Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos
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Capítulo 4: El mensaje inesperado
Santiago se duchó, se cambió de ropa y salió del hotel rumbo al aeropuerto. Esa misma noche tenía una presentación en otra ciudad y debía continuar con la gira.
Mientras caminaba hacia la camioneta que lo esperaba, no podía dejar de pensar en Darly.
Era extraño.
Había conocido a muchas mujeres a lo largo de su carrera, pero ninguna había logrado quedarse tanto tiempo en su mente como ella.
Subió al vehículo y se acomodó en el asiento trasero.
Carlos, su representante y mejor amigo desde hacía años, iba revisando algunas fechas en una tableta.
—Carlos, ¿te diste cuenta a qué hora se fue la amiga de la novia de Cristian? —preguntó Santiago intentando sonar indiferente.
Carlos levantó una ceja y sonrió.
—¿Darly?
—Sí.
—Se fue como a las once y media de la mañana con Mía y Andrés.
Santiago negó con la cabeza.
—Ni siquiera la vi salir.
—Pues por la cara que tienes, diría que pasaste una muy buena noche.
Santiago soltó una carcajada.
—Demasiado buena.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Que se fue sin despedirse.
—¿Y no tienes el número?
—No.
Carlos abrió los ojos sorprendido.
—¿Me estás diciendo que pasaste toda la noche con ella y ni siquiera le pediste el número?
—No alcancé.
—Eso sí es grave.
Ambos comenzaron a reír.
—¿Crees que puedas conseguirlo con Andrés o con Cristian?
—Voy a escribirle a Andrés. Creo que él es más cercano a ella.
Carlos guardó silencio unos segundos antes de hablar nuevamente.
—Pero ojo, Santiago.
—¿Qué pasó?
—Recuerda que tienes novia.
La sonrisa desapareció lentamente del rostro del cantante.
—Lo sé.
—Está bien que haya sido una noche especial, pero no olvides que una segunda vez ya implica otras cosas.
Santiago observó por la ventana.
—Solo quiero hablar con ella.
—¿Solo hablar?
—Sí.
—Ajá.
—Te lo digo en serio.
Carlos simplemente negó con la cabeza.
Conocía demasiado bien a su amigo.
Horas después viajaron a otro municipio donde Santiago tenía programada una presentación.
La noche transcurrió entre entrevistas, fotografías y cientos de fanáticos.
Pero incluso mientras cantaba frente a miles de personas, una parte de él seguía pensando en Darly.
Antes de subir al escenario, Carlos se acercó.
—Ya conseguí el número.
—¿En serio?
—Sí.
Le entregó el contacto.
Santiago sonrió.
Justo en ese momento lo llamaron para salir a cantar.
Guardó el celular.
—Le escribiré mañana.
Mientras tanto, en Bucaramanga.
Darly pasó todo el domingo durmiendo.
Cuando despertó ya era de noche.
El dolor de cabeza había desaparecido, pero los recuerdos del fin de semana seguían presentes.
Cada vez que pensaba en Santiago terminaba sonriendo sin darse cuenta.
Y eso la preocupaba.
Porque se suponía que aquello había sido algo pasajero.
Una historia de una sola noche.
Nada más.
Al menos eso era lo que intentaba repetirse.
El lunes llegó rápidamente.
Darly se levantó temprano, se duchó, desayunó junto a Mía y salió rumbo al trabajo.
Todavía no tenía la motocicleta que estaba comprando, así que tuvo que tomar el autobús como de costumbre.
Al llegar encontró a Sofía organizando algunos documentos.
—Buenos días, Sofi.
—Hola, Dar. ¿Cómo estás?
—Muy bien.
—¿Y cómo estuvo el fin de semana?
Darly sintió un pequeño escalofrío.
—Normal.
—¿Normal? Por ahí vi fotos del concierto al que fueron.
—Sí, nos invitó el novio de Mía.
—¿Y qué tal estuvo?
Darly sonrió inevitablemente.
—Fue espectacular.
Los recuerdos llegaron de inmediato.
La música.
Los bailes.
Las conversaciones.
Los ojos de Santiago.
—Uy...
Sofía soltó una risita.
—¿Y esos suspiros?
—Nada.
—¿Segura?
—Sí.
—No te creo.
Darly negó con la cabeza mientras intentaba concentrarse en su trabajo.
—Mejor dime qué tenemos programado para hoy.
Durante toda la semana estuvo ocupada.
Atendiendo pacientes.
Organizando procedimientos.
Cumpliendo horarios.
Por fortuna el trabajo era abundante.
Era una excelente profesional y muchas personas solicitaban ser atendidas por ella.
Aquello siempre le hacía sentir agradecida.
Los días pasaron rápidamente.
Y aunque intentó no pensar demasiado en Santiago, la realidad era que seguía recordándolo.
Especialmente por las noches.
El jueves por la tarde salió del trabajo completamente agotada.
Mientras esperaba transporte revisó su celular.
Tenía varias llamadas perdidas de un número desconocido.
También había un mensaje nuevo en WhatsApp.
Al abrirlo sintió que el corazón le daba un vuelco.
📱 Buenas tardes, princesa hermosa. ¿Cómo estás? Te llamé pero no me contestaste.
Darly abrió los ojos sorprendida.
La foto de perfil no dejaba dudas.
Era Santiago.
Se quedó mirando la pantalla durante varios segundos.
Finalmente respondió.
📱 Buenas noches, Santiago. Muy bien, gracias a Dios. ¿Y tú?
Guardó el celular rápidamente.
Solo recordar todo lo ocurrido aquella noche seguía provocándole vergüenza.
Mientras caminaba hacia un taxi sintió vibrar nuevamente el teléfono.
📱 Bien, princesa. Pensé que no querías hablar conmigo porque no me respondías.
Darly sonrió.
📱 No, para nada. Estaba trabajando y apenas estoy viendo el celular.
📱 ¿Apenas saliste?
📱 Sí. Hoy fue un día pesado.
Después agregó:
📱 ¿Y quién te dio mi número?
La respuesta llegó casi de inmediato.
📱 Eso es secreto.
Darly soltó una carcajada.
📱 Ya averiguaré quién fue.
📱 Quiero verte intentándolo.
Ella negó divertida.
Aquella conversación era mucho más fácil de lo que había imaginado.
📱 Además estoy enojado contigo.
📱 ¿Conmigo? ¿Por qué?
📱 Porque te fuiste sin despedirte.
Darly se mordió el labio.
📱 Estabas dormido.
📱 Igual.
📱 Me daba pena despertarte.
📱 Yo te habría llevado a tu casa.
Ella sonrió.
📱 Qué exagerado.
📱 No. Me desperté y no estabas.
📱 Dramático.
📱 Sensible.
📱 Peor todavía.
Ambos comenzaron a bromear como si se conocieran desde hacía años.
Y eso era precisamente lo que más la sorprendía.
La facilidad con la que hablaban.
La confianza que parecía surgir de forma natural.
📱 Entonces, ¿qué vas a hacer para compensarme?
📱 ¿Compensarte?
📱 Claro.
📱 ¿Y qué quieres?
📱 Cuando vuelva a Bucaramanga me debes un masaje.
Darly soltó una carcajada.
📱 Qué aprovechado.
📱 Lo tomaré como un sí.
📱 Está bien.
📱 Perfecto.
Por alguna razón ambos sonrieron al mismo tiempo frente a sus pantallas.
Sin embargo, en ese instante entró una llamada.
Isa.
La prometida de Santiago.
Al ver el nombre aparecer en la pantalla, la sonrisa desapareció lentamente.
Respondió de inmediato.
—Hola, amor.
Y durante varios minutos continuó hablando con ella.
La conversación terminó ocupando el resto de la noche.
Por eso nunca volvió a responderle a Darly.
Cuando Darly llegó a su apartamento encontró a Mía sentada en la sala viendo televisión.
—Llegaste.
—Sí.
—¿Y esa sonrisa?
—¿Cuál sonrisa?
—Esa sonrisa.
Darly dejó el bolso sobre el sofá.
—No tengo ninguna sonrisa.
—Ajá.
Mía tomó el celular de sus manos.
—¿Quién te escribió?
—¡Devuélvemelo!
—¡Santiago!
Darly se cubrió el rostro inmediatamente.
—No grites.
—¡Te escribió!
—Sí.
—¿Y qué quería?
—Hablar.
—¿Solo hablar?
—Mía...
—No te creo.
Las dos comenzaron a reír.
Después Darly terminó contándole toda la conversación.
Mía escuchó cada detalle con atención.
Cuando terminó, la observó fijamente.
—Te gusta.
—No.
—Sí te gusta.
—No.
—Darly.
Ella suspiró.
—Tal vez un poquito.
—Lo sabía.
Darly se dejó caer en el sofá.
Porque en el fondo sabía que Mía tenía razón.
Lo que no sabía era si aquello era una buena idea.
Porque mientras ella empezaba a ilusionarse, había algo que seguía dando vueltas en su cabeza.
Santiago tenía una prometida.
Y tarde o temprano tendría que recordar esa realidad.
Aunque su corazón se negara a hacerlo.