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Escuchada Por El Tirano

Escuchada Por El Tirano

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Mundo de fantasía
Popularitas:18.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Juna C

Anna despierta en el cuerpo de Adalia Mordrith, una noble comprometida con el hermano menor del emperador tirano.
En la historia original, Adalia estaba destinada a morir traicionada y ejecutada por su propio esposo, manipulado por su ambiciosa concubina.

Decidida a cambiar su destino, Anna solo quiere una cosa: romper el compromiso y escapar antes de que la tragedia vuelva a alcanzarla.
Pero el imperio no es tan fácil de burlar.
El emperador Azrael Thorne es frío, implacable y temido por todos. Un hombre cuya sola mirada puede condenar a cualquiera. Exactamente el tipo de persona al que Adalia debería evitar.
Y, sin embargo, por una razón que nadie puede explicar… él puede escuchar sus pensamientos.

En un imperio donde una sola palabra del emperador decide la vida o la muerte,
él escucha lo que nadie más puede oír.

Cuando ella entra a su vida, no imagina que su mente es un libro abierto para el tirano más temido del imperio.

NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Después de recorrer la mansión y absorber cada rincón como si estuviera trazando un mapa mental, Adalia regresó a su habitación.

Se sentó frente al tocador.

Dos días.

Dos días analizando, observando, escuchando.

Y ahora… era momento de aparecer.

A la mañana siguiente decidió bajar a desayunar.

El comedor era amplio, con una mesa larga de madera oscura pulida hasta el brillo. La luz entraba por los ventanales, iluminando la escena como si fuera un teatro.

Y ellos ya estaban allí.

Silas ocupaba la cabecera con una postura inflada, como si el título le perteneciera por derecho divino. A su derecha, Beatrix bebía té con exagerada delicadeza. A la izquierda, Casper jugueteaba con los cubiertos mientras la observaba sin pudor.

Adalia sintió un leve asco.

Pero no lo mostró.

Entró con paso tranquilo y tomó asiento en una silla lo suficientemente lejos como para marcar distancia… pero no sumisión.

Beatrix fue la primera en romper el silencio.

—Vaya, la señorita decidió salir de su encierro. Pensé que habías olvidado cómo se comporta una dama decente.

Silas levantó la vista apenas.

—Así es como actúa mi estúpida sobrina después de pasar días encerrada. ¿Has olvidado los modales?

Casper rió por lo bajo.

—Siempre fue una tonta.

Adalia sonrió.

Una sonrisa suave.

Ensayada.

—Tienen razón… —dijo con voz dócil—. Se me pasó.

El silencio se tensó.

Luego giró el rostro hacia Silas, como si recién recordara algo.

—Tío, escuché que estuviste fuera varios días.

Silas alzó una ceja.

—¿Y?

Adalia inclinó la cabeza ligeramente.

—Oh, nada en particular… Solo curiosidad. ¿Estaban juntos tú y Casper? ¿Negocios, quizá?

Fingía interés.

Casper sonrió con burla.

—Claro. Tenemos tantos asuntos que atender que apenas dormimos. Incluso por las noches estamos ocupados.

Beatrix soltó una risita.

Silas la miró con frialdad.

—Esos asuntos no son para que una mujer los entienda. Deja de hacer preguntas inútiles.

Adalia bajó la mirada como si aceptara el regaño.

—Por supuesto, tío.

Silas continuó, afilado:

—En lugar de entrometerte, deberías preocuparte por visitar al príncipe Godric. A este paso se aburrirá de ti. Nadie quiere una prometida inútil.

Casper añadió:

—Si es que alguna vez deja de serlo.

Adalia sintió cómo algo ardía en su interior.

No era vergüenza.

Era paciencia.

Porque aún no era el momento.

Alzó el rostro lentamente.

Y volvió a sonreír.

—Haré lo posible por no decepcionar a nadie —respondió con dulzura.

Luego añadió, con una suavidad tan perfecta que pasó desapercibida:

—Después de todo, no todos nacimos con talento para administrar… algunos solo saben gastar.

Silas frunció el ceño, pero no captó el golpe.

Beatrix tomó un sorbo de té.

Casper rodó los ojos.

Adalia se levantó.

—He terminado. Que tengan un día… tan productivo como siempre.

Salió del comedor sin esperar respuesta.

En el pasillo, su expresión cambió.

Ya no había sumisión.

Solo cálculo.

Se giró hacia una de las empleadas.

—Dile al cochero que prepare el carruaje. Iré al pueblo.

La sirvienta la miró sorprendida.

—¿Al pueblo, señorita?

Adalia acomodó uno de los pliegues de su vestido.

—Necesito nuevos vestidos.

Miró hacia el comedor con una sonrisa apenas visible.

—Estoy cansada de estos… insípidos.

Pero no era solo por moda.

Necesitaba moverse.

Hablar con comerciantes.

Observar el estado real del pueblo.

Ver si el dinero realmente estaba llegando.

Y quizás…

Escuchar rumores sobre cierta “mercancía”.

El carruaje avanzaba con un traqueteo constante por el camino de piedra que conectaba la mansión con el pueblo principal del marquesado.

Adalia observaba por la ventanilla.

Los campos se extendían amplios y fértiles… pero no tan vivos como deberían.

Había zonas descuidadas.

Graneros con techos dañados.

Trabajadores que levantaban la mirada al escuchar el carruaje pasar.

No había alegría.

Había resignación.

La cortina se movió suavemente cuando una de las sirvientas que la acompañaba habló con cautela.

—Señorita… ¿desea que primero vayamos a la casa de modas de la señora Rina?

Adalia no respondió de inmediato.

—No. Primero iremos al mercado central.

La sirvienta dudó.

—Pero… ese no es un lugar apropiado para usted.

Adalia giró el rostro lentamente.

—¿Desde cuándo necesito permiso para caminar en mis propias tierras?

La joven bajó la mirada.

—Perdón, señorita.

Adalia volvió a mirar por la ventana.

Propias tierras.

Y, sin embargo, no sabía nada de ellas.

Adalia descendió con elegancia calculada. Su vestido actual, sencillo pero bien entallado, contrastaba con la seguridad nueva que emanaba de ella.

Entró primero en una tienda de telas.

—Buenos días, señorita —saludó el comerciante con una inclinación nerviosa.

Interesante. Nerviosa.

—Buenos días —respondió ella con una sonrisa delicada—. He escuchado que han llegado nuevas remesas al pueblo últimamente.

El hombre titubeó apenas un segundo.

—Sí… algunas caravanas han pasado.

—¿De buena calidad?

—Eso… depende del comprador.

Adalia sostuvo su mirada unos segundos más de lo necesario.

Sonrió.

—Entiendo.

No presionó. Aún no.

Siguió recorriendo el pueblo, entrando en panaderías, mercerías, una pequeña botica. Siempre amable. Siempre atenta. Siempre escuchando más de lo que hablaba.

Había tensión.

Pero nadie decía nada concreto.

Después de casi una hora, una boutique llamó su atención. El escaparate era sobrio, elegante. Nada de tonos empalagosos.

Entró.

La campanilla anunció su presencia.

La vendedora, una mujer de postura recta y mirada inteligente, se inclinó ligeramente.

—Bienvenida. ¿En qué puedo asistirla?

Adalia recorrió los vestidos expuestos. Rosas, celestes, crema.

Demasiado suaves.

—Busco algo distinto —dijo con calma—. No tengo inclinación por los tonos pasteles.

La mujer alzó una ceja.

—¿Qué colores prefiere, señorita?

Adalia la miró directamente.

—Granate. Carmesí profundo. Colores oscuros, saturados. Elegantes.

La vendedora sonrió apenas.

—Ah. Entonces está buscando presencia.

Adalia no respondió, pero la comisura de sus labios se curvó levemente.

La llevaron a una sala interior.

Y allí estaban.

Vestidos en seda granate con sobrefaldas negras. Corsés estructurados. Detalles en encaje oscuro. Faldas amplias con caída pesada y refinada.

Adalia rozó la tela de uno de ellos.

—Este.

La ayudaron a probárselo.

Cuando salió del biombo, incluso la vendedora guardó silencio un segundo.

El corsé negro delineaba su figura. El granate profundo contrastaba con su piel clara y su cabello dorado. Las capas oscuras añadían dramatismo.

No era una niña ingenua.

Era la heredera de un marquesado.

—Le queda… imponente —murmuró la vendedora.

Adalia se miró al espejo.

No sonrió.

—Me lo llevo.

—¿Solo ese?

Adalia negó.

—Ese. El de caída asimétrica. El de cuello alto en carmesí oscuro. Y el de sobrefalda negra con detalles en encaje.

La mujer abrió los ojos con sorpresa apenas contenida.

—Por supuesto.

—Y guantes largos. Negros.

—Sí, señorita.

Pagó sin regatear.

Mientras empaquetaban las prendas, Adalia preguntó con ligereza:

—He notado más movimiento en los caminos últimamente.

La vendedora mantuvo el tono profesional.

—El comercio nunca se detiene, señorita.

Respuesta correcta. Cuidadosa.

Adalia asintió.

No insistió.

Cuando salió de la boutique con varias cajas cuidadosamente organizadas en el carruaje, su expresión cambió apenas.

No había obtenido información concreta.

Pero sí algo más importante.

El pueblo estaba contenido.

Como si todos supieran algo… y nadie quisiera decirlo.

Se acomodó en el asiento del carruaje.

Hoy no presionaría más.

Hoy observaría.

Y cuando regresara a la mansión…

Vigilaría a su tío.

Porque la carta hablaba de una llegada próxima.

Y si esa mercancía estaba por arribar, Silas se movería.

Y cuando lo hiciera…

Ella estaría mirando.

1
Mitsuki G
Por lo menos vio antes que se los llevarán para darle la información al emperador como también evitar que lo logren debe de apurarse
May R
cuando vas a subir los demas capítulos 😭
Nacho Cardozo
osea puro trinquetes 😡😡
karla yustiz garcia
epaaa y q paso 🤔 con más capitulos
Blanca Ramirez
excelente historia
Nacho Cardozo
😍😍😍coqueteando 🤣🤣😍😍
Mitsuki G
Ya está en esa fiesta de té que se nota las chicas vacías pero por lo menos ya vio algo interesante como esas palabras me preguntó si podrá sacar más información
Diana Carolina Moran Abad
🤗🤗🤗
Nini Johana Mendoza Olarte
un paso a la vez pero firme
Johann
👏👏👏👏👏❤️❤️❤️❤️
Johann
👏👏👏👏👏
DAISY VARGAS
espectacular capítulos 😉🙏
Mitsuki G
Su primera misión a ver como saca la información sin exponerse solo con presencia y natural así no pensaran de más
Mitsuki G
O que sirvientes tan metiches por eso está así sospecha de Adalia espero que con eso salga de la sospecha y pueda reunir las pruebas
Mitsuki G
Ya sabe todo y ahora será su aliada para acabar con todas esas ratas y tendrá que estar atenta en todo y cuidarse de ese abusador
Mitsuki G
Ahora sí Azrael ya sabe por qué estaba en esa caverna como también quiere hacer una rebelión para matarlo a ver cuál será su plan para acabar con ese hermano ambicioso como los demás nobles
karla yustiz garcia
me perro se llama Azrael 🤔
Atenea
Seguro es el príncipe🤬🤬🤬🤬
Atenea
sería interesante, únete al emperador y destruye los planes del principe de pacotilla y vez como cae
Atenea
hay porque no pensó en lo que sospecha debería haber pensado o preguntado sobre sus sospechas, perdió una buena oportunidad
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