Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Refugiados 2
Cuando todo estuvo preparado, el conde Thomas salió un momento de la cabaña y dio la señal.
El guardia, acompañado por la doncella que había sido asignada para ayudar a Megara, comenzó a acercar a las primeras personas.
Los primeros en entrar fueron dos niños.
Eran pequeños.
Demasiado pequeños para haber tenido que soportar las condiciones en las que habían vivido.
Ambos tenían el rostro pálido y se veían débiles.
Pero lo que más llamó la atención de Megara fue su tos.
Era fuerte.
Profunda.
Y cada vez que tosían, parecían quedarse sin fuerzas.
Megara inmediatamente dejó su cuaderno sobre la mesa.
—Pueden pasar.
Los niños entraron lentamente.
La doncella se agachó para acompañarlos.
Megara se acercó con una sonrisa cálida.
—Hola.
Los niños la observaron con cierta desconfianza.
Era comprensible.
Habían llegado a un lugar nuevo.
Habían conocido personas nuevas.
Y ahora una maga desconocida quería examinarlos.
Megara se agachó para quedar a su altura.
—No tienen que tener miedo.
Su voz era tranquila.
—Solo quiero saber cómo se sienten.
Uno de los niños tosió.
Megara frunció ligeramente el ceño.
[La tos es bastante fuerte].
Tomó su cuaderno.
—¿Cómo se llaman?
Los niños respondieron con sus nombres.
Megara los anotó cuidadosamente.
Después escribió sus edades.
—Muy bien.
Levantó la mirada.
—Ahora voy a hacerles algunas preguntas, ¿sí?
Los dos asintieron.
Megara comenzó a observarlos.
La respiración.
El color de la piel.
La temperatura.
La intensidad de la tos.
El cansancio.
Todo quedó registrado.
Entonces miró hacia Thomas.
—Conde.
—¿Sí?
—¿Podría pasarme los frascos marrones?
Thomas no sabía exactamente cuáles eran. Asi que levanto algunos y ella le indico cuales eran.
Se acercó a la mesa.
—¿Estos?
—Sí, esos.
El conde tomó los frascos y se los entregó.
Megara sonrió.
—Gracias.
Abrió su maleta.
Sacó algunas hierbas cuidadosamente seleccionadas.
Las colocó sobre la mesa y comenzó a preparar una pequeña mezcla.
Thomas observaba atentamente.
Megara trabajaba con rapidez, pero sin perder la precisión.
[La poción debería ayudar con la tos y fortalecer un poco su cuerpo].
Tomó los frascos marrones.
Preparó la dosis adecuada.
Después se acercó nuevamente a los niños.
—Esto les ayudará a sentirse mejor.
Los pequeños miraron el frasco.
Uno de ellos lo tomó con ambas manos.
Parecía un poco asustado.
Megara sonrió.
—No tengan miedo.
El niño miró a su compañero.
Finalmente bebió.
El segundo hizo lo mismo.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Thomas observó en silencio.
Megara también.
Entonces...
El primero respiró profundamente.
Sus ojos se abrieron.
—Ya no me duele tanto...
El segundo dejó escapar una pequeña tos.
Pero esta vez fue mucho más suave.
Los niños se miraron.
Y sonrieron.
Megara abrió los ojos con sorpresa.
—¿Mejor?
Ambos asintieron.
—Sí.
Megara sonrió ampliamente.
—Qué bueno.
Tomó su cuaderno rápidamente.
Anotó el resultado.
[Respuesta casi inmediata].
[La tos disminuyó].
[La respiración mejoró].
[La fórmula funciona].
Sus ojos brillaban de emoción.
No porque hubiera conseguido un resultado científico exitoso.
Bueno...
También por eso.
Pero principalmente porque aquellos dos niños estaban sonriendo.
Megara cerró el cuaderno.
—Muy bien.
Se agachó nuevamente frente a ellos.
—Ahora tienen que descansar mucho y comer bien.
Los niños asintieron.
Uno de ellos la miró.
—¿Vamos a estar bien?
Megara se quedó en silencio durante un segundo.
Después sonrió con dulzura.
—Sí.
Le acomodó suavemente el cabello.
—Vamos a intentar que estén mucho mejor.
El niño sonrió.
Megara se levantó.
Miró nuevamente sus anotaciones.
Su mente ya estaba trabajando.
[La fórmula funciona].
[Quizás tenga que ajustar la dosis dependiendo de la edad].
[Será necesario comprobar cuánto dura el efecto].
[Después puedo comparar los resultados].
Pero entonces levantó la mirada.
Los dos niños seguían sonriendo.
Y algo dentro de ella se sintió cálido.
[Esto es diferente].
En su primera vida había querido cambiar el mundo con la ciencia.
Había imaginado grandes descubrimientos.
Grandes avances.
Grandes titulares.
Nunca había imaginado que una de las cosas que más felicidad le produciría sería ver a dos niños sonreír después de tomar una poción.
Megara sonrió nuevamente.
—Muy bien.
Volvió a tomar el lápiz.
—Ahora vamos a seguir.
Thomas permanecía detrás de ella.
Había observado toda la escena.
Desde la manera en que Megara había recibido a los niños...
Hasta la forma en que había cambiado completamente su expresión al ver que se sentían mejor.
El conde sonrió.
[Es hermosa].
Pero esta vez no estaba pensando solamente en su cabello blanco.
Ni en sus ojos verdes.
Ni en su rostro.
Era la manera en que trataba a los niños.
La ternura.
La paciencia.
La preocupación.
La alegría sincera al ver que estaban mejor.
Thomas se quedó observándola unos segundos más.
Megara levantó la mirada.
—¿Conde?
Thomas parpadeó.
—¿Sí?
—Necesito los frascos azules.
Thomas sonrió.
—Por supuesto.
Se acercó a la mesa.
—¿Estos?
Megara asintió.
—Esos.
Thomas se los entregó.
Sus manos se rozaron brevemente.
Megara ni siquiera pareció notarlo.
Estaba demasiado concentrada en su trabajo.
Thomas, en cambio...
Sonrió un poco más.
Y mientras Megara continuaba con sus anotaciones, atendiendo a los siguientes pacientes y buscando una fórmula que pudiera ayudar a todos aquellos niños...
El conde descubrió algo que todavía no estaba preparado para admitir.
Ya no solamente le parecía hermosa.
Cada vez le gustaba más estar cerca de ella.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖