad de apagarse.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play