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La Puerta Del Quebranto

La Puerta Del Quebranto

Status: En proceso
Genre:Demonios / Terror / Casos sin resolver
Popularitas:142
Nilai: 5
nombre de autor: Gil Carcamo

Sinopsis

Hay dolores que sanan con el tiempo.

Y hay otros que abren puertas.

En el Japón actual, una serie de desapariciones y muertes inexplicables tiene un inquietante punto en común: todas las víctimas atravesaban un profundo sufrimiento antes de que el horror comenzara.

Cuando una joven, devastada por una ruptura amorosa, empieza a experimentar sucesos imposibles, el investigador Gabriel Salazar descubre que una antigua entidad demoníaca intenta apoderarse de su cuerpo. Pero salvarla no será suficiente. Detrás de esa posesión se oculta un plan mucho más oscuro, capaz de cambiar para siempre el mundo de los vivos.

Porque los demonios no derriban puertas...

Esperan a que alguien las abra.

NovelToon tiene autorización de Gil Carcamo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

El custodio del Umbral

"La primera memoria ha despertado."

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Luego, el túnel volvió a quedar en silencio.

La grieta con forma de sonrisa desapareció lentamente de la puerta de piedra.

El símbolo dejó de latir.

Pero Gabriel comprendió algo inquietante.

La puerta no se había calmado.

Estaba esperando.

Mantuvo la vista fija sobre la enorme roca mientras guardaba la antigua llave de hierro en el bolsillo interior de su abrigo.

Su instinto le decía que aquel objeto no debía tocar la puerta todavía.

No sin entender antes qué representaba.

Valeria respiró hondo.

La presión en su cabeza comenzaba a disminuir.

Sin embargo, una sensación permanecía.

Era extraña.

Como si una parte de ella hubiera quedado al otro lado de la piedra.

—Gabriel...

Él no apartó la vista.

—¿Sí?

—Siento que alguien... me recuerda.

Aquellas palabras hicieron que el investigador sintiera un escalofrío.

No dijo nada.

Porque era exactamente la frase escrita en uno de los márgenes del Expediente 1908.

"Cuando el Umbral recuerda tu nombre, deja de perseguirte..."

La segunda mitad de la frase había sido arrancada.

Nunca supo cómo terminaba.

Un sonido metálico rompió el silencio.

No provenía de la puerta.

Venía detrás de ellos.

Gabriel giró lentamente.

El hombre del paraguas negro había regresado.

Esta vez estaba mucho más cerca.

Apenas a unos diez metros.

Continuaba sosteniendo el paraguas abierto.

Su traje negro parecía intacto, como si el polvo y la humedad del túnel no pudieran tocarlo.

Por primera vez, Gabriel decidió hablar.

—¿Quién eres?

El hombre no respondió de inmediato.

Observó la puerta.

Luego la llave que sobresalía apenas del bolsillo de Gabriel.

Y finalmente dijo:

—Llegaste antes que ella.

Gabriel frunció el ceño.

—¿Quién?

El desconocido levantó la vista hacia la puerta.

—La que duerme.

Valeria sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Quién duerme ahí?

El hombre guardó silencio unos segundos.

Cuando volvió a hablar, su voz sonó más triste que nunca.

—No hagan preguntas cuya respuesta todavía pueda oírlos.

Gabriel dio un paso adelante.

—Necesito respuestas.

—No.

Necesitas tiempo.

Y ustedes ya casi no tienen.

Aquellas palabras quedaron flotando entre los tres.

Gabriel observó cada gesto del desconocido.

No encontraba odio en él.

Ni maldad.

Solo un agotamiento inmenso.

Como el de alguien que llevaba demasiados años cargando el mismo peso.

Entonces recordó una palabra.

La última que aquel hombre había pronunciado antes de desaparecer.

"Último."

—¿Qué quisiste decir con eso?

El hombre cerró lentamente los ojos.

—Soy el último.

Gabriel permaneció inmóvil.

—¿El último qué?

El desconocido tardó tanto en responder que el silencio volvió a llenar el túnel.

Cuando abrió los ojos, parecía haber tomado una decisión.

—El último Custodio del Umbral.

Valeria intercambió una mirada con Gabriel.

Era la primera vez que escuchaban ese nombre.

No aparecía en el Expediente 1908.

No estaba en los Cuadernos de Kage no Miya.

Ni siquiera Hayato Mori lo había mencionado.

Gabriel comprendió que acababan de encontrar una pieza completamente nueva del rompecabezas.

—¿Qué es un Custodio?

El hombre no respondió.

En lugar de eso, levantó lentamente una mano y señaló el techo del túnel.

Gabriel siguió la dirección de su dedo.

Al principio no vio nada.

Después distinguió unas marcas profundas sobre el concreto.

Eran surcos.

Miles de ellos.

Como si algo enorme hubiera intentado salir desde abajo, arañando la piedra durante siglos.

Valeria sintió que el estómago se le encogía.

—Eso... no estaba ahí.

—Siempre estuvo —respondió el Custodio—.

Ustedes son quienes apenas empiezan a verlo.

Un golpe sordo hizo vibrar el túnel.

Luego otro.

Y otro más.

No eran latidos.

Eran impactos.

Algo golpeaba la puerta desde el otro lado.

Con paciencia.

Sin prisa.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

El Custodio cerró el paraguas por primera vez.

El sonido del mecanismo resonó como un disparo en el silencio.

Su expresión cambió.

Por primera vez mostró miedo.

Un miedo auténtico.

—Debemos irnos.

Gabriel no se movió.

—No hasta que me expliques qué hay detrás de esa puerta.

El hombre lo miró fijamente.

Y pronunció una frase que hizo que incluso el aire pareciera detenerse.

—Te equivocas, Gabriel Salazar.

No debes preguntarte qué hay detrás de la puerta...

Debes preguntarte...

...qué fue lo que logró salir de ella antes de que ustedes llegaran.

Un estruendo sacudió el túnel.

La puerta permanecía cerrada.

Pero una sombra cruzó fugazmente detrás de Gabriel y Valeria.

No tenía forma definida.

No hizo ningún sonido.

Solo pasó entre ellos.

Como una corriente de aire helado.

Gabriel giró de inmediato.

No había nadie.

Cuando volvió a mirar al Custodio...

Había desaparecido.

En el suelo, donde había estado de pie, solo quedó un pequeño objeto.

No era otra llave.

Era un antiguo reloj de bolsillo detenido para siempre.

Las agujas marcaban exactamente la misma hora que Valeria había visto en su visión.

2:17.

Y, por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, Gabriel comprendió que el tiempo también formaba parte del misterio.

Porque en aquella historia...

Las puertas no solo se abrían en lugares.

También podían abrirse en momentos.

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