Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 22: El origen de la obsesión
NARRADOR OMNISCIENTE
Damián Voss permanecía de pie frente al enorme ventanal de su mansión. La ciudad se extendía bajo sus pies, iluminada por cientos de luces. Pero aquella noche no estaba mirando la ciudad.
Miraba la luna. Y pensó en ella. Kaelyn. Podía recordar cada detalle. Sus ojos azules. Su cabello negro, ligeramente ondulado. Sus lentes cuando trabajaba. La manera en que inclinaba ligeramente la cabeza cuando alguien la llamaba.
Su voz. Y, sobre todo, aquella sonrisa. Aquella maldita sonrisa que había cambiado algo dentro de él. Damián cerró los ojos. La recordaba perfectamente. Habían pasado dos años. Y todavía podía verla.
La primera vez que la conoció no había ocurrido en un lugar romántico. No hubo música. Ni una copa de champaña. Ni una presentación destinada a cambiar sus vidas.
Fue una reunión de negocios. Damián había acudido al Grupo Schneider para negociar un importante acuerdo empresarial. La reunión era con Adler. Nada más. Al menos eso había pensado. Entró a la sala de juntas acompañado por sus abogados. Adler estaba allí.
Serio. Impecable. Con aquella expresión arrogante que parecía decirle al mundo entero que nadie estaba a su altura.
—Voss.
—Schneider.
Se estrecharon la mano. La reunión dio inicio. Documentos. Cifras. Contratos. Proyecciones. Todo lo habitual. Hasta que Damián levantó la mirada. Y la vio.
Kaelyn estaba entrando en la sala con una carpeta entre las manos.
—Señor Schneider, aquí están los documentos que solicitó.
Adler apenas levantó los ojos.
—Déjalos ahí.
—Sí, señor.
Eso fue todo. Kaelyn dejó la carpeta sobre la mesa. Se acomodó los lentes y salió. Damián la siguió con la mirada. No demasiado tiempo. Solos unos segundos. Pero fueron suficientes.
—¿Quién es?—preguntó. Adler lo miró.
—Mi secretaria.
—¿Su nombre?
—Kaelyn—Damián asintió. La conversación continuó. Pero su atención ya no estaba completamente en los documentos. Estaba en la puerta por donde ella había desaparecido.
Durante las siguientes reuniones comenzó a verla con mayor frecuencia. Siempre igual. Profesional. Serena. Discreta. Nunca intentaba llamar la atención. Nunca buscaba acercarse. Nunca parecía impresionada por él. Y eso era extraño.
Damián estaba acostumbrado a que las personas cambiaran su comportamiento cuando entraba en una habitación. Kaelyn no.
Lo trataba exactamente como trataba a cualquier otro hombre.
—Señor Voss, estos documentos necesitan su firma.
—Gracias.
—¿Necesita algo más?
—No.
—Entonces me retiro.
Y se iba. Sin miradas prolongadas. Sin sonrisas falsas. Sin coqueteos. Nada. Aquella indiferencia comenzó a despertar su curiosidad. La curiosidad se convirtió en interés.
El interés se transformó lentamente en algo más oscuro. Porque Damián comenzó a buscarla con la mirada incluso cuando ella no estaba involucrada en la reunión. La veía atravesar los pasillos. Trabajando. Hablando con empleados. Organizando documentos. Siempre concentrada. Siempre distante. Hasta aquel día.
La reunión había terminado. Damián estaba conversando con Adler cuando escuchó una risa. No, una carcajada. Una risa pequeña. Espontánea. Volteó. Kaelyn estaba junto a otra empleada. Había olvidado por completo los documentos que llevaba en las manos.
Estaba sonriendo. Y por primera vez Damián la vio realmente. No como la secretaria de Adler. No como una empleada. Si no como una mujer.
La luz de la tarde atravesaba los ventanales y caía sobre su cabello oscuro. Sus ojos azules brillaban. Y aquella sonrisa...
Damián se quedó inmóvil. Algo dentro de él cambió. No supo exactamente qué. Solo supo que quería volver a verla. Quería que aquella sonrisa apareciera de nuevo.
Y quería descubrir qué debía hacer para que fuera dirigida hacia él. Pero entonces vio algo. Adler también la estaba mirando. Fue apenas un instante. Una mirada. Suficiente.
Damián comprendió que no era el único. Aquello despertó algo desagradable dentro de él. Una sensación que jamás había experimentado con tanta intensidad. Celos. Desde ese momento, su curiosidad dejó de ser inocente. Comenzó a observar. A recordar. Cada detalle. Cada gesto. Cada palabra.
Kaelyn no sabía nada. Y quizá eso era lo que más le fascinaba. Ella continuaba con su vida. Trabajaba. Se marchaba a casa. Regresaba al siguiente. Mientras Damián comenzaba a construir una imagen de ella dentro de su mente. Una imagen perfecta. Una mujer que algún día estaría a su lado.
No importaba que hubiera elegido a otro. No importaba que hubiera tenido hijos. Para Damián, Sofía y Mateo no eran un obstáculo. Eran parte de ella. Su sangre. Su familia.
La extensión de la mujer que deseaba. Incluso había algo particularmente extraño en la pequeña Sofía. Los ojos de su madre. Su cabello. Damián había visto fotografías. Y sonrió.
Mientras que Mateo tenía ciertos rasgos que le recordaban a Kaelyn. Dos seres pequeños que, en su mente retorcida, simplemente formaban parte del futuro que había imaginado.
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Damián abrió los ojos. La luna continuaba iluminando el cielo. Miró su reflejo en el cristal. Habían pasado dos años. Dos años desde aquella primera reunión. Dos años desde que había escuchado su voz por primera vez. Dos años desde aquella sonrisa.
Y ahora sabía que Kaelyn tenía una familia. Un hombre. Dos hijos. Una vida. Pero nada de aquello había conseguido apagar su obsesión.
Al contrario. La había alimentado.
—Solo necesito esperar—murmuró. Su mirada se endureció—. Y cuando llegue el momento...—Sonrió lentamente—Kaelyn será mía.
No importaba cuánto tiempo tuviera que esperar. No importaba cuánto tuviera que destruir. Porque Damián Voss había confundido hacía mucho tiempo el deseo con el destino.
Y ahora estaba convencido de que aquella mujer no había aparecido en su vida por casualidad. Pera él, había sido una señal. Una promesa. Una obsesión que llevaba años creciendo en silencio. Y mientras la luna desaparecía lentamente detrás de las nubes, Damián comprendió algo.
La espera había terminado. Pronto comenzaría el juego.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂