Novela+18
La graduación debía ser el inicio de una nueva etapa.
Para despedirse antes de tomar caminos distintos, Rei y sus amigos viajan a una cabaña aislada en medio de un bosque. Pero una violenta tormenta de nieve los deja atrapados, incomunicados y lejos de cualquier ayuda.
Rei, un joven que ha aprendido a vivir con la ceguera de su ojo derecho, pronto comienza a notar que algo no encaja en aquel lugar.
Extraños sucesos se acumulan, la tensión crece y la desconfianza empieza a dividir al grupo.
El miedo se apodera de la cabaña.
Y lo que comenzó como un viaje entre amigos pronto se transformará en una pesadilla de la que tal vez no todos regresen con vida.
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CAPÍTULO 16 — LA NOCHE
La noche había caído por completo sobre la montaña.
La tormenta seguía rugiendo afuera, golpeando las paredes de la cabaña con ráfagas de viento que hacían vibrar los ventanales. La nieve se acumulaba cada vez más alrededor de la casa, enterrando lentamente los caminos y convirtiendo el bosque en un mar blanco y oscuro.
Al principio habían acordado dormir todos juntos en la sala.
Nadie quería quedarse solo después de lo ocurrido con Akira.
Sin embargo, conforme pasaron las horas, el cansancio terminó imponiéndose. La tensión constante, el miedo y la falta de respuestas habían agotado a todos.
Finalmente decidieron que cada uno regresaría a su habitación.
O, al menos, casi cada uno.
En la habitación de Aoi, la joven permanecía sentada sobre la cama mientras observaba la nieve caer tras la ventana.
Su rostro seguía pálido.
Los ojos hinchados por tanto llorar.
La imagen de Akira no dejaba de aparecer en su mente.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo.
Entonces sintió unos brazos rodeándola por la cintura.
Haru.
El apoyó el mentón sobre su hombro.
—No pienses en eso —murmuró.
Aoi cerró los ojos.
—Estoy intentando no hacerlo.
Haru giró suavemente su rostro hacia él.
Por un instante pareció buscar refugio en la normalidad.
En algo que les recordara que seguían vivos.
Que todavía podían sentirse como antes.
Se inclinó y comenzó a besarla.
Al principio fue suave.
Labios cálidos rozando los de ella, como si pidiera permiso.
Aoi cerró los ojos y respondió.
El beso se profundizó poco a poco. La l*ngua de Haru se deslizó entre sus labios, explorando con lentitud, saboreándola. Aoi soltó un pequeño suspiro dentro de su boca, permitiendo que él la tomara con más intensidad. Haru inclinó la cabeza y la besó con hambre, succionando su labio inferior, mordiéndolo con suavidad.
El calor entre ambos creció rápido. Haru bajó la boca hasta el cuello de Aoi, dejando un rastro de besos húmedos y lentos. Lamió la piel sensible justo debajo de su oreja y la mordió con suavidad, provocando un leve temblor en el cuerpo de ella.
Su mano, mientras tanto, se deslizó por debajo de la blusa de Aoi. Los dedos cálidos subieron por su costado, rozando la piel suave, hasta encontrar el borde inferior de su sujetador. Haru apretó suavemente el p*cho de Aoi por encima de la tela, amasándolo con lentitud, mientras su pulgar rozaba el p*zón que ya empezaba a endurecerse.
Aoi soltó un gemido suave contra la boca de Haru. Por unos segundos se dejó llevar. Su cuerpo respondía, su respiración se aceleraba… pero de pronto la imagen de Akira cruzó su mente: el cuchillo, la sangre, aquellos ojos abiertos. El pl*cer se apagó de golpe, reemplazado por una oleada de angustia.
Se tensó.
—Haru… —susurró, tomando su muñeca con firmeza y apartándola de su pecho.
Él no se detuvo del todo. Siguió besando su cuello, la voz ronca y baja, casi suplicante:
—Solo un poco… por favor. Te necesito…
—Haru. Ahora no.
Aoi lo apartó con más fuerza.
Haru levantó la mirada, el ceño fruncido, la frustración evidente en su rostro. Su respiración seguía agitada y se notaba claramente la dureza de su miembro contra el muslo de Aoi.
Haru con el ceño fruncido.
—¿Por qué?
—Porque no es momento para eso.
El silencio cayó entre ambos.
Haru apartó la mirada.
La frustración apareció claramente en su rostro.
—Aoi... eres mi novia.
Ella lo miró, cansada y confundida.
—¿Y eso qué tiene que ver?
Su pecho aún subía y bajaba rápido, los labios hinchados por el beso, pero sus ojos estaban llenos de miedo y agotamiento.
—Los novios hacen este tipo de cosas. —dijo casi molesto—. Necesito sentirte… necesito olvidar aunque sea un momento.
La expresión de Aoi se endureció.
—No quiero discutir.
Su voz sonó cansada.
Muy cansada.
—Estoy agotada, Haru.
—...
—Quiero dormir.
Durante varios segundos reinó el silencio.
Haru apartó la mirada, claramente frustrado, la mandíbula tensa.
Entonces Aoi se acercó de nuevo.
Sin ninguna intención sexu*l.
Lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en su pecho.
Como si necesitara comprobar que seguía allí.
Que seguía vivo.
—Tengo mucho miedo —susurró.
Su voz se quebró ligeramente.
—Abrázame... por favor. Vamos a dormir.
La molestia de Haru desapareció al instante.
Observó el temblor de sus hombros, el miedo genuino en sus ojos, y la rodeó con ambos brazos. Sin decir una sola palabra. Poco después ambos permanecían acostados bajo las mantas, escuchando el viento aullar afuera, intentando dormir… aunque el cuerpo de Haru seguía tenso y excitado, y el de Aoi seguía temblando de miedo.
......................
En otra parte de la cabaña, Yoru terminaba de revisar su habitación.
Por tercera vez.
La puerta.
La ventana.
La cerradura.
Todo.
No confiaba en nada.
Ni siquiera en las propias paredes de la casa.
Tomó una silla de madera y la colocó bajo la manija.
Luego arrastró una pequeña mesa.
Solo entonces pareció quedar conforme.
Se quitó los lentes.
Los dejó sobre el buró.
Y se sentó en el borde de la cama.
El silencio era extraño.
Demasiado extraño.
Aquella mañana habían llegado cinco personas.
Ahora eran cuatro.
Y una de ellas estaba muerta.
Yoru apretó los puños.
La imagen de Akira apareció nuevamente en su mente.
Aquello no había sido un accidente.
Había sido un asesinato.
Y el asesino seguía cerca.
Muy cerca.
Quizás observándolos incluso ahora.
—Maldita sea... —murmuró.
Sintió auténtica impotencia.
Y eso le desagradaba profundamente.
......................
Mientras tanto, en otra habitación del segundo piso, Rei permanecía de pie frente a la ventana.
No podía dormir.
Por más que lo intentara.
El miedo no se lo permitía.
Observó el exterior.
Los reflectores de la cabaña iluminaban parte del terreno cubierto de nieve.
Más allá...
Solo oscuridad.
Árboles.
Sombras.
Nada más.
O eso intentó convencerse.
Porque durante un segundo creyó ver algo.
Algo moviéndose entre los árboles.
Una figura.
Negra.
Alta.
Inmóvil.
Rei sintió que la sangre abandonaba su rostro.
Parpadeó.
Volvió a mirar.
No había nada.
Solo nieve cayendo.
Nada más.
Pero el escalofrío permaneció.
Un escalofrío profundo.
Instintivo.
Como si algo dentro de él estuviera gritando que se alejara de aquella ventana.
Rei retrocedió rápidamente.
Corrió hasta las cortinas.
Y las cerró de golpe.
El sonido de la tela deslizándose por el riel resonó en toda la habitación.
Su respiración estaba acelerada.
—No hay nadie... —se dijo a sí mismo.
Intentando convencerse.
—No hay nadie.
Pero ni siquiera él creyó sus propias palabras.
Porque por alguna razón...
Tenía la horrible sensación de que algo seguía observando la cabaña desde la oscuridad del bosque.
Esperando.
Pacientemente.
A que alguno de ellos cometiera un error.