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PRÉSTAME TÚ NOMBRE

PRÉSTAME TÚ NOMBRE

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lily Benitez

Elena sin memoria acepta fingir ser la novia de Nahuel que tiene un matrimonio arreglado y no quiere casarse con esa a la que eligió su familia, quien le promete averiguar sobre su identidad.

NovelToon tiene autorización de Lily Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7- La Prensa

Me desperté con el sol en la cara y el cuerpo de Nahuel a milímetros del mío.

No me estaba tocando. Pero durante la noche, el abismo entre nosotros en la cama había desaparecido. Estaba de costado, mirándome. No dormía. Tenía ojeras y el pelo revuelto, y esa expresión de animal enjaulado que ya empezaba a reconocer.

Nos quedamos así, mirándonos. Sin la oscuridad para excusarnos. Su remera se me había subido en la noche y dejaba a la vista un pedazo de vientre. Sus ojos bajaron ahí un segundo. Solo uno. Pero fue suficiente para que el aire de la habitación se cargara de estática.

El golpe en la puerta nos mató el momento.

—Señor Nahuel.

La voz de Héctor, urgente.

— El señor Ibarra lo requiere en su despacho. Ahora. Y la señorita Elena también. La prensa llegó.

Nahuel maldijo por lo bajo y se sentó de golpe, pasándose las manos por la cara. La armadura volvió a su lugar, pieza por pieza.

—Se acabó la tregua.

Dijo, y no supe si hablaba de la noche o de la guerra que empezaba.

—Bañate. Vestite. Héctor te va a traer ropa.

—¿Ropa para qué?

Me incorporé, agarrando la sábana contra el pecho. De repente, ser consciente de que estaba con su remera y nada más me dio una vergüenza que no sentí anoche.

—Para la foto

Se levantó y fue hasta el ventanal. La luz le dio de lleno en la espalda desnuda.

—"Joven es rescatada por valiente novio". ¿Te acordás? Mi abuelo no pierde el tiempo. Si Ramiro Varela habla, nosotros hablamos primero. Y mejor. Ahora me voy primero.

Dijo saliendo del cuarto.

No tuve tiempo de asimilar todo, Héctor tocó de nuevo. No traía ropa. Traía un ejército.

Dos mujeres y un hombre entraron con maletas metálicas, aros de luz y percheros con fundas.

—Señorita Elena.

Dijo una de las mujeres, con una sonrisa de plástico.

—Soy Mónica, de Imagen y Protocolo de Ibarra Corp. Vamos a prepararla para la conferencia. El señor Octavio quiere proyectar... Cercanía. Calidez. Vulnerabilidad, pero superada.

Vulnerabilidad superada. Querían empaquetar mi trauma en un moño y venderlo.

Nahuel apareció en la puerta, ya duchado, con un traje gris que parecía pintado sobre él. Me miró de arriba abajo, con su remera y el pelo mojado. Algo le cruzó la cara. Algo posesivo.

—Cinco minutos.

Le ladró a Mónica.

—Después la llevan abajo.

—Señor, el protocolo de...

—Cinco —repitió, y cerró la puerta, dejándonos solos otra vez.

Caminó hasta mí. No me tocó. Pero invadió mi espacio hasta que tuve que dar un paso atrás y mi espalda chocó contra la pared.

—Escuchame —su voz era baja, urgente—. Lo que digan, lo que te hagan, lo que te pregunten... No es real. Vos y yo sabemos la verdad. Esto es teatro. Sonreís, me agarrás la mano, y decís que te sentís segura por primera vez. ¿Entendés?

—Sí.

Susurré.

—No.

Me corrigió. Levantó una mano y me puso un dedo bajo el mentón, obligándome a mirarlo.

—Decilo. Decí que entendés.

—Entiendo.

El dedo me quemaba.

—Bien.

Bajó la mano, pero no se alejó.

—Y Elena...

Dudó.

—Si te preguntan por él, por Ramiro... No le das nombre. Decís "un hombre malo". Impersonal. Lo borrás. No le das poder.

Un hombre malo. Como en los cuentos. Fácil.

—Y una cosa más.

Su mirada bajó a mi boca medio segundo y volvió a subir, culpable.

—Después de esto, no me debés nada. Ni una sonrisa, ni una mentira, ni un gracias. El trato sigue, pero... Vos no me debés tu piel.

Parecia que me lo decia a mi, pero mas parecia que se lo recordaba a él.

Se fue antes de que pudiera contestar. Me dejó temblando contra la pared, sin entender si me acababa de proteger o de marcar un límite.

Mónica y su equipo me devoraron. Me depilaron las cejas, me taparon la cicatriz de la sien con maquillaje que parecía cemento, me plancharon el pelo hasta que cayó como una cortina brillante. El vestido que me pusieron era blanco roto, de encaje, con mangas largas y cuello alto. Pura. Inocente. Vulnerable, pero superada. Me dieron una cadenita de oro finita con un dije de una libélula. Renacimiento, me explicó Mónica.

Cuando me miré al espejo, no me reconocí. No era la náufraga de la remera de Nahuel. No era la salvaje de la cabaña. Era una muñeca de porcelana. La prometida perfecta de Octavio Ibarra.

Bajé las escaleras y el hall era un caos controlado. Periodistas con cámaras, micrófonos, luces. Y al frente, Octavio Ibarra dando una conferencia como si fuera el dueño del país. Que lo era, casi.

—... y es por eso que mi nieto, Nahuel, en un acto de heroísmo, no dudó en socorrer a esta joven víctima de un depredador —su voz era miel envenenada—. Hoy, la familia Ibarra le abre las puertas de su hogar.

Me vio al pie de la escalera. Sonrió. Fue la primera vez que lo vi sonreír de verdad. Y fue aterrador.

—Y aquí está —extendió una mano—. La señorita Elena. La mujer que le devolvió la esperanza a mi nieto.

Todas las cámaras se giraron. Los flashes me cegaron. Di un paso en falso.

Y entonces, Nahuel estuvo ahí. Salió de entre la gente y me agarró la mano. No me preguntó. No fue suave. Entrelazó sus dedos con los míos y tiró de mí hasta ponerme a su lado. Su palma estaba seca, firme. Un ancla.

—Basta de fotos —le dijo a la prensa, con una voz que no admitía réplica—. Mi novia está cansada. Van a hacer tres preguntas. Y se van.

Octavio alzó una ceja, pero no lo contradijo. Esto era lo que quería. Un nieto dominante. Un perro de presa.

—Señor Ibarra —gritó una periodista, acercando un micrófono—. ¿Es cierto que ya están comprometidos?

Nahuel me miró. Solo a mí. En medio de ese circo, el mundo se redujo a sus ojos negros.

—Sí —dijo, sin dudar—. Elena es mi prometida.

Los flashes estallaron de nuevo. Prometida. La palabra me quedó grande.

—Señorita Elena —otro micrófono—. ¿Cómo se siente, después de haber estado secuestrada?

Recordé la instrucción de Nahuel. Un hombre malo. Impersonal. Borrale el nombre.

Miré a la cámara. Pensé en Ramiro. En la pastilla en mi lengua. En el "querida" en la oscuridad.

—Me siento... —la voz me tembló, y lo dejé. Que se viera real—. Me siento segura. Por primera vez en mucho tiempo, me siento segura. —Apreté la mano de Nahuel—. Porque él me encontró.

No era mentira. No del todo.

Nahuel me apretó la mano de vuelta. Un segundo. Un gesto que no era para las cámaras.

La tercera pregunta la hizo un tipo al fondo, con cara de hiena.

—¿Y qué le dice a la familia del hombre que la tenía retenida? Afirman que usted sufre delirios y que él es su esposo legal.

El aire se fue del salón. Octavio se tensó. Hasta Héctor, en la puerta, dejó de respirar.

Sentí la sangre irse de mi cara. Esposo legal. ¿Y si Ramiro tenía un papel? ¿Un papel falso? ¿Un papel real?

Nahuel dio un paso adelante, tapándome otra vez con su cuerpo. Iba a decir algo, a romperle la cara al tipo.

Le puse la mano libre en el brazo. No. Esta era mía.

Di un paso al frente, arrastrando a Nahuel conmigo porque no me soltaba la mano.

Miré a la cámara. A todas. Y pensé en la cabaña. En el manzano sin frutos. En el "no salgas que te da ansiedad".

—Le digo —mi voz salió clara, helada, sin temblar— que mi esposo no es un hombre que me encierra. Mi esposo no es un hombre que me droga para que no hable. Mi esposo —levanté nuestra manos entrelazadas, la de Nahuel y la mía— es el hombre que me sacó del infierno. Y no necesito un papel para saberlo.

Silencio. Un segundo. Dos.

Y luego, el caos. Preguntas gritadas, flashes, Octavio aplaudiendo lento, con una sonrisa de tiburón.

Nahuel no me soltó. Me tiró hacia él y me sacó de ahí, atravesando la multitud como si fueran humo. No paró hasta que estuvimos en su cuarto, con la puerta cerrada y la llave pasada por dentro.

Me soltó de golpe, como si mi mano quemara. Se pasó las dos manos por el pelo, agitado.

—¿Qué mierda fue eso?

Me gritó, pero no había rabia. Había pánico.

—¡Te dije tres frases! ¡"Me siento segura"! ¡Eso era todo!

—¡No iba a dejar que dijera que soy su esposa!

Le grité de vuelta, y toda la tensión del día me explotó en el pecho.

— ¡No lo soy! ¡Nunca lo fui! ¡No lo siento aquí!

Señale mi pecho.

—¡Lo sé!.

Rugió.

— ¡Pero acabás de decirle al país entero que yo soy tu esposo!

Nos quedamos mirándonos, jadeando. La palabra flotando entre nosotros.

"Esposo"

No en los papeles. No en la farsa. En la rabia, en el miedo, en la verdad que se nos escapó.

Nahuel fue el primero en moverse. Acortó la distancia en dos zancadas. Me agarró la cara con las dos manos, igual que anoche. Pero no había desesperación. Había furia. Y algo más.

—¿Sabés lo que acabás de hacer?

Susurró, su frente pegada a la mía, su aliento en mi boca.

—Acabás de quemar el contrato, Elena. Acabás de decirle a mi abuelo, a Silvina, a ese hijo de puta en la cárcel, que sos mía. De verdad.

—No me arrepiento.

Le susurré de vuelta, y era verdad.

Su boca se estrelló contra la mía.

No fue un beso. Fue una declaración de guerra. Fue rabia, fue alivio, fue posesión. Sus manos en mi pelo, en mi cintura, apretándome contra él como si quisiera meterme adentro suyo. Le devolví el beso con la misma violencia, con meses de encierro y miedo saliendo por la boca. Le mordí el labio. Él gruñó y me levantó en vilo, mis piernas rodeándole la cintura por instinto.

Un fuego nacio desde el centro de mi estómago y se me extendio por todo el cuerpo y el unico que podia extinguirlo era él, Nahuel, que con su manera brusca no me asusto.

Nahuel paso de mis labios a mi cuello, ida y vuelta y sus manos escanearon con total profesionalismo mi figura. Chocamos contra la pared. El cuadro que había ahí se cayó al suelo con un estruendo.

Se separó, jadeando, con los ojos desorbitados. Me miró la boca hinchada, el pelo revuelto, el encaje del vestido blanco roto en el hombro por su agarre.

—No.

Dijo, y la palabra sonó como si se la arrancara de la garganta.

— No así. No cuando estás rota. No cuando podés confundirme con él.

Me bajó, despacio. Sus manos temblaban.

—Nahuel...

Empecé.

—Dormí en el cuarto de huéspedes.

Se apartó de mí como si quemara.

—Hoy no confío en mí. Y vos tampoco deberías.

Agarró una campera y salió, cerrando la puerta con un golpe que hizo temblar las paredes.

Me quedé sola, contra la pared, con el gusto a él en la boca y el vestido de prometida perfecta hecho jirones.

El contrato se había quemado. Y en las cenizas, lo único real era el fuego que acabábamos de encender.

1
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena se acuerde de quien las choco y iba manejando era octavio y no Nahuel. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Maya
Tantp que mencionan la edad
Maya
Ese chico es un cobarde y pendejo
Cynthia Estefanía Galarza
espero que en la casa a Elena le den algo de lo que es alergica y sepa que es su hija, y que Nahuel y Elena se casen en secreto. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Claudia Patricia Cruz Saa
No entiendo sí no es su hija entonces quien es
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!!! OHHHHH ,QUE BUENA HISTORIA ...GRACIAS ESCRITORA ...🌹
Maria Carmen Rodriguez Mensia
.!!De impacto!! buena buenísima!!...
Maria Carmen Rodriguez Mensia
!! Me encanta ,buenísima ,no la dejaré de leer hasta terminarla ...🌹👏👏
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena recuerde quien es. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Cynthia Estefanía Galarza
que le pida ayuda al doctor Daniel y a Nahuel que le diga que ellos no son su familia y la ayude a escapar. 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
Fran Sánchez
Cómo ese tipo ,dio con ellos tan pronto 😅
Maya
Tenían que poner imágenes de su nuevo look
Cynthia Estefanía Galarza
que Elena le pida a Nahuel que la acompañe. porfa 🙏🥺🙏🥺🙏🥺🙏🥺
mariela
El viejo como que es un hueso duro de roer y cree que todo se tiene que hacer a su voluntad pero esta vez como que se va a equivocar porque Nahuel y "Elena" no se lo permitirán quiero leer ese enfrentamiento.
mariela
Son bellos los protagonistas quien es realmente ella para secuestrarla tenerla encerrada, drogada y borracha del sistema de desaparecidos porque quien ese hombre que lo hizo y quien le pago 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
mariela
Que paso realmente con Elena quien era el degenerado que la tenia encerrada 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Como la secuestro y desde cuando lo hizo 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Veremos que pasa si la ayuda Nahuel ella se decidirá aceptar la propuesta
🤔🤔🤔❓❓❓❓
Elizabeth Sánchez Herrera
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