Si alguien me hubiera dicho que la persona que más iba a marcar mi vida comenzaría siendo solo un amigo, jamás lo habría creído.
NovelToon tiene autorización de Yuri.T para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lo que vuelve sin avisar.
Después de nuestro reencuentro, las cosas comenzaron a fluir de una manera que ninguno de los dos parecía planear.
No había promesas.
No había conversaciones profundas sobre el pasado.
Ni siquiera hablábamos de todo el tiempo que habíamos estado lejos.
Simplemente comenzamos a coincidir otra vez.
Y poco a poco, sin darnos cuenta, volvimos a formar parte de la rutina del otro.
Algunas tardes aparecía por la casa.
Otras veces era yo quien terminaba encontrándomelo por casualidad.
Y aunque intentaba actuar con normalidad, cada vez que lo veía sentía una pequeña alegría que no podía ocultar.
Era extraño.
Porque durante mucho tiempo pensé que aquella etapa de mi vida había terminado.
Sin embargo, allí estaba otra vez.
Sentada frente a él.
Escuchándolo hablar.
Riendo por cualquier tontería.
Como si los años no hubieran pasado.
Una tarde llegó a la casa cuando el sol comenzaba a bajar.
Yo estaba afuera cuando lo vi acercarse.
—¿Y ahora qué haces por aquí? —le pregunté sonriendo.
—¿Ya no puedo venir?
—No dije eso.
—Menos mal.
Me reí.
Y él también.
Por un momento sentí algo familiar.
Algo que había extrañado más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Nos sentamos a conversar.
Nada importante.
Nada que cambiara el mundo.
Solo esas conversaciones simples que terminan siendo las que más se recuerdan.
Hablamos de personas que conocíamos.
De cosas que habían pasado durante el tiempo que dejamos de frecuentarnos.
De anécdotas tontas.
De recuerdos que aparecían sin que nadie los buscara.
Y aunque todo parecía normal, yo seguía notando algo.
Keiler ya no era el mismo.
No estaba distante.
Pero tampoco era aquel muchacho que antes encontraba cualquier excusa para buscarme.
Ahora parecía más tranquilo.
Más reservado.
Como si hubiera aprendido a guardar ciertas cosas para sí mismo.
A veces me sorprendía observándolo.
Intentando descubrir qué era exactamente lo que había cambiado.
Pero nunca encontraba una respuesta clara.
Una noche nos quedamos hablando más tiempo de lo habitual.
La conversación iba de un tema a otro sin esfuerzo.
Como ocurría antes.
Como si la confianza nunca hubiera desaparecido.
—Hace tiempo que no hablábamos así —comenté.
—Sí.
—Lo extrañaba.
Él guardó silencio unos segundos.
Luego sonrió levemente.
—Yo también.
Aquellas palabras fueron simples.
Pero lograron quedarse conmigo durante varios días.
Porque había algo sincero en ellas.
Algo que me hizo sentir que tal vez yo no era la única que había extrañado aquellos momentos.
Con el paso de las semanas, volvió a ser normal verlo aparecer.
Volvió a ser normal compartir tiempo con él.
Volvió a ser normal esperar encontrarlo.
Y aunque ninguno hablaba de sentimientos, había una comodidad que seguía existiendo entre nosotros.
Una confianza que nunca terminó de romperse.
A veces me preguntaba qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.
Si algunas decisiones no se hubieran tomado.
Si algunas distancias nunca hubieran existido.
Pero esas preguntas siempre terminaban perdiéndose en mi cabeza.
Porque la realidad era otra.
La realidad era que Keiler estaba allí.
Sentado frente a mí.
Hablando conmigo otra vez.
Y eso parecía suficiente.
O al menos eso creía.
Lo que no sabía era que mientras yo comenzaba a sentirme feliz por haber recuperado su compañía, había detalles que estaban pasando frente a mis ojos y que todavía no lograba ver.
Pequeñas señales.
Pequeños silencios.
Pequeños cambios.
Cosas que en ese momento parecían insignificantes.
Pero que más adelante cobrarían sentido.
Porque a veces la verdad no llega de golpe.
A veces aparece poco a poco.
Escondida entre detalles que decidimos ignorar.
Y sin saberlo, yo estaba cada vez más cerca de descubrir una de esas verdades.