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En Esta Vida No Te Amaré

En Esta Vida No Te Amaré

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Timetravel / Viaje En El Tiempo / Omegaverse / ABO / Reencarnación / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: biely

Murió amando a quien nunca lo amó.

Noar Wil, el joven omega más brillante del Reino de Solaria, lo apostó todo por un amor que resultó ser una trampa cuidadosamente tejida por las manos del hombre al que idolatraba. Años de humillación, traición y dolor terminaron en el silencio de un cuarto vacío — su corazón demasiado roto para seguir latiendo.

Pero entonces algo imposible ocurre.

Noar despierta diez años atrás, con todos sus recuerdos intactos, en la noche en que su historia con Léo estaba a punto de comenzar. Esta vez, sin embargo, conoce el precio de ese amor.

Esta vez, elige diferente.

En lugar de seguir los pasos que lo llevaron a la destrucción, acepta el compromiso que siempre rechazó: casarse con Maximiliano Ferom, el temido Archiduque del Extremo Norte. Un hombre de hierro y silencio, cuyas feromonas huelen a nieve pura y cuyas palabras pesan como sentencias. Un hombre que, desde el primer momento en que sostiene a Noar en sus brazos, hace una promesa que no tiene intención de romper.

Estás a salvo. Y nadie te hará daño mientras estés conmigo.

Lo que Noar esperaba era solo un matrimonio de conveniencia — posición, protección, distancia del pasado. Lo que no esperaba era que ese hombre frío pudiera derretirse tan despacio, tan profundamente, tan irrevocablemente.

Y no esperaba que su propio corazón, tan convencido de que nunca más amería, fuera precisamente el primero en traicionarlo.

NovelToon tiene autorización de biely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las reglas

El cuarto destinado a huéspedes de alta nobleza quedaba en el ala este del Palacio Wil.

Era amplio y silencioso, con cortinas pesadas y una chimenea apagada. Max entró sin pedir permiso, ignorando las miradas tensas de los criados que abrían paso a toda prisa. Noar seguía inconsciente en sus brazos — demasiado liviano, demasiado cálido bajo el manto negro.

Max cerró la puerta con el pie.

— Salgan — ordenó, sin rodeos. — Todos.

Ningún criado se atrevió a cuestionar. En segundos, el cuarto quedó sumido en un silencio absoluto.

Caminó hasta la cama y, con una delicadeza sorprendente para alguien de su estatura, recostó a Noar sobre las sábanas. Retiró apenas lo suficiente del manto para verificar su respiración. El rostro del omega estaba pálido; las pestañas largas temblaban levemente, como si todavía estuviera atrapado entre el sueño y la pesadilla.

Max frunció el ceño.

— Feromonas forzadas… — murmuró, en voz baja. — Imprudente. Cruel.

Acomodó la almohada, apoyando mejor la cabeza de Noar, y volvió a cubrirlo por completo. El olor a nieve permaneció en el cuarto, firme y estable, creando una barrera natural contra cualquier otro aroma.

Se alejó apenas dos pasos.

No más.

Cuando Noar se movió, dejando escapar un suspiro débil, Max regresó de inmediato, apoyando la mano en el borde de la cama.

— Despierta despacio — dijo, la voz grave, pero controlada. — Estás a salvo.

Los ojos claros de Noar se abrieron lentamente.

Por un instante, hubo confusión. Después, reconocimiento. Y luego… miedo contenido.

Max lo notó.

Siempre lo notaba.

— No te levantes — continuó, antes de que el otro lo intentara. — Tu cuerpo entró en shock. Los movimientos bruscos pueden empeorar las cosas.

Noar tragó saliva, la voz casi un hilo:

— …¿Dónde estoy?

— En el Palacio Wil. En un cuarto protegido — respondió Max, tras una breve pausa. — Conmigo.

Silencio.

Noar respiraba con cuidado, como si pusiera a prueba el aire. Cuando notó que el olor sofocante había desaparecido, sus hombros se relajaron mínimamente.

Max enderezó la postura.

— Ahora, escucha con atención — dijo. — Voy a establecer algunas reglas. No son peticiones.

Los ojos de Noar se abrieron un poco, pero asintió.

— Primera regla: nadie entra a este cuarto sin mi autorización. Ni criados. Ni nobles. Ni alfas curiosos.

— …Está bien — susurró Noar.

— Segunda: no estarás solo en eventos públicos mientras yo esté en Solaria. Si hay otro alfa presente, yo estaré al alcance.

El corazón de Noar se apretó — no de miedo, sino de algo inesperado.

Protección.

— Tercera — continuó Max —: cualquier persona que libere feromonas cerca de ti sin consentimiento será considerada una amenaza directa. Y yo me encargaré de eso personalmente.

Había hielo en esa frase.

Noar cerró los dedos sobre las sábanas.

— Yo… no soy débil — dijo, en voz baja, como si necesitara afirmarlo.

Max lo miró por un largo momento.

— Lo sé — respondió. — Los débiles no sobreviven a lo que tú has sobrevivido.

Las palabras golpearon a Noar con fuerza. Se le llenaron los ojos de lágrimas, pero giró el rostro intentando ocultarlo.

Max no lo obligó a mirarlo.

— Por último — dijo, con voz más baja —: mientras este compromiso exista, estás bajo mi protección. No como posesión. Como responsabilidad.

Se giró hacia la puerta.

— Descansa. — Se detuvo un segundo. — Volveré antes de que te despiertes de nuevo.

La mano de Noar se movió por reflejo, sujetando la punta del manto de Max por un instante.

Un pedido silencioso.

Max se detuvo.

No apartó la mano del omega.

— No me voy — dijo apenas. — Prometí seguridad. Y cumplo lo que prometo.

Se soltó despacio y salió del cuarto, cerrando la puerta con un cuidado inusual en alguien conocido como el Invierno Vivo del Norte.

En el pasillo, Max se dirigió al salón principal del palacio del duque Wil. El ambiente estaba invadido por pisadas pesadas y voces alteradas.

— ¿Cómo se atrevieron a atacar a mi hijo con feromonas?! — gritó el duque Wil, liberando feromonas feroces, cargadas de rabia.

Muchos de los presentes tuvieron dificultad hasta para mantenerse en pie.

El padre omega de Noar sostenía una espada negra, listo para matar a alguien, mientras Nero lo sujetaba con fuerza, impidiéndole avanzar.

— ¡Papá, cálmate! — dijo Nero, con esfuerzo. — ¡Noar está bien ahora. El Archiduque está cuidando de él!

— ¡Tú! — el padre omega se giró hacia Nero y le dio golpes en el brazo. — ¡Te dije que cuidaras a tu hermano y no lo dejaras solo!

— ¡Ay, ay, ay! ¡Papá, para! ¡Perdón! — se quejó Nero, más por el susto que por el dolor.

El duque respiró hondo y se volvió hacia sus guardias personales.

— ¿Qué dijo la familia del conde sobre este "accidente"?

— Alegan que no hubo intención por parte del joven señor Léo — respondió un guardia. — El médico afirma que fue drogado con una sustancia prohibida que induce el ciclo de celo de un alfa.

— Prepararon regalos como pedido de perdón — completó otro.

— Prohíban que se acerque a Noar — dijo Max, con voz grave, entrando al salón.

— Exactamente — añadió el padre omega, furioso. — ¡Prohíban la entrada de toda la familia Liz a este ducado!

— ¡Sí, señor! — respondieron los guardias, retirándose.

El padre omega corrió hacia Max, angustiado.

— Archiduque… ¿cómo está mi hijo?

Max observó a esa familia. Por primera vez, vio con claridad que los rumores eran ciertos: amaban a Noar profundamente, lo mimaban, lo protegían con uñas y dientes.

— Noar está bien — respondió Max, con su semblante severo. — Solo asustado.

— Qué alivio… — suspiró el padre omega. — Voy a prepararle una papilla ligera de frutos rojos. Con permiso.

Y salió apresurado, ignorando cualquier protocolo. Para él, nada importaba más que su hijo.

El duque suspiró. Su esposo siempre había sido así.

— Gracias por cuidar y proteger a Noar — le dijo el duque a Max.

Max sostuvo su mirada, firme.

— No tiene que agradecer — respondió. — Noar es mi futuro esposo. Es mi deber protegerlo.

Y en ese instante quedó claro para todos:

El Extremo Norte no había venido solo a buscar a una prometida.

Había venido a reclamar su protección.

1
Blanca Ramirez
excelente historia
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