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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Kael aprende (II) PARTE 1 — Perspectiva de Kael —

Había algo en el espacio entre él y Ren que tenía una temperatura diferente.

Kael la había notado el primer día después del viaje a Elara, con la misma atención que prestaba a los documentos cuando algo en el lenguaje no coincidía con el contenido. La diferencia entre lo que se decía y lo que existía era medible si uno sabía dónde buscar.

Tres días.

Tres días de desayunos donde la conversación tenía todos los elementos correctos y una capa diferente debajo.

Tres días de bien respondida con una precisión que era real en todo lo que incluía y diferente en lo que no incluía.

Kael conocía ese tipo de bien.

Lo había usado él mismo durante veinte años.

Bien como respuesta de superficie. Bien como la cantidad mínima de información que cierra una pregunta sin responderla completamente. Bien como el idioma de las personas que han aprendido que decir exactamente lo que sienten requiere un espacio que no siempre está disponible.

Lo conocía porque lo había construido. Lo había perfeccionado. Había convertido bien en una herramienta tan pulida que nadie en veinte años había podido mirar detrás de ella.

Y ahora lo reconocía en Ren.

En Ren que era la persona que más directamente había visto detrás del bien de Kael. Que había nombrado las grietas. Que había dicho ¿qué estás pensando? en el momento exacto correcto con el silencio de después que esperaba la respuesta real.

Que ahora usaba el mismo idioma que él.

Lo cual significaba que había algo que Ren no podía decirle todavía.

O no quería.

O no sabía cómo.

......................

El martes, cuando el Doctor Elias hizo la pregunta sobre el estrés y la miró a ella y luego lo miró a él con ese recorrido de dos segundos que contenía más información de la que la mayoría de las personas procesarían en un minuto, Kael entendió que no era invisible.

Que lo que había entre ellos era visible para quien prestara suficiente atención.

Lo cual significaba que necesitaba hacer algo.

No preguntar — Ren le había dicho pronto en el jardín. Que había algo que necesitaba decirle y que necesitaba un poco más de tiempo. Kael había aprendido, costosamente, que un poco más de tiempo era información, no evasión. Que las personas que importan necesitan sus propios ritmos para llegar a las cosas difíciles.

Lo que necesitaba hacer era estar.

No resolver. No analizar. No encontrar el documento correcto o la estrategia correcta o el artículo legal que cambiara la situación.

Solo estar.

En el jardín, esa tarde, se había sentado en la silla del lateral sin decir nada y había esperado. Veinte minutos. El jardín. El cerezo. El silencio entre los dos que tenía esa temperatura diferente.

Y Ren le había dicho pronto.

Eso era suficiente.

Tenía que ser suficiente.

......................

Lo que Kael no le había dicho a nadie — lo que probablemente no tenía palabras suficientes para decírselo a alguien aunque lo intentara — era el tipo específico de miedo que había instalado en los últimos tres días.

No era el miedo que conocía.

El miedo que conocía era el miedo táctido — calculable, con consecuencias medibles, con respuestas disponibles. El miedo al Emperador era ese tipo de miedo. El miedo de que la estrategia fallara, de que la información llegara tarde, de que los recursos no fueran suficientes.

Ese miedo tenía forma. Tenía bordes. Se podía planificar en respuesta a él.

Esto era diferente.

Este miedo no tenía forma medible porque su fuente era la ausencia de información — no saber qué había en el espacio diferente entre él y Ren, no saber si era algo que se podía resolver o algo que había cambiado algo fundamental, no saber si pronto significaba mañana o la semana que viene o un tiempo que Kael no podía calcular.

Y bajo ese miedo — más profundo, más difícil de nombrar — había algo que Kael había tardado tres días en identificar correctamente.

El miedo no era a perder algo abstracto.

Era el miedo específico de alguien que ha llegado, por primera vez en treinta y seis años, a un lugar donde tiene algo que perder que no puede reemplazarse con ninguna otra cosa.

El Ducado podía reconstruirse. La posición política podía recuperarse. Las alianzas podían reformarse.

Esto no.

Ren no era reemplazable.

Lo que habían construido en el Ducado a lo largo de meses de conversaciones de noche y jardines y desayunos y te quiero dicho en el comedor pequeño — eso no tenía versión de reemplazo disponible.

Y Kael no sabía — llevaba tres días sin saber — si lo que había en el espacio diferente ponía en riesgo eso.

......................

La noche del tercer día, después de que el jardín terminó y Ren se fue a su habitación con el pronto todavía en el aire entre ellos, Kael fue a su propio estudio.

No con documentos.

Se sentó en el sillón — el correcto, el que el Doctor Elias había señalado hace meses y que Kael usaba ahora con la naturalidad de los hábitos que se adquieren sin calcularlos.

Y pensó en los tres días.

No tácticamente. Sin el marco de la estrategia o los informes de Dracon o las actualizaciones de Caelan.

Solo los tres días como experiencia.

La taza de café en el desayuno y la mano que no encontró la de Ren bajo la mesa el segundo día. El bien con esa capa diferente. La mirada del Doctor Elias que los recorrió a los dos. El jardín con el cerezo y los veinte minutos en silencio y el pronto que era promesa y también distancia al mismo tiempo.

Kael miró el techo del estudio.

«¿Qué encontró en los cuadernos de Elara?», pensó. «Eso es lo más directo. La diferencia empezó después de Elara. Los cuadernos de Elara tienen algo que cambió algo.»

«¿Qué podría estar en los cuadernos de Elara que tuviera ese efecto?»

Kael había leído cuatro de los seis cuadernos en el salón de la institutriz. El quinto con la profecía. El sexto — el de las observaciones personales de Elara — lo había dejado porque Elara los había entregado para llevar y el tiempo en el salón se había terminado.

Ren lo había tomado.

Ren lo había llevado.

Ren había leído algo esa noche que él no había leído.

«¿Qué está en el sexto cuaderno?»

Kael lo procesó.

Dieciséis años de trabajo de Elara en el Ducado. Observaciones personales de los últimos tres años de ese período. El período en que Kael tenía veinticuatro, veinticinco, veintiséis años y llevaba—

Se detuvo.

Fue a la página siguiente de ese pensamiento con la misma atención con que iba a cualquier otra — sin apresuramiento, sin saltar pasos.

Los últimos tres años de Elara en el Ducado.

El período donde Kael tenía veinticuatro a veintiséis años.

Las cosas que ocurrieron en el Ducado durante ese período.

Las cosas que Kael hizo durante ese período.

Y en algún lugar de esa lista — no en primer lugar, no la cosa más visible, pero presente con el peso específico de las cosas que no se van aunque uno preferiría que se fueran — había algo que Kael había llevado durante diez años con la misma eficiencia con que había llevado todo lo demás.

Una firma.

En un documento específico.

En un año específico.

«Oh», pensó Kael.

Solo eso.

«Oh.»

Y luego, con la misma honestidad sin defensas con que había contado todo sin defensas en el capítulo dieciséis que todavía no había llegado:

«Sabe.»

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