Valeria escapa estando embarazada, en plena noche.
con el siguiente pensamiento
“Si el me encuentra, jamás volveré a ser libre.”
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#22
...El mensaje que lo cambió todo...
...****************...
Valeria permaneció inmóvil sobre la cama.
El celular seguía entre sus manos mientras el corazón le golpeaba violentamente dentro del pecho.
“No tienes idea del hombre con el que te involucraste.”
El mensaje parecía quemarle la pantalla.
El aire dentro del apartamento se volvió pesado de repente.
Silencioso.
Amenazante.
Valeria volvió a mirar el número desconocido.
No tenía foto.
No tenía nombre.
Nada.
Un escalofrío recorrió lentamente su espalda.
Porque aquella voz en la llamada había sonado completamente seria.
No como una broma.
No como una advertencia vacía.
Sonaba como miedo.
Y eso fue lo peor.
Sus dedos dudaron apenas un instante antes de abrir nuevamente la conversación con Adrián.
Necesitaba decirle.
Pero algo dentro de ella se tensó inmediatamente.
Recordó la expresión de Adrián dentro del automóvil.
La oscuridad en sus ojos.
La manera en que dijo:
“No confíes en nadie relacionado conmigo.”
Como si ya supiera que algo así podía pasar.
El pecho de Valeria se apretó lentamente.
Y entonces entendió algo aterrador:
Aquella advertencia probablemente no era la primera.
Sus dedos temblaron apenas mientras escribía:
“Me llamaron.”
La respuesta de Adrián llegó literalmente segundos después.
“¿Quién?”
El corazón de Valeria volvió a acelerarse.
Porque él seguía despierto.
Esperando.
Como si tampoco hubiera podido dormir.
Ella escribió rápidamente:
“No sé. Dijeron que me alejara de ti.”
Silencio.
Uno demasiado largo esta vez.
Valeria observó la pantalla sintiendo el pulso descontrolado.
Un minuto.
Dos minutos.
Nada.
Y aquello comenzó a asustarla muchísimo más.
Porque Adrián jamás tardaba en responderle.
Nunca.
Finalmente el celular vibró.
Pero no era un mensaje.
Era una llamada.
Adrián.
Valeria contestó inmediatamente.
—¿Adrián?
La respiración grave del otro lado llenó el silencio apenas un segundo antes de que él hablara.
—¿Qué más dijeron?
La voz sonó completamente distinta.
Fría.
Controlada.
Peligrosamente calmada.
Valeria tragó saliva.
—Solo dijeron que no sé en qué me estoy metiendo contigo.
Silencio otra vez.
Y esta vez ella pudo escuchar algo más.
El ruido de un motor.
Como si Adrián estuviera conduciendo.
Rápido.
Muy rápido.
El corazón de Valeria dio un vuelco.
—¿Dónde estás?
—Yendo hacia ti.
El aire desapareció completamente de sus pulmones.
—¿Qué?
—No quiero que estés sola ahora mismo.
La intensidad en su voz hizo que el pecho de Valeria se tensara.
Porque aquello no sonó exagerado.
Sonó desesperadamente real.
Ella se levantó inmediatamente de la cama.
—Adrián, son las dos de la mañana.
—Lo sé.
La lluvia seguía golpeando las ventanas mientras Valeria caminaba nerviosamente por el apartamento.
—Tal vez solo era alguien intentando asustarme.
—Funcionó.
La respuesta llegó inmediata.
Directa.
Y el corazón de Valeria dolió apenas.
Porque debajo de toda aquella frialdad… Adrián sonaba preocupado.
Muchísimo.
Ella apoyó una mano sobre su frente intentando pensar con claridad.
—No tienes que venir.
Silencio.
Después Adrián habló con una voz tan baja que le provocó otro escalofrío.
—Sí tengo que hacerlo.
Aquella frase golpeó algo dentro de ella.
Porque nadie jamás había sonado tan decidido a protegerla.
Y eso era tan intenso como aterrador.
La llamada permaneció en silencio algunos segundos más hasta que Adrián volvió a hablar.
—No abras la puerta a nadie hasta que llegue.
El corazón de Valeria volvió a acelerarse.
—Estás exagerando.
—No.
La respuesta fue inmediata.
Y completamente seria.
Eso terminó de ponerle la piel helada.
Valeria caminó lentamente hacia la ventana del apartamento.
La calle estaba prácticamente vacía debido a la lluvia.
Oscura.
Silenciosa.
Y por primera vez desde que conocía a Adrián…
sintió verdadero miedo.
No de él.
Del mundo alrededor de él.
El celular volvió a llenarse con la respiración grave de Adrián antes de que hablara otra vez.
—¿Estás bien?
Aquella simple pregunta casi le dolió.
Porque pese a toda la oscuridad que parecía rodearlo…
él seguía pensando primero en ella.
Valeria cerró lentamente los ojos.
—Sí.
Mentira.
No estaba bien.
Nada estaba bien ya.
Y ambos lo sabían.
Entonces algo llamó su atención desde la ventana.
Un automóvil negro estacionado frente al edificio.
El corazón de Valeria se detuvo.
Porque no estaba ahí antes.
Sus dedos se tensaron alrededor del teléfono.
—Adrián…
La voz le salió apenas.
Inmediatamente él reaccionó.
—¿Qué ocurre?
Valeria observó el automóvil inmóvil bajo la lluvia.
Las luces apagadas.
Pero claramente ocupado.
El miedo comenzó a subir lentamente por todo su cuerpo.
—Hay un auto afuera.
Silencio absoluto del otro lado.
Y cuando Adrián volvió a hablar…
su voz ya no sonó humana.
Sonó peligrosa.
—Aléjate de las ventanas.