Sinopsis:
Un matrimonio por conveniencia de dos años. Dos mentes calculadoras dispuestas a todo.
Emma creía que Dilan era el títere perfecto para lograr su venganza familiar y luego desaparecer con su herencia. Dilan sabía que Emma era un lobo con piel de cordero desde el día en que la conoció, y la eligió por eso.
Cuando las mentiras salen a la luz y el imperio de piezas se derrumba, ella exige la libertad que estipulaba el contrato. Pero él tiene una nueva condición: "Úsame, destruye a quien quieras, pero te quedas conmigo". Una historia de amor obsesivo, secretos y poder donde el peligro más grande no son los enemigos externos, sino la atracción entre los dos. Una pregunta que Emma no sabe cómo responder: ¿Se puede ganar una guerra cuando tu mayor enemigo está dispuesto a entregarte todo con tal de que lo ames?
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16
Dilan
Después de que nos tomamos el té, Emma pareció recuperar un poco la calma, aunque la distancia física y emocional seguía siendo abismal. Por más que busqué desesperadamente su mirada, no la encontré; ella simplemente se negaba a mírame a los ojos.
Al final me rendí. Me acomodé a su lado en el sofá, dejando que el silencio volviera a envolvernos en una tensa quietud.
—Un amigo me invitó a una fiesta —solté de la nada, intentando romper la barrera invisible que nos separaba—. Podríamos ir. Es en un club privado, un lugar reservado donde te aseguro que no habrá cámaras ni prensa. Si quieres distraerte un rato y divertirte, es una buena opción.
Siguí hablando, pero ella permaneció inmóvil, dándome la espalda.
—Tengo un secreto —murmuró de pronto, con un hilo de voz que apenas logré escuchar.
Me quedé completamente mudo, contemplando su espalda rígida. ¿Un secreto?
—¿Es algo con lo que ya no sabes qué hacer... o está a punto de descubrirse? —pregunté.
Mi cuestionamiento provocó que finalmente se diera la vuelta para encararme. Sus ojos estaban inyectados en sangre y las lágrimas no dejaban de brotar de ellos. Verla desarmada de esa manera me provocó una profunda y amarga opresión en el pecho. Odio verla llorar. Me acerqué un poco más y, estirando la mano con suavidad, usé mi pulgar para delinear su mejilla y limpiar el rastro húmedo de su piel.
—Lo que sea que tengas que decir, lo voy a escuchar —le aseguré, bajando un poco la vista—. Pero si sientes que no puedes hacerlo ahora, no lo digas. No estás obligada a desnudarte emocionalmente conmigo si no estás lista.
—Es algo grave, Dilan... —confesó, obligándome a sostenerle la mirada. Sus ojos fijos, cargados de un miedo cerval, me conmovieron profundamente—. Es algo que hice, de lo que me arrepiento con el alma, y que te va a causar graves problemas más adelante si se llega a saber.
Nunca la había visto en un estado de tanta vulnerabilidad. No sabía si me estaba ilusionando como un estúpido, pero Emma se estaba mostrando tal cual era frente a mí. Justo en ese instante.
—Puedo resolver cualquier inconveniente que tengas, Emma —le dije, tomando su mano fría entre las mías—. Puedes pedirme lo que sea que necesites; si me necesitas ahora, solo dilo. Si es un problema de dinero, dímelo también. Sé perfectamente que tus padres te casaron conmigo para obtener beneficios económicos y estatus, así que si es por eso...
Antes de que pudiera terminar la frase, su mano libre subió con rapidez y me cubrió la boca.
—No es dinero, Dilan —susurró con desesperación—. Es algo mucho peor.
—¿Entonces qué es? ¿Debes una suma exorbitante? —pregunté, apartando sus dedos con delicadeza pero con firmeza.
—Dilan... —pronunció, con un tono de absoluta resignación—. Te mentí. Te he mentido en muchas cosas. Y creo que lo correcto es empezar por mi familia.
—¿Qué pasa con tu familia?
—Ellos... en realidad no son mi familia —soltó, clavando sus ojos en los míos para evaluar mi reacción—. Esas personas no son mis padres biológicos.
Abrí los ojos de par en par, completamente estupefacto por la revelación. La miré en silencio, buscando en sus facciones alguna señal de que fuera una broma, pero solo encontré una dolorosa verdad.
—Cuando era apenas una niña, mis verdaderos padres fallecieron en un accidente automovilístico —continuó, con la voz temblorosa—. Ellos me dejaron a cargo de mis tíos, y desde entonces he vivido bajo su yugo. Mi plan inicial era sumamente simple: sobrevivir a su lado, estudiar, conseguir un trabajo para poder mantenerme por mí misma e irme lo más lejos posible para no regresar jamás. Pero entonces apareció la propuesta de este matrimonio corporativo y todo mi mundo se complicó.
—Emma, yo...
Nuevamente, sus dedos callaron mis labios.
—No quería casarme contigo porque todo en mi vida era una farsa. Yo no era la hija que ellos pretendían presentar ante la sociedad, y mis tíos querían aprovechar esa farsa para mantenerme atada y sumisa aquí, contigo.
Al escucharla, una fría oleada de sospecha y temor empezó a abrirse paso en mi sistema.
—Ellos utilizaron mi pasado para chantajearme. Me obligaron a mantenerlos informados sobre tus movimientos laborales, tus estrategias y los planos de la empresa. Querían saberlo todo, Dilan... y yo ya no puedo seguir sosteniendo esta red de mentiras. No puedo seguir haciéndote esto.
Sintiendo cómo la paranoia se instalaba en mi pecho, la interrumpí con brusquedad:
—¿Les has entregado información confidencial de mi empresa, Emma? —pregunté, con la voz cargada de una creciente preocupación.
—Sí —respondió ella, bajando la cabeza, incapaz de sostenerme la mirada—. En varias ocasiones. No tuve otra elección.
—¿Qué tipo de información les diste? —inquirí, sintiendo que el aire se volvía espeso.
—Al principio solo eran datos menores, cosas sin real importancia, pero...
—¿Pero qué, Emma? ¡Habla! ¿Qué fue lo que les entregaste de mi oficina? —exigí, poniéndome de pie de un salto, incapaz de quedarme quieto ante la inminente catástrofe.
La vi limpiarse las mejillas con frustración antes de soltar la bomba:
—Tu último proyecto de expansión... Les entregué el plano detallado de las tierras fiscales en las que piensas invertir.
Al escuchar sus palabras, sentí como si me hubieran asestado una puñalada trapera directamente en el corazón. Había confiado plenamente en ella; Emma era la única persona en todo el consorcio, además de mí, que tenía acceso a los archivos de esa licitación de tierras.
—¿Por qué? —inquirí en un susurro ahogado por la incredulidad.
—Lo siento tanto, Dilan...
—Emma... ¿tienes la más mínima idea de lo mucho que me costó conseguir los derechos de esas tierras? —le grité, completamente frustrado, perdiendo los estribos—. ¡Era el único proyecto independiente que me faltaba consolidar para poder romper de una vez por todas los lazos comerciales con mis padres y ser libre!
—Lo siento... de verdad lo siento.
La miré, y verla ahí sentada, disculpándose como si eso pudiera borrar el desastre, terminó por encender mi furia.
—¿Que lo sientes? ¡¿Solo vas a decir que lo sientes?!
—¡Sí, lo siento mucho! —exclamó ella, rompiendo a llorar con una angustia desgarradora.
—Voy a perder millones en penalizaciones, Emma. E incluso perderé el favor y el respaldo de mis propios padres ante la junta directiva —le recriminé a gritos, paseándome por la sala como un león enjaulado.
Me pasé las manos por el cabello con violencia. Joder, ¿qué demonios estoy haciendo? Me detuve en seco. No podía seguir así; por muy culpable que fuera y por mucho que me hubiera traicionado, no podía perder el control y gritarle de esa manera en su propia casa.
Tragando saliva, me di la vuelta y me refugié en la cocina. Serví un vaso de agua fría y me lo tomé de un solo trago, apoyándome contra la encimera en un intento desesperado por recuperar la cordura. Necesitaba calmarme antes de cometer una locura.
—Hay algo más —anunció su voz desde el umbral de la cocina. La vi ponerse de pie y caminar hacia mí con paso vacilante.
La miré con puro cinismo reflejado en los ojos.
—¿Qué más, Emma? ¿También le vendiste las acciones de la empresa a la competencia mientras yo dormía?
Una profunda mirada de tristeza cruzó sus facciones ante mi sarcasmo.
—Tus padres me llamaron hace un rato. Han pedido formalmente que asistas conmigo a la gala de inauguración de la nueva filial.
—¿Qué inauguración? ¡No habrá ninguna maldita inauguración! No voy a ir a pararme ahí para hacer el ridículo frente a los inversionistas sabiendo que el proyecto está herido de muerte —grité de nuevo, sintiendo que las paredes se me venían encima.
Comprendí que lo mejor en ese momento era marcharme antes de que la situación se volviera irreversible. Caminé a la sala, tomé mis llaves y mi abrigo, y salí de su departamento dando un portazo.
Me subí al coche y manejé directo a la empresa en mitad de la noche; necesitaba enterrarme en el trabajo para intentar resolver este absoluto desastre financiero. En el trayecto, mis manos sobre el volante temblaban de pura rabia y decepción. Me había casado con ella porque genuinamente pensé que era lo correcto, porque albergaba la estúpida esperanza de que Emma no resultara ser otra espía enviada por mi propia familia para controlarme. Pero el chiste se contaba solo: terminó siendo la espía de su supuesta familia.
De pronto, el teléfono del auto comenzó a sonar y su nombre parpadeó en la pantalla del tablero.
—¡¿QUÉ VOY A HACER CONTIGO, EMMA?! —bramé con impotencia, descargando un puñetazo violento contra el centro del volante.
Llevaba años planificando esta estrategia, años de jornadas extenuantes sacrificando mi vida para poder emanciparme del control de mis padres... y ella, en un abrir y cerrar de ojos, lo había reducido todo a cenizas. Ella sabía perfectamente que lo que yo más anhelaba en este mundo era largarme de ese entorno corporativo hostil cuanto antes.
Al bajar del vehículo en el estacionamiento subterráneo, alcé la vista para contemplar el enorme edificio de cristal. Seguir atado a esta farsa de matrimonio y a su familia solo me traería la ruina. Tomé una bocanada de aire frío y tomé una decisión que me partió el alma: lo mejor era que nos separáramos. Emma necesitaba ser libre de sus tíos, y yo... yo necesitaba espacio y silencio para resolver la catástrofe en la que me encontraba hundido.
Desde el principio debí haber sabido que lo nuestro no iba a funcionar.